Gustavo Alonso (San José del Sur-Argentina)

Por cuarta vez a los Claretianos nos toca celebrar la beatificación de hermanos nuestros Mártires. Y, en esta ocasión, en un número poco común. Estas celebraciones nos remiten a la experiencia martirial de nuestro Santo Fundador, el Misionero Claret.

Creo que actualizar esta memoria nos ayuda a una comprensión profunda de nuestra vocación misionera. Servidores de la Palabra, entendemos que este servicio demanda, junto con el anuncio verbal, el testimonio de nuestra forma de vida. Y, también, dada la ocasión, la entrega de nuestra vida. Una entrega que, de manera extraordinaria, realizaron tantos Hijos del Corazón de María en la España de 1936 y que también se expandió a otros territorios, como México y Filipinas.

El martirio es siempre gracia del Señor. Lo es de modo especial para una Congregación enviada a evangelizar en todo el mundo. Por eso, nos sentimos invitados a celebrar esta gracia en nuestros hermanos Mártires.