Jhon Jairo Flórez Palacio (Colombia-Venezuela)

Más allá del reconocimiento oficial por parte de la iglesia, la beatificación de nuestros 109 Misioneros Claretianos significa para mí un signo y testimonio de entrega de la vida en el contexto conflictivo de la realidad que ellos vivieron, asumiendo desde su entrega y compromiso las circunstancias que la realidad de su experiencia de vida y misión les presentó. Este testimonio me estimula y anima a saber afrontar los conflictos en los contextos (en ciertos casos de violencia, dolor y muerte) en los que vamos desarrollando nuestra misión en Colombia y Venezuela, sabiendo que, aunque no entreguemos violentamente nuestra vida, estamos llamados a entregarla en la cotidianidad con gestos de amor hacia las personas a las que estamos llamadas a servir desde nuestra misión.

Otro aspecto que me anima el testimonio de estos hermanos nuestros es su honda espiritualidad. Ellos nos enseñan a vivir como misioneros “con espíritu”, pues supieron sintonizar y descubrir en sus circunstancias de vida el paso de Dios por ellas, y así nos lo testimoniaron con su entrega.  La escucha del paso de Dios por los momentos dolorosos que pasaron y que los llevaron hasta la entrega de sus vidas, son un ejemplo para nosotros hoy a saber asumir nuestra vida (personal, comunitaria) con una espiritualidad misionera fundamentada en la esperanza, reconociendo en cada acontecimiento de nuestra vida que Dios nos acompaña. La heroicidad de la entrega de estos hermanos está en la generosidad con la que asumieron su vida y que ofrendaron como semilla que hoy debe germinar en nosotros.