Comunidad de Vic y Sallent

  1. Situación política y persecución religiosa

En la diócesis de Vich la Congregación claretiana en 1936 tenía tres casas: 1) la comunidad de Vich; 2) la comunidad de Sallent; 3) la finca de Mas Claret sita en la parroquia de San Pedro dels Arquells, auxiliar de la comunidad de Cervera. Por esto, de  esta última se tratará junto con la casa de Cervera.

La ciudad de Vich está situada al norte de Barcelona, a una distancia de 50 kilómetros, y el pueblo de Sallent está al oeste de Vich, distante pocos kilómetros. La revolución marxista  española se desarrolló en estas ciudades de igual manera que en Barcelona con principios contrarios a los del evangelio. Los dirigentes de esta revolución eran los mismos que los de la nación que habían dado leyes persecutorias con la intención de hacer imposible la vida a la Iglesia, incluso, de hacerla desaparecer. Sus corifeos habían proclamado incontables veces la incompatibilidad de su sistema con la Iglesia.

Como se ha dicho en el primer capítulo la ciudad de Vich sufrió las consecuencias de la semana trágica de Barcelona y de todos los movimientos revolucionarios del siglo XX. Por eso no ha de extrañar ahora que siguiera la misma suerte que Barcelona.

Por estos motivos la revolución marxista se organizó de la misma manera, con sus comités. Estos actuaron con todo el fanatismo posible.

El mismo día 19 de julio de 1936 por la tarde se organizó el comité de enlace antifascista formado por todos los partidos de izquierdas del Frente Popular, designando como presidente al representante de la FAI, Francisco Freixenet. Al día siguiente llegaron unos camiones con gente armada, que fueron rechazados por la Guardia Civil. Pero esa misma noche se constituyó el comité antifascista con autoridad incluso sobre el ayuntamiento, expulsando de todo cargo público a quienes no eran de izquierdas o simpatizaban con las derechas.. Estas medidas hacían temblar a los adinerados, a los religiosos y a gentes de derechas.

El día 21 llegaron nuevos camiones con gente armada procedente de Barcelona, que desarmaron a la Guardia Civil. A partir de ese momento comienzan a confiscar y quemar.

La persecución religiosa en Vich alcanzó proporciones gigantescas dentro de sus reducidas dimensiones. Siguiendo el modo de proceder de otros lugares, las hordas marxistas comenzaron con los incendios de iglesias, conventos, imágenes y otros objetos de culto y devoción pública y privada. Los revolucionarios sometieron a la prueba del fuego a la catedral, las iglesias  de franciscanos, clarisas, capuchinos, etc. … palacio episcopal, museo, seminario conciliar, con ingentes pérdidas artísticas. Algunas las destruyeron hasta los cimientos. También prepararon buenas fogatas u hogueras, que duraron días,  con imágenes, incluso de gran veneración,  ornamentos sagrados y cuadros que arrancaban  con violencia y atropellos a los particulares, mientras la chusma se divertía profiriendo blasfemias y sarcasmos propios de su diccionario.

A los cuatro meses la situación de las iglesias, en síntesis, era la siguiente:

– Catedral, Remedios y Devalladas: incendiadas y destruidas;

– Santa Clara y la Merced: trabajos de derrumbe:

– Iglesia y convento del Escorial: comité y almacén de provisiones;

– Colegio de San José (La Panissa): taller de hojalateros e hidráulicos;

– Iglesia de San Justo (seminario): almacén de géneros requisados;

– Parroquia de Santo Domingo: Sindicato agrícola comarcal;

– Iglesia de la Tercera: taller de los pintores;

– Iglesia del Hospital: almacén de paja y alfalfa;

– Iglesia de Santa Teresa: almacén comarcal de patatas;

– Parroquia del Carmen: almacén de albañiles y peones;

– Iglesia de la Misericordia: almacén de yeseros;

– Iglesia de las Sacramentinas: taller de zapateros;

– Iglesia del Sagrado Corazón (Cuques): cuartel de los milicianos;

– Iglesia de los Capuchinos: cuadras y garaje de limpieza urbana.

Por lo que se refiere a los Misioneros claretianos, los perseguidores irrumpieron en el antiguo convento de la Merced, casa Madre de la Congregación claretiana con toda la saña posible al grito de ¡Guerra a Dios! Con semejante idea antirreligiosa incendiaron la iglesia y el convento y destrozaron la contigua casa de ejercicios espirituales, donde recogieron los crucifijos y los cuadros de la Virgen que presidían las habitaciones y los arrojaron por las ventanas para hacer más daño. Después demolieron los muros de la iglesia hasta el suelo.

