CYRIAC NJAYARKULAM (Deutschland)

Es una gran alegría y satisfacción para mí que 109 hermanos pertenecientes a la Congregación Claretiana sean beatificados el 21 de octubre de 2017 en Barcelona. Estoy orgulloso de mi Congregación que ha producido tantos mártires para la Iglesia, de personas que estaban dispuestas a ofrecer sus vidas por su fe en Jesucristo y en la Iglesia Católica. De hecho, tenían la opción de renunciar a su fe y asegurar su vida, pero no lo hicieron, porque consideraron que era una ganancia morir por Cristo a causa de su fe en él. Son Hijos dignos de nuestro Santo Fundador, San Antonio María Claret, para quien orar, trabajar y sufrir por Jesucristo y su santa Iglesia significó mucho en su preciosa vida. Todas las falsas promesas de los enemigos de la Cruz y de la Iglesia no influyeron en sus vidas, sino que se mantuvieron firmes para profesar su fe en Dios y dar testimonio de su fe ardiente según la definición del claretiano, Hijo del Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María, que nuestro Santo Fundador nos propuso a todos nosotros.

La Beatificación de estos Mártires es una ocasión para mí de mirar mi propia vida para ver si los mismos ideales también me están motivando en mi vocación y vida misionera claretiana. ¿Soy lo suficientemente valiente como para dar testimonio de mi fe en Cristo en las circunstancias en que vivo? Puede que no tenga la oportunidad de enfrentarme a un “martirio sangriento” como estos mártires en mi vida, sino a un “martirio blanco”, renunciando diariamente a todo lo que es contrario a los valores de mi fe, esperanza y amor, misericordia y justicia en mi vida cotidiana. Soy consciente de que vivo en una sociedad donde la fe en Cristo está disminuyendo día a día en muchos de los bautizados que encuentran incluso “moderno” el hecho de vivir en una sociedad secular desprovista de valores cristianos, que consideran incluso una vergüenza dar testimonio valeroso de su fe en Cristo. No se identifican con la postura de la Iglesia Católica sobre muchos temas del mundo moderno. Las ideologías impías modernas los dominan. Es mi deber vivir mi fe con valentía en estas circunstancias y ser testigo de ello a través de mis palabras y hechos. Aquí viene la importancia de la beatificación de mis hermanos mártires, que pueden interceder por mí para vivir mi fe en Cristo con coraje y convicción.