RETIRO 4: “SI MORIMOS CON ÉL, VIVIREMOS CON ÉL” (2Tim 2,11)

El martirio en perspectiva africana

Por Félix Obaga EWORO BILOGO, CMF

 

Empezamos nuestro retiro en memoria de nuestros mártires, con un cuadro de los mártires que preside nuestra celebración. Invocamos al Señor para que derrame su Espíritu sobre nosotros para anunciar la Buena Nueva a los más pobres, como lo hizo Isaías y nuestro Padre Fundador (Is 61 y Lc, 4,18). Cantamos:

Bendigamos al Señor, Dios de toda la creación,
por habernos revelado su amor.
Su bondad y su perdón y su gran fidelidad,
por los siglos de los siglos durarán.

EL ESPÍRITU DE DIOS HOY ESTÁ SOBRE MÍ,
Y ÉL ES QUIEN ME HA UNGIDO PARA PROCLAMAR,
LA BUENA NUEVA A LOS MÁS POBRES,
LA GRACIA DE SU SALVACIÓN (2).

Enviados con poder y en el nombre de Jesús,
a sanar a los enfermos del dolor;
a los ciegos dar visión, a los pobres la verdad
y a los presos y oprimidos libertad.

Con la fuerza de su amor, y de la resurrección
anunciamos: ¡llega ya la salvación!
Que ni el miedo ni el dolor, ni la duda o la opresión,
borrarán la paz de nuestro corazón.


Estas palabras del canto expresan en síntesis, la idea de Martirio en África que hoy meditamos.

 

INTRODUCCIÓN

Proponemos una meditación sobre la dimensión martirial de nuestra vocación-misión, como Misioneros Claretianos hoy en la Iglesia. La propuesta surge con ocasión de la beatificación de 109 mártires, hermanos nuestros. Dicha celebración tendrá lugar el próximo 21 de octubre 2017, en el templo de la Sagrada Familia de Barcelona. También en octubre de este año, celebraremos las bodas de plata de la beatificación de nuestros hermanos Mártires de Barbastro (1992). Motivo de acción de gracias a Dios y ocasión para meditar sobre esta llamada a dar testimonio de Jesús en nuestra evangelización hoy.

Tendremos un acento especial sobre lo que puede suponer el martirio hoy para los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María que trabajan en África. Las palabras de San Pablo a Timoteo iluminarán nuestra meditación: “Es doctrina segura: pues si morimos con Él, también viviremos con Él.” (2Tim 2,11). Algún adagio bantú-fang, sostendrá también nuestra reflexión: “Ámin okeng ya nkeé óse” (literalmente significa tragar el cuchillo con todo su mango). Exhorta a asumir una realidad con todas sus consecuencias. Este pensamiento nos invita a tomar en serio lo que puede significar hoy para nosotros “la configuración con Cristo” (cf. CC 39-45).

 

LA PALABRA MÁRTIR

Utilizaremos el término mártir aquí con el significado de testigo: mártir es aquel que da su propia vida por la verdad del evangelio. Uno de los Padres de la Iglesia, Orígenes, lo define con claridad en los siguientes términos: “Todo el que da testimonio de la verdad, bien sea con palabras o bien con hechos o trabajando de alguna manera en favor de ella, puede llamarse con todo derecho: testigo”.

Esta dimensión nos permite comprender mejor el significado de los mártires claretianos. Ellos dieron su vida mediante un testimonio del Evangelio. La Iglesia reconoce que “sólo a través de este camino se puede hacer plenamente creíble el anuncio del evangelio.”

 

NUESTRO CONTEXTO: ÁFRICA

Es difícil hablar de África en su conjunto, porque las situaciones y problemas son complejos y diferentes de un país a otro. No se puede generalizar sin más. No obstante, hay problemas que pueden ser comunes a todos. Intentaremos señalar algunos.

La experiencia del martirio es bien conocida en África. Traemos a la memoria un hecho muy significativo en la historia de la Iglesia. El martirologio hace alarde del testimonio de los primeros mártires africanos, entre ellos Perpetua y Felicidad. Fue en la época de esplendor del cristianismo en África. La invasión bárbara y el Islam, frenaron dicho apogeo. También cabe evocar el caso de los 22 mártires de Uganda.

Para nosotros es muy significativo este hecho. El martirio era una forma de identificarse con Cristo. Hablar hoy de mártires supone siempre remitirse a la experiencia martirial de la Iglesia. En la década de los años sesenta, con ocasión de la canonización de los mártires de Uganda, el Papa Pablo VI recordaba las “maravillosas historias de la antigua África” que formaban parte todas ellas de aquella “lista de valerosos hombres y mujeres que dieron sus vidas por la fe”. De hecho, estas historias africanas no se deben olvidar.