A pesar de todo, el odio mayor iba dirigido a destruir y aniquilar el cuerpo y otras reliquias del Beato Antonio María Claret, que allí se custodiaban. La Providencia y la prudencia humana evitaron a tiempo le ejecución de tal atropello. Por desgracia la reliquia del corazón cayó en sus manos y desapareció para siempre.

A continuación comenzó la persecución y asesinato de las personas. En primer lugar el clero y los religiosos. En segundo lugar las personas de distintas opiniones políticas y fervorosos cristianos.

Por otro lado estas ciudades tenían la desventaja de la ciudad pequeña que difícilmente permite pasar desapercibido. Por esto difícilmente podían encontrar refugio quienes venían de fuera.

. En un núcleo urbano pequeño como Sallent el anonimato era imposible. En cierto momento todo parecía en calma, como escribía el P. Surribas a su madre el 26 de julio de 1934:

«No pase ansia por las desgracias de los revolucionarios de Sallent, estamos bien defendidos por los Guardias Civiles, Guardias de Asalto y Somatenes; a más los revolucionarios están en las minas de potasa muy lejos de nuestra casa. El P. Claret nos protege desde el cielo».

Aquí también el furor marxista se cebó contra las iglesias, pero se ensañó con rabia en el monumento levantado al Santo P. Claret y se persiguió al clero y religiosos por su condición eclesiástica.

 

  1. La comunidad de Vich

 

La comunidad de Vich era la casa Madre del Instituto, lugar de reliquias claretianas por excelencia. Allí estaba el cuerpo del Beato Antonio María Claret, Fundador de la Congregación con todos sus archivos y recuerdos y al momento de estallar la revolución marxista era también noviciado. Estos aspectos permiten comprender la importancia que dicha comunidad tenía para la Congregación.

 

  1. Miembros de la comunidad

En el mes de julio de 1936 estaba formada por los siguientes individuos

  1. Mamuel Mascaró Borrás, Superior
  2. Pablo Aguadé Gatell, Consultor 1°
  3. José Arner Margalef, Consultor 2° y Maestro de novicios
  4. Joaquín Pujol Illamola, Ministro
  5. Jacinto Tordelespar Guiteras
  6. José Puigdessens Pujol
  7. Juan Arqués Arrufat
  8. Antonio Miró Oller
  9. Agustín Riu Riu
  10. Mariano Brossa Betés
  11. Pedro Bertrans Porti
  12. Juan Codinach Espinalt
  13. Casto Navarro Martínez
  14. Vicente Codina Martí
  15. Ángel Roca Hugas
  16. Tomás Luis Pujadas Roca

Sr. Elías Valcanera Martínez

  1. Miguel Facerías Garcés
  2. José Casals Badía
  3. Ciriaco García López
  4. Isidro Costa Arnaus
  5. Juan Riera Paradell
  6. Ángel Dolcet Agustí
  7. Antonio Arrufat Sorribes
  8. José Cochs Llauradó
  9. Antonio Miarnau Pardell
  10. Feliciano Rodríguez Rodríguez
  11. Joaquín Romaguera Vila

 

De otras casas

  1. Miguel Panadés Foixench, de Barbastro
  2. Miguel Codina Ventayol, de Cervera
  3. Julio Aramendía Urquía, de Santo Domingo de la Calzada
  4. Juan Ciurana Campmol
  5. Jesús Quibus Pomar, de Barbastro
  6. Jesús Vicente Hernández, de Barcelona

Estudiantes argentinos

Florentino Pedro González López

Juan Bautista Agú Río

Valentín Til Aranda

Enrique Servi Lori

José Ventura Widmann Abaca

Estudiantes novicios

José Mª Alonso Lobo

Martin  Alsina Perarnau

Antonio Arner Badía

Ramón Casademont Vila

Jacinto Casamitjana Coromina

Miguel Cisteró Cisteró

Pedro Fernández García

Jesús Marcer Mestre

Nicasio Martínez Jarauta

José Pallarés Vinyas

Antonio Planas Guiu

Jesús Planas Guiu

Antonio Poch Nin

Florencio Romero Hernández

José Mª Tolosa Armengol

Antonio Tuñón Álvarez

Fernando Valenciano García

José Mª Viñas Colomer

Hermanos novicios

Antonio Castells Lamora

Domingo Rubiella Galbás

 

También se encontraban en la casa 9 estudiantes postulantes y dos hermanos postulantes.

