Efren Limpo Lo (Philippines)

La beatificación es como hacer una foto de grupo. Se encienden las luces, se suavizan los sonidos, se calibran las lentes y se enfocan las imágenes de vidas vividas en un silencioso testimonio sin adornos. A diferencia de cualquier otra foto de grupo, esta va a ser sobre ellos. Apretamos el botón para que la historia de su vida de testigos de la fe pueda ser mostrada y ampliada para que el mundo la vea. Una foto de grupo, como tal, creo, es una invitación a ser visto. No por la lealtad marcada en sus corazones o por el heroico tejido de sus sotanas, sino por el coraje inconfundible de ser vulnerable. Nuestros hermanos mártires podrían haber optado por abrazar lo contrario: la fuerza, la seguridad, la autoafirmación, el poder y el control, pero no lo hicieron. Se armaron de coraje para ser vulnerables y, de ese modo, brindaron el mayor poder de la vida: el amor. El martirio es el coraje de ser vulnerable, porque amar es ser vulnerable. Como claretiano, me enorgullezco de su beatificación. Este evento será una gracia muy oportuna en un momento en que gran parte de los relatos que impregnan la vida están llenos de la codicia por el control y la dominación. Al mismo tiempo, una foto de grupo de este tipo, creo, es una llamada a ser consciente. No buscando la gloria del triunfo humano o el aprecio humano, social y eclesial, sino esa inspiración implacable que nutre nuestra vocación misionera y nos impulsa a reclamar y apropiarnos de nuestro rico patrimonio espiritual. Muy pronto, en la morada inacabada de Gaudí, lo que una vez fue un recuerdo de un pasado no tan lejano, será captado, contenido y conmemorado.