Ricard Costa-Jussà (Catalunya)

Esta numerosa beatificación, aprobada por el Papa, y que corresponde a la de los Mártires Claretianos Mateu Casals, Teófilo Casajús, y Ferran Saperas, y 106 compañeros (sacerdotes, hermanos y estudiantes claretianos) para mí significa primeramente un vínculo congregacional y una interpelación para mi vida.

Los 109 mártires claretianos que serán beatificados nos han dejado muestra de su fidelidad y firmeza en la fe cristiana. Testimonio de fe, de amor y fidelidad a su vocación, de perdón hacia sus verdugos, de amor a la Congregación y a la Iglesia; testimonio de esperanza y vida en Cristo, muerto y resucitado.

La beatificación es la conclusión de un largo proceso iniciado hace cerca de 70 años, en el que se ha recogido el testigo de muchas personas que dan fe de la veracidad de esta fidelidad y entrega de las vidas de cada uno de ellos, segadas por ser religiosos. Y del perdón manifiesto hacia los que los mataron.

El sentido que tienen hoy estas beatificaciones, no debe buscarse en modo alguno en el reavivar las circunstancias políticas tan convulsas del momento de los hechos, ni en ninguna intención de polémica, sino en el testimonio de fe y de perdón de este grupo tan numeroso de hermanos nuestros. Testimonios que nos han de estimular en el coraje de nuestro seguimiento de Cristo y ser instrumentos de perdón y de reconciliación en todo el mundo. Hay que poner todos los medios para que nunca más los conflictos y las diferencias se resuelvan violentamente, sino con el diálogo y el respeto.

Son 109 vidas e historias humanas entrelazadas con elementos comunes: firmeza en la fe y en la vocación, comunidad y pertenencia congregacional, honda experiencia de piedad fundamentada en la vivencia del amor de Dios y filiación mariana. Coinciden en no querer poner en riesgo la vida de los que los ayudaban y perdonar a quienes los mataron. Así como en un amor y disponibilidad a la Congregación ya la Iglesia, en el sentir comunitario, que los llevó a velar los unos por los otros en las diversas experiencias que tuvieron que afrontar, individuales o grupales, hasta el momento de la muerte, signo de fidelidad y amor hasta el final.

Como Provincial de los Claretianos de Cataluña me llena de satisfacción que este evento se realice en Cataluña, en la Sagrada Familia, y no puedo sino agradecer al Cardenal-arzobispo de Barcelona -en nombre de los Misioneros Claretianos- la acogida de la celebración en la Archidiócesis de Barcelona. Y, también, toda la buena coordinación y facilidades por parte del Patronato y personal de la Sagrada Familia encabezados por su Presidente Delegado.