Solsona

La comunidad de predicación

En muchas ocasiones se ha hecho mención de Solsona, por la importancia que ha tenido dicha comunidad para los Misioneros claretianos, pero sin hacer la más simple descripción de la misma. Este es el momento de encuadrar la geografía donde los mártires la hicieron gloriosa.

Solsona es una pequeña población agrícola, aunque tenga residencia de Obispo diocesano con su catedral y seminario y le dé nombre a la diócesis. Está situada al Este de la provincia de Lérida, junto a la provincia de Barcelona y la diócesis de Vich.

Los Misioneros claretianos se instalaron allí en septiembre de 1878 recogiendo la herencia ministerial de los PP. Capuchinos, expulsados de allí en la exclaustración de 1835, e incluso la herencia material de su casa e iglesia[1], previa y necesariamente restauradas por la diócesis después de los desperfectos causados por los motines populares y el abandono durante años. La casa Misión se fundó por escritura de convenio público entre el Ilustre D. Jaime Sagarra, Vicario Capitular de Solsona, y el P. José Xifré, Superior General. Las condiciones exigidas en el convenio de fundación eran estas: «a) dar Ejercicios espirituales al Clero y Misiones al pueblo en las Parroquias de la diócesis, a juicio y voluntad del Ordinario, paa lo cual, b) debía destinar a esta casa seis Padres y tres Hermanos Coadjutores; c) admitir en casa a cualquier eclesiástico que por orden del Ordinario mereciera corrección. Aquel en cambio hizo cesión al Instituto del uso y utilidad de un antiguo Convento de Capuchinos con la Iglesia contigua a él, propiedad de la Mitra, así como un huertecillo próximo»[2].

La comunidad de misioneros se dedicó durante los nueve primeros lustros a los ministerios, a la predicación de misiones, novenarios, etc. por toda la diócesis, particularmente por los pueblos de la alta montaña.

 

Colegio mayor

En 1922 se llevó a cabo un cambio de finalidad de la casa, o mejor dicho, tuvo doble finalidad. Ese año, después de las obras necesarias, comenzó a funcionar como centro de estudios superiores, primero los de Teología Moral y Derecho y después los de filosofía. Con ello aumentaba el número de Padres y  Hermanos y, por consiguiente, el cumplimiento de las cargas contraídas, pero al mismo tiempo entraron en la diócesis varias comunidades dedicadas también a la predicación sagrada. Este cambio, sin embargo, fue de hecho, pues no modificó el texto del convenio, lo cual de hecho también acarreó más cambios y consecuencias.

Por estas causas disminuyeron las numerosas Misiones solicitadas antes por los Prelados de la diócesis, lo cual resultaba ventajoso al Instituto para dedicar más personas a la dirección del colegio. También disminuyeron los Ejercicios espirituales a Sacerdotes y Ordenandos en nuestra casa porque la capacidad de la casa era reducida y al mismo tiempo se crearon otros centros mejor comunicados y por su parte el Sr.  Obispo organizaba uno extraordinario durante el mes de julio en el seminario. Por otra parte la casa e iglesia se hallaban fuera de la ciudad a donde resultaba difícil acceder, sobre todo en invierno, con la primera misa a las 5,30, a la que seguían otras cada media hora hasta las 8, los días ordinarios, y hasta las 9 los festivos. Pero había muchos actos devocionales celebrados con máxima, mediana o mínima solemnidad de acuerdo con la categoría de las fiestas, cofradías y  asociaciones. Allí funcionaba muy bien la Archicofradía del Corazón de María y la Pía Unión Misionera. Por todo ello la frecuencia a la iglesia era mediana.

Este cambio también influyó en las relaciones pues, como dice la Memoria, «Así con el Sr. Obispo, como con el Cabildo y Clero parroquial y Beneficiario corre esta Comunidad en buena armonía, cediendo nosotros en todo lo que buenamente se puede y procediendo con cuidado para no herir susceptibilidades. Mantenemos muy buenas relaciones con las diferentes Religiosas… La relación con las autoridades puede calificarse de amistosa en el gobierno de las derechas. Con las izquierdas las respetamos y nos respetan»[3]. La comunidad vivía alejada de la política local, en la que no intervenía ni poco ni mucho.

