MANUEL A. TAMARGO (Gobierno General)

Son 109 vidas, 109 historias diferentes, pero todas heroicas. No puede ser una casualidad, sino el fruto de la fe, de la vocación, de la formación en una Congregación con un Fundador que abrazaba el sufrimiento y estaba dispuesto al martirio. Han pasado más de 80 años pero la fuerza del testimonio de estos misioneros sigue tan actual, tan presente, tan interpelante como el primer día.

Nosotros, herederos del mismo carisma y afortunados conocedores de estos 109 héroes, nos sentimos orgullosos de nuestros hermanos, de la Congregación. Y damos gracias a Dios por sus vidas y por su entrega hasta el fin.

El dia 21 de octubre tendremos la oportunidad de renovar nuestra entrega, nuestra consagración, de reforzar nuestra opción de seguimiento de Jesús al estilo de Claret. Y de poner todo ello también bajo la intercesión de estos hermanos a los que la Iglesia reconoce como Beatos.

Es un mensaje de esperanza para todos, no solo para nosotros claretianos sino para todo el mundo. Es posible la fidelidad suprema, es posible el amor hasta la muerte. Y no está al alcance de un tipo determinado de personas. Estos 109 hermanos eran bien distintos, pero tenían en común una vocación y una fidelidad a prueba de todo. Nos marcan un camino que debemos seguir hasta el punto que Dios nos pida. Y es un camino para todos los cristianos, cada uno en sus circunstancias.

El día 21 de octubre será un día especial para todos nosotros, Hijos del Corazón de María; una fiesta grande que queremos compartir con todo el mundo. Proclamar la grandeza de estos hermanos nuestros, sencillos de origen pero grandes e importantes en su gesta. A María nuestra Madre agradecemos también que los haya cuidado y los haya llevado de la mano al encuentro del Cristo Resucitado.