JESÚS MARÍA PALACIOS (Bética)

1. Hoy comienza una grande Obra.

“A las tres de la tarde nos encontrábamos reunidos en dicha localidad del seminario. Antes de comenzar los ejercicios de inauguración, dijo el entonces Mn. Antón Claret: “Hoy comienza una grande obra”. Respondió el P. Manuel Vilaró, con aire festivo y sonriéndose: “¿Qué podemos hacer, siendo tan jóvenes y tan pocos?”. “Ya lo verán ustedes –repuso el Siervo de Dios– si somos jóvenes y pocos resplandecerá más el poder y la misericordia de Dios”.

En verdad, aquellos principios eran tan humildes, que no todos los que estaban presentes comprendieron los prodigiosos resultados que aquella reunión había de tener, pues como dijo el Fundador: “Hoy comienza una grande obra”, uno de ellos se sonrió, expresando así el temor que le inspiraba la consideración de las difíciles circunstancias en que se encontraba. Lo que, observado por el Padre, vuelto a él, le dijo con espíritu de profecía: “¿No lo cree Vd.?; usted lo verá”. Y efectivamente lo ha visto.

  1. Claret, Padre Conciliar en el Vaticano I y confesor de la fe

El Concilio Vaticano I comenzó con una solemne ceremonia, presidida por el Papa Pío IX, el 8 de diciembre de 1869, fiesta de la Inmaculada Concepción de María y finalizó provisionalmente el 18 de julio de 1870.

En el discurso pronunciado en el aula conciliar el martes día 31 de mayo de 1870 dijo literalmente:

“Ojalá pudiese yo en la confesión de esta verdad derramar toda mi sangre y sufrir la misma muerte!. Ojalá pudiese yo consumar el sacrificio que se empezó en el año 1856 bajando del púlpito después de haber predicado de la fe y de las buenas costumbres el día 1 de febrero, vigilia de la Purificación de María Santísima! Traigo la estigma o las cicatrices de N[uestro] S[eñor] Jesucristo en mi cuerpo, como lo veis en la cara y en el brazo! Ojalá pudiese yo consumar mi carrera confesando y diciendo de la abundancia de mi corazón esta grande verdad: Creo que el Sumo Pontífice Romano es infalible” (EA 490-4891).

  1. ¿Por qué es grande la Congregación?

En mis visitas a los centros de formación de la Congregación, al contar el hecho de las palabras del P. Fundador, preguntaba a los novicios, estudiantes; ¿por qué es grande la Congregación? Las respuestas eran muy variadas y algunas muy pintorescas, pero casi nunca dieron en el clavo y en lo que pienso que es la respuesta justa.

La Congregación es grande porque es un proyecto misionero grande y sublime. Es un proyecto de tal naturaleza que ha sido capaz de santificar y santificarnos del modo más generoso y sublime dando la vida por el Evangelio y derramando la sangre por Dios. Es un proyecto que engendra Mártires. La beatificación de nuestros hermanos por la Iglesia como Mártires de la fe nos está diciendo que lo que nos dijo Claret era una profecía auténtica y verdadera.

Claret siempre deseo ser mártir, deseó ser el primer mártir de la Congregación. Claret, unas semanas antes del martirio del P. Crusats, estando en Vic, dijo -Éste, [Crusats], me pasará delante”, en la gloria del martirio. (Epistolario Claretiano, E.C. II, p. 1298). Consumado el sacrificio de Crusats, escribió Claret al P, Xifré, en octubre de 1868: “Demos gracias a Dios: ya el Señor y su Santísima Madre se han dignado aceptar las primicias de los mártires. Yo deseaba muchísimo ser el primer mártir de la Congregación… (E.C. II, p. 1297). Y estaba dispuesto en derramar su sangre por la fe, por la infalibilidad del Papa.

Los que siguieron sus huellas incluyeron en el itinerario misionero al estilo de Claret la dimensión martirial como estaba en la mente del Fundador. Y así realizaron la gran obra al dar la vida por la misión evangelizadora.