 

  1. El ocultamiento del cuerpo del P. Claret y la dispersión de la comunidad

El día 13 de julio de 1936 fue asesinado Calvo Sotelo, diputado de la oposición, por fuerzas del Orden público de izquierdas. Este hecho hizo pensar que la revolución era inminente. Por ello se sacaron documentos del archivo y las principales reliquias del Beato Antonio Mª Claret, excepción hecha de su cuerpo. Se planteó la cuestión al Sr. Obispo, que dio buenas palabras, pero palabras. Al parecer, no creía en la inminencia de una catástrofe.

En la comunidad tenían información que le proporcionaban amigos y radios que les hacían escuchar y todo hacía pensar en lo peor.

El día 20 de julio de 1936 por la mañana el P. Superior telefoneó a la Comandancia de la Guardia Civil y se puso al aparato el propio comandante:

Padres, estén tranquilos. Mientras la Guardia Civil esté aquí, habrá orden en Vich.

El P. Superior había dado la orden de no bajar las persianas. Era orden de la autoridad civil o de un comité. Después de comer, los Padres vieron desde la biblioteca la llegada de camiones llenos de gente con fusil en mano y puño en alto. Rezaron el rosario y el P. Superior concedió a todos salir de casa en espera de lo que pudiera pasar. Estando los novicios en la sala de estudio por la tarde, el P. Maestro les ordenó que se preparasen para salir de paseo inmediatamente. Esto era una costumbre. Los Padres iban saliendo por grupos.

A las tres de la tarde, el P. Bertrams, vicepostulador de la causa y custodio del sepulcro, llamó al P. Tomás Pujadas para salvar el cuerpo sagrado del Beato. También estuvo presente el P. Miguel Codina. El P. Mariano Brossa había ido a pedir autorización al Prelado y estaría para  volver y había que tener todo preparado: unos alicates para romper los sellos, una sábana de altar para depositar el cadáver, una vez sacado de la urna, y un gran cajón para llevarlo al escondite, que sería la casa del carpintero artífice de la caja, Sr. Miguel Bantulá. Pero el P. Brossa tardaba y los milicianos merodeaban. Se oyó un golpe de culata de fusil en la puerta de la iglesia y el miedo se hizo presente y había que tomar la decisión urgente. Se sabía que romper los sellos lacrados episcopales sin autorización del Prelado acarreaba excomunión, pero entendimos que estas leyes jurídicas no alcanzan las urgencias, por lo que, el P. Bertrans, diciendo Me cargo con todas las excomuniones, cortó los sellos, colaborando los otros dos Padres.

Sacaron el cuerpo del Beato, lo doblamos, y envuelto con el mantel del altar, lo llevaron a la sacristía donde esperaba el Sr. Bantulá con el P. Pablo Aguadé, y lo depositaron con sus vestidos episcopales en la gran caja».

En ese momento llegó el P. Brossa acompañado por el Provicario general. El Padre había obtenido autorización del Obispo, que quería constituir un tribunal eclesiástico, pero convencido por el Padre de que no había tiempo, nombró a este notario y delegó en el Provicario general la presidencia y a los PP. Aguadé y Pujadas como testigos.

Una vez identificado el cuerpo se cerró el cajón y se lacraron los sellos. Después de haber hecho todos el juramento de guardar el secreto sobre el paradero del cuerpo, el Sr. Bantulá, desafiando el peligro, hacia las seis de la tarde, envuelta la caja con una manta cualquiera, y, cargándosela al hombro, salió del convento por la puerta principal sin que nadie se lo estorbase. ¿Cómo fue posible que ningún miliciano se lo impidiese? El buen Sr. Miguel enterró el sagrado tesoro en su casa consciente del peligro que él y su familia arriesgaban.

La noche del 20 al 21 fue tranquila en Vich, pero las cosas cambiaron con el triunfo del Frente Popular en Barcelona. «La radio de la Generalidad estuvo hasta la madrugada excitando a la revolución marxista con una virulencia que hacía presagiar un día 21 catastrófico. Se condenaba a muerte a la religión.

La mañana, que en la ciudad seguía transcurriendo tranquila, se nubló por una  llamada telefónica del comandante del puesto al P. Superior:

Padre, perdone, pero nos obligan a ir a Barcelona… Vich queda a merced de los revolucionarios… No podremos ya defenderles ni defender el orden ni la seguridad… Como amigo, les aconsejo que se pongan a salvo… Que Dios salve a España… Rueguen ustedes.

Ese día 21 todavía la comunidad tuvo el almuerzo como de costumbre, pero a mitad llegó el sobresalto de un disparo cercano a las ventanas. Luego pudieron ver nuevos camiones cargados de gente armada. Rezaron el último rosario en comunidad y comenzó la dispersión a familias que ofrecían seguridad.

