José Casals Badía

Nació el 8 de febrero de 1891 en Berga (Barcelona)

Profesó el 2 de febrero de 1911

Fusilado el 12 de octubre de 1936 en Gurb (Barcelona)

 

El H. Casals nació el 8 de febrero de 1891 en Berga, pueblo de la provincia de Barcelona y de la diócesis de Solsona y fue bautizado el mismo día en la parroquia de Santa Eulalia. Sus padres fueron D. José Casals y Dª Antonia Badía.

Entró en la Congregación el 29 de enero de 1910 en Cervera, donde a continuación inició el noviciado, al término del cual emitió la profesión el 2 de febrero de 1911, fiesta de la Purificación de la Santísima Virgen.

Según los registros y boletines oficiales, el H. Casals tuvo pocos destinos o cambios de casa. Después de la profesión quedó en el colegio de Cervera, donde había 45 Hermanos Coadjutores para atender a la numerosa comunidad. En efecto, el año 1911 contaba con 254 individuos, aunque después disminuyó algo el número, no dejaba de ser numerosa, tanto que  el año 1931 estaba formada por 243 individuos. El cargo que desempeñó en dicho colegio fue el de despensero y cocinero y, según parece, llevado con inteligencia y sentido común, garantías y a satisfacción de los comensales. Por todo ello demostró ser un gran administrador.

En 1935 fue trasladado a la casa de Vich, cuya comunidad era más pequeña, de 50 a 60 individuos, pero con un trabajo añadido nada despreciable: la casa de Ejercicios espirituales.

Los informes, que periódicamente se daban de los religiosos, atestan que el H. Casals era un religioso ejemplar, de conducta muy buena. Si se considera que gozaba de una salud regular y el oficio que desempeñaba en las condiciones de entonces, y por tanto tiempo, hay que concluir que su vida estaba animada de un verdadero espíritu religioso, de sacrificio por el amor de Dios. Por ello los testimonios confirman que era abnegado, que tenía espíritu de pobreza y sentido de la pobreza, y respetuoso con los Superiores y con sus subordinados a quienes avisaba y corregía con bondad. Era un hombre con sentido común a toda prueba.

Dispersión de la comunidad y fuga

El día 21 de julio de 1936 fue de los últimos en abandonar la Casa Madre de Vich. Allí permaneció hasta momentos antes de ser asaltada por los rojos habiéndose ocupado de esconder la imagen de la Virgen del Buen Suceso. Al principio se refugió en el domicilio del Sr. Portusach, situado en la calle Ramada.

Al día siguiente, 22, por la mañana fue a visitar a los novicios para ver el modo de aliviar sus penurias. También estuvo interesado por los otros individuos de la comunidad dispersa. ´

El día 23 fue a comprar alimentos para los novicios y al salir de una panadería fue detenido por unos milicianos. Eran poco más o menos las diez de la mañana. Fue llevado al Ayuntamiento, donde permaneció unas dos horas y le hicieron un pequeño interrogatorio. Fue liberado por intervención del Alcalde, ante quien habían hecho gestiones por mediación de María Viñeta, y el regidor les recomendó que no circularan por las calles. ¡De nuevo clausura, pero …. fuera del claustro!

Desde el día 25 hasta el 29 estuvo al servicio del Sr. Obispo por orden del Superior. Cuando el Sr. Obispo pudo abandonar su refugio, el H. Casals volvió a la casa del Sr. Portusach.

El día 13 de agosto tuvo que abandonar el refugio, por temor a un previsto registro, y escapar. Siguiendo un buen consejo fue a el Vivet, situado en la parroquia de Santa Eugenia de Berga, donde estaba el H. Costa, que le podía obtener el pase para Berga, su pueblo natal. Obtuvo el pase, pero le pareció que era tarde para desplazarse y lo dejó para el día siguiente por la mañana. Pero esa misma noche, hacia las 9, se presentaron algunos individuos del comité revolucionario de Taradell, practicaron el acostumbrado registro y conminaron al Hermano y a los demás refugiados la orden de no moverse de allí so pena de vida del propietario. Además les hicieron añicos los pases y como despedida les repitieron las amenazas. Allí vivió con recogimiento y piedad, como los otros Misioneros, confiados en la Providencia de Dios y aceptando su voluntad.

Prisión en el Vivet y martirio

El día 8 de octubre, miembros del comité revolucionario de Vich fueron a Taradell en busca de persona importante y el jefe de este comité les informó que en el Vivet había tres de la Merced. Acto seguido, esa misma mañana, se presentó allí una patrulla del comité de Vich, en la que destacaba el sanguinario Cojo de Vich. A estos les acompañaban algunos de Taradell para reclamar a los refugiados de la Merced con seguridad. Los refugiados estaban rezando el rosario con la familia y los rojos detuvieron al H. Casals con los PP. Codina y Codinach, que sin resistencia alguna se entregaron a sus verdugos. Los particulares de la detención de H. Casals son los mismos que se han expuesto anteriormente acerca de la detención de los PP. Codina y Codinach.

Les hicieron el registro de costumbre y el interrogatorio de circunstancia. Al H. Casals le encontraron un crucifijo de los del P. Claret. Le pidieron explicaciones de cómo se abría. Se las dió y se lo devolvieron. También le preguntaron por su oficio y no tuvo reparos ni dificultad en confesar que era cocinero. Al marchar el H. Casals se despidió de una de las hijas de la casa diciendo: ¡Hasta más tarde!

Junto con los dos Padres fue llevado a la cárcel de Vich, donde permaneció hasta el día 11 del mismo mes de octubre, día en que sólo quedaban encerrados los tres Misioneros y un sacerdote secular, R. Elías Molist. Al día siguiente la cárcel estaba vacía porque el Comité la había “limpiado” como último acto de poder revolucionario, ya que el día 12, por decreto de la Generalidad, cesaban los comités y se restauraban las autoridades civiles republicanas.

Ese día 12 de octubre de 1936 aparecieron los cadáveres de cuatro personas en las carreteras cercanas. El cadáver del H. Casals fue encontrado cerca del Manso Rosell en la carretera de Manlleu, cuyo colono oyó los disparos a media noche del 12 y después reconoció dos cadáveres, uno corpulento, del R. Molist, y otro pequeño y delgado, que era el del H. Casals.

Los del Manso Rosell con la ayuda de otros vecinos los enterraron en el cementerio de Granollers de la Plana, perteneciente al municipio de Gurb.

Pronto se conoció la suerte que había corrido el H. Casals.