Cuando estalló la revolución marxista, el colegio era el filosofado de la provincia de Cataluña, por lo cual la comunidad era numerosa, 70 miembros entre Padres, Estudiantes y Hermanos. Superior era el P. José Codinachs; Consultores los PP. José Soler y Antonio Arranz, Prefecto de estudiantes, y Ministro el P. Ramón Cabra.

 

La situación política amenazadora y confusa

El gobierno local funcionaba con normalidad, celebrando los capítulos locales con la regularidad que prescribían las normas, convocándose a veces algunos extraordinarios por asuntos de carácter grave, como consta en el libro de Actas. Dadas las circunstancias de la época vamos a recordar algunos que demuestran la preocupación, y clarividencia, de dicho gobierno local.  Ya desde la proclamación de la república en 1931 fueron tomando en consideración algunas medidas para evitar las peores consecuencias. Así en el consejo local del 7 de enero de 1935, entre los acuerdos tomados está el siguiente:

«Se propuso la conveniencia de pertenecer al Somatén, tomándose tiempo para enterarse de las condiciones antes de proceder a ello»[4].

En el capítulo extraordinario del día 17 de febrero de 1936, una vez conocidos los resultados de las elecciones generales del día anterior, se tomaron estos acuerdos:

«1) proporcionar traje de seglar a todos;

2) distribuir la Comunidad en las casas de amigos[5], para el caso de haber de abandonar el Colegio;

3) agenciar la localización de los enfermos en el Hospital; y

4) llevar al Archivo local a casas particulares»[6].

Algunas de estas medidas se pusieron por obra de manera inmediata y otras según los acontecimientos. A pesar de todo esto, en la Memoria, fechada el día 10 de julio de 1936, se afirmaba: «De momento no se ve asomado peligro alguno que pudiera atentar contra la existencia o reputación de esta Comunidad, si no es los comunes a todas las instituciones religiosas en las pésimas circunstancias que atravesamos»[7]. No obstante había quienes pensaban que era necesario dispersar el colegio y mandar a cada uno a su casa, pero se mantuvieron en casa siguiendo las orientaciones recibidas de arriba y también porque tenían la seguridad  de ser acogidos por las familias[8].

El asesinato del  diputado nacional D. José Calvo Sotelo el día 13 de julio precipitó las decisiones, en concreto la colocación del Archivo local, de los objetos de culto más valiosos y demás cosas del convento susceptibles de algún valor.

Por otro lado sabían que Solsona era en gran mayoría de derechas, que la Guardia Civil se había comprometido a mantener el orden, por lo tanto no temían. Pero el lunes, 19 de julio de 1936, se enteraron por radio, prestada por el amigo D. José Vicens, de la orden de incautación dada por la Generalidad de Cataluña, presidida por Luis Companys, en virtud de la cual todos los bienes de los Religiosos pasaban a poder del Gobierno de Cataluña. Esto ya cambió el panorama. Envalentonadas las izquierdas y decapitada la Guardia Civil sin poner orden, mucha gente de derechas huyó inmediatamente. En el colegio había vigilancia durante la noche tanto por parte de los religiosos como por personas amigas, interesadas en su protección.

El día 20 trasladaron al hospital a los enfermos con la ayuda del Dr. Rovira. Como era tiempo de vacaciones, los estudiantes salieron de paseo por la tarde. Entonces el P. Prefecto les leyó las casas donde podían refugiarse en caso de tener que abandonar el Convento. Ya los estudiantes quedaron intranquilos[9].

Así pues, la ciudad de Solsona, a pesar de ser muy pacífica y cristiana, también cayó en manos de los rojos y los frailes tuvieron que abandonar el convento y buscar refugio en los pueblos vecinos que les ofrecían seguridad. A causa del desalojo del convento, los fugitivos de Cervera vieron truncadas sus posibilidades de encontrar relativa seguridad.

En efecto, el día 21 de julio de 1936, martes, por la mañana, mientras tocaban las campanas para Misa, llegó esta estrafalaria orden: «Avise a esos frailes que no toquen más las campanas, si no quieren ver arder la iglesia». La orden la trasmitía una buena mujer que acudía a Misa, pero la orden provenía de los mineros de Cardona, que acababan de llegar a la ciudad a instaurar la nueva era marxista. Desde entonces dejó de sonar la campana y la iglesia cerró sus puertas.

