Henry Omonisaye

La beatificación de los mártires, que es el reconocimiento eclesial de su testimonio de fe en Cristo, evoca en mí un sentido de gratitud a Dios que les llamó y gratitud a ellos por permanecer fieles hasta el final. Ser testigos es para mí una forma muy central de ser y vivir el evento. Esto es lo que nos enseña esta ocasión. Recuerdo el tema del XXV Capítulo General. El testimonio de Vida de los Mártires frente a la persecución, su resistencia y perseverancia, y el derramamiento final de su sangre como libación, me llaman como un fuerte impulso a imitar su destreza. La convicción personal que alimentó su compromiso con Cristo es otro aspecto de su testimonio que también me llama la atención. Los mártires, en definitiva, son un regalo para todos nosotros.