Pero aquí queremos abordar el tema desde el martirio de cada día de muchos africanos. El profesor Graham Roseen habla del “Martirio: un testimonio creíble para la Iglesia en África”. Él va en la línea del martirio hoy en África. Plantea la siguiente cuestión: “¿Qué tipo de martirio será creíble hoy?” Sostiene que la credibilidad del mártir en África, en todo tiempo y lugar, se ha basado en que practica lo que predica, incluso hasta la muerte: “los africanos lo relacionan con un testimonio práctico que vaya más allá de las palabras y las filosofías.”

Los Misioneros Claretianos, estamos llamados a escrutar los nuevos signos de los tiempos que corren en África. Las realidades que constituyen el martirio en el continente africano hoy son cuestiones que hacen sufrir a sus habitantes y que necesitan una buena evangelización: los mártires de las dictaduras, los conflictos, las guerras, la pobreza creciente, la escasa urbanización, la deuda externa, el tráfico de armas, el problema de los refugiados y los prófugos, los problemas demográficos y las amenazas que pesan sobre la familia, falta de dignidad de las mujeres, la propagación del SIDA y otras enfermedades, la supervivencia en algunos lugares de la práctica de la esclavitud o tráfico de niños, el etnocentrismo y la oposición tribal, la explotación injusta de los recursos naturales y su escasa repercusión en la sociedad, la corrupción; en una palabra, el subdesarrollo en su máxima expresión.

El Evangelio sería como el zócalo o plataforma a partir de la cual se debe emprender una lucha que ciertamente llevará hasta la muerte. La evangelización supone anuncio de la Buena Nueva de Jesucristo y promoción humana (cf. Evangelii Nuntiandi n. 31). Estas realidades nos invitan también a dar testimonio de nuestra fe en Cristo. El número 30 de la misma exhortación postsinodal, recoge el informe de muchos de los obispos del llamado Tercer Mundo. Se trata de pueblos empeñados con todas sus energías en el esfuerzo y en la lucha por superar todo aquello que los condena a quedar al margen de la vida: hambres, enfermedades crónicas, analfabetismo, depauperación, injusticia en las relaciones internacionales y, especialmente, en los intercambios comerciales, situaciones de neocolonialismo económico y cultural, a veces tan cruel como el político, etc. La Iglesia tiene el deber de anunciar la liberación de millones de seres humanos, entre los cuales hay muchos hijos suyos; el deber de ayudar a que nazca esta liberación, de dar testimonio de la misma, de hacer que sea total. Todo esto no es extraño a la evangelización (EN, n. 30).

Por tanto, tenemos diseñado el terreno en el que debemos trabajar para responder a la llamada que nos hace nuestro XXV Capítulo General, cuando habla de los procesos de transformación.

 

EN SINTONÍA CON NUESTROS MÁRTIRES

Como lo hemos subrayado anteriormente, el año 2017 y el mes de octubre (mes misionero y claretiano), es una fecha importante para nuestra Congregación. Se va a beatificar a 109 hermanos nuestros que dieron su vida por la causa de Cristo. Precisamente en la celebración de los 25 años de la beatificación de nuestros hermanos los Mártires de Barbastro.

Sin embargo, si es verdad que tuvieron una gracia especial que les llevó a dar la vida libremente, como testimonio de su fe en Cristo y fieles a la Congregación, hoy nuestra tarea en África consiste en evangelizar desde la perspectiva profética. La gran tradición de la Iglesia está llena de mártires que no quisieron rendir adoración a ningún tipo de absolutizaciones, especialmente las del poder, la riqueza o el placer. Y que frente a las mismas presentaron, de diversos modos, esperanza, visiones de igualdad fraterna, crítica de la cerrazón ante el hermano, organización comunitaria y solidaria. Nuestros mártires forman parte de este gran grupo. Los rasgos característicos de los mártires del pasado pueden ser: Identificación con Jesucristo, creación de Iglesia, valores cristianos encarnados en la realidad histórica, anuncio del Reino, denuncia del antirreino, dimensión política del compromiso cristiano, opción pacífica por la transformación de este mundo, libertad y resistencia como actitudes frente a la realidad, dimensión apostólica de la vida y de la muerte.

Nuestro último Capítulo General recoge de alguna manera esta preocupación: “Con la sensibilidad espiritual y carismática que se nos ha concedido y en fidelidad a los rasgos que hemos resaltado, ¿cómo no abrir nuestra puerta a quien nos llama a través del grito de la madre tierra, del clamor de los pobres, de la justicia, de las víctimas de la violencia, del olvido de Dios?” (MS 64).