En el colegio claretiano también se dejó sentir la orden revolucionaria. Los estudiantes salían al campo esa misma mañana del día 21, vestidos de seglar pero con la sotana encima y cargados con las cosas personales más necesarias como si fueran a pasar un día de campo. Antes de salir el P. Superior les dio algunos consejos, pero sin claridad, para no suscitar más preocupaciones. Con los estudiantes fue el P. Prefecto. Después de comer en el bosque, envió algunos estudiantes a las casas convenidas para anunciar la posible llegada, mandó que se desprendieran de las sotanas, que fueron guardadas en una casa vecina, y, mientras los demás quedaban en lugar convenido, el P. Prefecto, junto con dos estudiantes, fue a Solsona a informarse y recibir órdenes.

 

Orden de incautación del colegio, dispersión de la comunidad y encarcelamientos

A las dos de la tarde de ese día 21, fingiéndose amigos, se presentaron en la comunidad los Srs. Mossella, alias Llera, y Monconill con las órdenes de incautación del edificio dadas por la Generalidad.

El P. Superior reclamó que se la dieran por escrito y protestando del atropello salió inmediatamente vestido de paisano el P. Cabra, Ministro local, en busca del notario para que refrendase la protesta formal, pero no se pudo realizar. La razón, muy sencilla: fue cogido en plena calle por los revoltosos mineros, defensores de la libertad, y presentado al Comité, de donde volvió acompañado por el Diputado de Esquerra y Jefe del movimiento local, D. Francisco Viadíu, quien, con buenas formas, intimó la orden de abandonar el inmueble en el espacio de una hora que acaba de dictar el Comité del Frente Popular, que, en virtud de las órdenes emanadas por el Gobierno de la Generalidad de Cataluña, se consideraban amos de todo[10].

De palabra les permitieron amontonar en una habitación las cosas de más valor de la casa. Escogieron la biblioteca y durante buen tiempo estuvieron llevando las cosas. «Y qué ingenuos fuimos todos … creyendo en su palabra que aquella habitación, debidamente sellada guardaría fielmente nuestras cosas… Nada de lo prometido se cumplió con nosotros; ni se permitió a ninguno… permanecer en la Ciudad a pesar de que los tres, hipócritamente nos habían ofrecido sus casas. Tampoco quiso firmar el Sr. Viadíu el recibo de la protesta que le presenté, aun cuando se la quedó; sino que nos echaron de casa de forma bochornosa»[11]. La ingenuidad estuvo en trabajar y ahorrar el trabajo de búsqueda a la rapiña marxista.

Dispersión de la comunidad. Este era el paso siguiente por necesidad. El Comité ofreció a los Misioneros dos soluciones: pasar a Andorra o concentrarse todos en el cercano monasterio benedictino «El Miracle». El P. Superior se negó a aceptar estas soluciones, que al parecer tenían sus inconvenientes y encerraban muchos peligros. Parecía evidente que si les tenían a todos concentrados, después de hacerles trabajar como negros en la granja del Miracle, les tenían a tiro. En consecuencia, los Misioneros, siguiendo las orientaciones del P. Provincial, decidieron dispersarse por las localidades vecinas de la Comarca conocida, pues les habían prohibido acogerse a casas de la ciudad. La decisión resultó acertada gracias a la divina Providencia y a multitud de familias que acogieron durante meses a los Misioneros.

A eso de las cinco de la tarde del día 21, los Padres y Hermanos que quedaban allí, vestidos de paisano, antes de salir fueron a rezar a la ante la imagen de la Virgen. En la portería se encontraron con el Sr. Viadíu, dirigiendo un grupo de milicianos, que apuntaban descaradamente sus pistolas. El Sr. Viadíu, flamante diputado de Esquerra, les hizo personalmente un cacheo y registro escrupulosísimos a cada uno, ridículo y humillante. En la calle estaban los autos para llevarlos donde fuera necesario, pero todos se fueron a pie con sus bolsas al hombro y cada uno se dirigió al lugar previamente señalado.