 

  1. La comunidad de Sallent

 

La villa de Sallent está a 15 kilómetros al norte de Manresa y es el lugar donde nació S. Antonio Mª Claret, fundador de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María. Era un centro fabril y minero, por lo cual habían venido bastantes obreros de fuera y creado un clima social difícil, porque estos fueron intoxicados por dirigentes sin alma.

La comunidad ocupaba el lugar de la casa familiar del Santo desde 1920. En 1935 aceptó un Colegio de primera enseñanza, que estaba situado en un local de la parroquia, a cierta distancia de la casa, lo cual no dejaba de dificultar el continuo ir y venir de los Padres profesores. Por ello se pensó para sede del colegio en el edificio adyacente a la casa como la mejor solución. Este trato fue promovido por el P. Superior y todos vieron enseguida su conveniencia. Una vez adquirido el edificio y acomodado a las necesidades colegiales, se iniciaron las clases. Esto constituía una nueva época en la historia doméstica.

La aceptación del colegio obedecía a varios motivos. Primero, a la petición del Sr. Obispo para cubrir una necesidad. Segundo, a la insistencia de las familias de disponer de un colegio donde se diera una formación integral. Tercero, una forma de apostolado, pues era el único colegio de la villa donde se enseñaba el catecismo. Fue todo un éxito como demuestra el hecho de que no pudo satisfacer todas las demandas por falta de espacio.

A principios del verano de 1936 la comunidad estaba formada por los siguientes individuos:

  1. José Capdevila, superior
  2. Jacinto Blanch Casas, consultor 1°[1]
  3. Juan Mercer, consultor 2°
  4. Jaime Payás, ministro
  5. Marcelino Mur
  6. Mariano Binefa.

Las elecciones de febrero en Sallent fueron ganadas por las izquierdas con buen margen, pero parece que esto no alarmó a nadie de la comunidad claretiana.

Pero la verdad es que desde dichas elecciones no ya se preveía, se mascaba la revolución[2]. Una muestra: hubo una manifestación imponente ante el Ayuntamiento para que el Inspector no cerrara el colegio que, con todos los permisos legales,  llevaban los PP. Misioneros y antes de terminar organizaron otra los izquierdistas, que aconsejó deshacer la anterior en orden para evitar un día de luto.

Así escribía el P. Payás a su madre y hermanas poco después: «Les escribo corriendo para decirles que no se espanten, estoy bien G. a D. y por ahora no hay ninguna clase de peligro.

Aquí ganaron las izquierdas por más de 800, pero les  repito, no teman nada por mí. No se mueve una hoja si Dios no lo quiere. Y estamos todos en manos de Dios. Podría ser que nos prohibiesen el colegio pero nada más»[3].

El día 20 de julio a las ocho de la mañana cuando se terminaba la última Misa en la capilla, se presentaron unos milicianos malcarados para registrar la casa y la capilla. El registro fue minucioso por todas las dependencias y se retiraron sin encontrar las armas que buscaban.

Al mediodía, el Ayuntamiento hizo avisar a los Padres que era necesario abandonar inmediatamente la casa para evitar percances más desagradables. En ese momento en la comunidad había cinco individuos.

Al recibir la intimación del Ayuntamiento, todos los individuos se dispusieron a buscar un refugio en la población. Siendo población pequeña donde todos se conocen, las dificultades eran mayores, tanto para quien quería hospedar como para el huésped[4]. El monumento al Beato P. Claret «fue pulverizado por la bestia roja»[5].

En conjunto las víctimas de las dos comunidades, ocasionadas por los sin Dios, fueron dieciocho, pero sólo de quince es posible presentar testimonios de su muerte, quedando fuera de la causa los HH. José Cochs Llauradó y Feliciano Rodríguez Rodríguez y el estudiante novicio Jacinto Casamitjana Coromina. Los quince de quienes se presenta la causa son los que siguen.

[1] Se hallaba fuera de casa el día 20 de julio circunstancialmente.

[2] Blanch Casas, J., Crónica de la casa de Sallent, Annales Congregationis 35 (1939) p. 142. Era el único que estaba ausente de la comunidad al estallar la revolución y el 19 de marzo de 1938 escribió esta crónica desde Alagón, deonde se había refugiado.

[3] Escrita desde Sallent el 18 de febrero de 1936.

[4] Quibus, J., Misioneros mártires Hijos del Inmaculado Corazón de María sacrificados en la persecución marxista, 2ª ed. Barcelona 1949, pp. 391-392.

[5] Blanch Casas, J., Crónica de la casa de Sallent, l.c.,  p. 144.