Xabier Larrañaga (Euskal Herria)

Esta nueva beatificación me hace pensar y, sobre todo, agradecer. Son nuestros hermanos. A la reflexión y al agradecimiento se suma ese sano orgullo de saberse unido a personas “así”, héroes de la fe en el Dios de Jesucristo, hijos del Corazón de María. Es algo que toca mi familia. Me siento contento por ser miembro de esta familia. Los mártires, además, nos abren a la esperanza. Nos dicen que siempre hay algo más importante de eso que consideramos imprescindible. Y no lo dicen porque estén cansados de vivir, o porque incluso la nada sea mejor que la vida tocada por el sufrimiento y la desesperación. No, no es el caso. En medio de la vida, y con ganas de vivir y de darse a los demás, estos hermanos nos hacen ver lo que les hace vivir. Nos abren a la esperanza. Pero no son “superhombres”. Me encanta el prefacio de Mártires, donde rezamos: en su martirio, Señor, has sacado fuerza de lo débil. La fuerza viene de lo débil, no de la autosuficiencia que se deja ver en tantos proyectos de Iglesia. Ni siquiera es mi fe, su robustez, la que lleva adelante la causa del Reino, sino el hecho de que Dios quiera contar con ella para “sacar fuerza de lo débil”. Esta beatificación es una nueva oportunidad que nos ofrece la Congregación para que centremos la mirada en lo que cuenta de verdad. Y cuando nos pongamos a reflexionar consideremos no solo, ni principalmente, lo que sabemos hacer (nuestras “cualidades” y “carismas”) sino nuestra debilidad y nuestros miedos hechos materia de oración. Los Mártires no eran más fuertes que nosotros. Se sabían débilesy así se lo decían a Dios. Y eso es sabiduría y elocuencia. Del resto… se encarga Dios, y el fruto sabe a Dios.