Como procesos de evangelización que debemos emprender en África hoy, hemos de procurar que nuestras comunidades sean lugares donde se vive la fraternidad que nos haga salir para anunciar a Jesucristo a nuestros hermanos que sufren y denunciar, sobre todo con nuestro estilo de vida, los males de los opresores.  Pero nosotros mismos también sufrimos muchas realidades que nos piden un auténtico testimonio en nuestro anuncio. Nuestros mártires nos invitan a vivir las pruebas y sufrimientos de nuestra vida con espíritu claretiano. El materialismo, el placer, el dinero, el alcohol, la poca vida espiritual, el aburguesamiento, la falta de fidelidad al carisma nuestro, la poca disponibilidad misionera, el poco espíritu de sacrificio, entrega, trabajo; la poca fidelidad a los consejos evangélicos… Todas estas situaciones no nos dejan ser testigos para dar la vida por Cristo y por los demás.

El proverbio africano bantú-fang, que hemos recogido para sostener nuestra meditación (Ámin okeng ya nkee óse), nos invita a asumir nuestra realidad de misioneros con todas sus consecuencias. Si hemos de sufrir por una causa justa, recordemos la sangre de nuestros hermanos mártires. La Palabra de Dios nos estimula a dar un testimonio creíble por Cristo, ya que, “es doctrina segura: si morimos con Cristo, resucitaremos con Él.”

El Claretiano en África hoy, ha de ser un hombre que, consciente de sus debilidades y de las circunstancias de las contingencias históricas, trata de vivir su compromiso como consagrado en comunidad, compartiendo con sus hermanos las alegrías y las penas. Sobre todo, que tenga mucho amor a las personas desfavorecidas y celo en su apostolado, con creatividad y responsabilidad.  Que sea más comunicativo, esto es, hacer saber a los demás hermanos de comunidad sus alegrías y dificultades, éxitos y fracasos, desánimos y esperanzas.

Igualmente, ha de estar abierto a los nuevos planteamientos pastorales de la Iglesia. Debe saber manejar las Nuevas Técnicas de Información y Comunicación (NTIC), para una mejor evangelización.

En definitiva, debe ser un hombre dedicado a su trabajo con conciencia misionera, procurando así estar muy cercano al pueblo con sencillez y con mucha honradez. Amante de la Iglesia y de la Congregación. Lleno de valores humanos y cristianos. Un hombre de fe, comprometido con la misión y la realidad de su entorno. Un hombre coherente y solidario con los pobres.

Se recomienda la práctica y el ejercicio de la misión profética, la creación de estructuras que favorezcan el desarrollo integral de las personas (con la creación de las comisiones de justicia y paz). Estas estructuras podrían disponer a los fieles a ser ellos mismos artífices de promoción humana y disponerse a combatir las actitudes y las voluntades rebeldes que destruyen la dignidad de las personas humanas, a través del mal gobierno, la corrupción, las injusticias sociales y las divisiones de todo tipo. Pero todo eso lleva consigo persecuciones de todo tipo, que podrían llevar a derramar la sangre, si tal fuera el caso. Sin necesidad de buscarlo, basta vivir coherentemente nuestros compromisos de vida misionera, y el resultado será entrar en una lucha contra aquellos que no están dispuestos a dejar su forma de ser y de hacer las cosas.

 

CONCLUSIÓN

Damos gracias a Dios que ha hecho que formemos parte de esta familia religiosa, cuyos hijos no han dudado en entregar sus vidas, como máxima expresión de su configuración con Cristo. El testimonio de nuestros mártires nos invita a tomar más en serio nuestra consagración y a entregarnos sin reservas en la evangelización. Nuestra actitud como consagrados debe partir de una profunda confianza en Dios, que libera de los miedos y da fuerza y coraje para decir la verdad ante cualquier amenaza a la vida donde sea, y para combatir contra los propios autores del temor. Esta confianza, fruto de la configuración con Cristo, lleva simultáneamente a la libertad evangélica y a la resistencia frente a la agresión y la dureza del mal que amenaza a los africanos, arraigados en la certeza de que “si morimos con Él, viviremos con Él.”

Que María nuestra Madre, fuego y corazón, impulse nuestra andadura, sacuda nuestro miedo e inercias y nos lance a proclamar el Evangelio en nuevos escenarios y periferias, para que el Cristo total nazca y crezca a través de la tensa historia humana, para que seamos testigos de compasión y misericordia de los miles de mártires africanos (Cf. MS 66).

 

SUGERENCIAS PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

Si no has tenido tiempo de leer la vida de nuestros 109 mártires que serán beatificados, te invito a leerla, por lo menos la de algunos de ellos. ¿Crees que vale la pena dar la vida de esa forma?

¿Cómo vives la configuración con Cristo en medio de las realidades críticas que te rodean?

¿Qué puede significar para ti hoy el martirio en África?

Compromiso: resume brevemente la forma concreta que te propones a vivir tu vocación misionera claretiana, en sintonía con la experiencia del testimonio de nuestros mártires.

 

NOTA BENE

Como oración, se debe rezar en laudes, Hora intermedia o Vísperas (según el momento del día que se haga), el Común de varios Mártires, que se propone en el Oficio de la liturgia de las Horas.