Mientras esto sucedía en casa, los Estudiantes permanecían en el bosque y algunos habían ido a las masías para avisar. Los que estaban en el bosque esperaban la llegada del P. Prefecto, que se había retrasado por lo ocurrido. Mientras tanto unos revolucionarios hicieron su aparición cerca del lugar donde estaban los estudiantes. El pánico y confusión fueron grandes y al grito de “los comunistas, los comunistas”, todos echaron a correr en diferentes direcciones buscando refugio en las casas señaladas muy apartadas de aquel lugar, distribuyéndose por las circunscripciones, que se describen más abajo. Pero siete de ellos, José Casajús, Cándido Reñé, Miguel Ramos, Juan García, Joaquín Casas, Juan Gatell y Florentino Francés, desconocedores del país y de lo sucedido en casa, volvieron al anochecer al convento y al entrar les echaron el alto unos hombres armados:

«¡Alto! ¡Alto! ¿a dónde váis?

Al Colegio, contestaron tímidamente.

Cómo al Colegio, esto es propiedad del Comité.

No, esta es nuestra casa, de ella hemos salido esta mañana para tener un día de campo.

Este edificio es nuestro, contestaron los rojos. Y vosotros sois espías.

No somos espías, contestaron los estudiantes, nosotros íbamos a casa.

A la cárcel con ellos, dijo uno de los rojos».

Fueron hechos prisioneros inmediatamente y llevados a la cárcel con el pretexto que eran unos espías y que estaban preparando un asalto a Solsona, por lo cual el Alcalde de Solsona telefoneaba a Cardona pidiendo refuerzos. Les sometieron a infinidad de interrogatorios, admirando a todos por la serenidad con que respondían. La voz cantante la llevaba José Casajús. A todos preguntaron cómo se llamaba el Superior. Contestaron, Codinachs, todos menos uno que dijo Arranz, el P. Prefecto. Los rojos pidieron explicaciones pero no fueron capaces de comprender los conceptos, de modo que contestó uno del tribunal:

Señores, se ve que entre los frailes hay Alcalde y Secretario[12].

También les hicieron un registro, quitándoles con este pretexto los rosarios, crucifijos,  medallas, libretas y demás cosas que llevaban. A uno le cogieron el cilicio, lo miraron por todos los lados sin lograr averiguar para qué servía, hasta que el comunista dijo: “esto debe servir para tirar piedras ¿no?”. “Eso es, para tirar piedras”, respondió su dueño. Y se lo devolvió[13].

Los amigos de la ciudad procuraron que a los encarcelados no les faltara nada. El P. Superior envió una carta al amigo de Esquerra, Dn. Luis Mussella, para que lograra su liberación. Este lo consiguió pronto y bien pues el día 22 los llevó personalmente, y sin escolta, al Miracle[14].

La Revolución se desbocó desde el primer día en Solsona encarcelando a los que pudo, incendiando el colegio y la iglesia de los Misioneros hasta el ras del suelo después de la haberla saqueado y profanado. Sobre ese solar se construyó una más amplia gracias a la bienhechora Dª Concepción Barnola[15].

 

La comunidad en las casas de campo

La comunidad estuvo en más de 80 casas en las circunscripciones de Brichs, Clará, Navés, Solsona, Joval, San Feliu de Lluelles, etc. bajo la responsabilidad de los delegados del Superior, PP. Soler Pol, Antonio Arranz y Ramón Cabra y de los subcomisionados PP. José Jiménez, Macario López y José Solé Romá. Entre las familias que les acogieron destacan Nogués, Pla, Viladrich y Gaspar en Clará; Las Planas y Aubareda en Navés; Rotés, Viladot, Pla de Guday y Torredeflot en Brichs; Besora y Gener en San Feliu; Possedón en Monpot; Soler de San Pau en Caserres, Guilanyá en Busa y otras más. En Solsona también se movilizaron algunas familias en favor de los fugitivos. Entre todas ellas consiguieron que a los misioneros no les faltara lo necesario en vestido y calzado y cuando pudieron pasar al extranjero les proporcionaron dinero. Además les ayudaron en los continuos traslados y expediciones como guías y acompañantes.

La vida ordinaria, en los diez meses antes de poder pasar a Francia, se hacía en el bosque unas veces ocultos en lo más espeso  del mismo y hablando en voz baja, otras en una altura que dominaba la comarca, estando siempre alguno fijo de guardia que denunciase la presencia de un auto u otro peligro, echando a correr en tal caso bosque a dentro, como así nos sucedió muchas veces librándonos de este modo de muchos peligros… Dormíamos generalmente en las casas, montando guardia continua toda la noche algunas temporadas y en algunas comarcas, mas tocó dormir al raso muchas veces y en cuevas y barracas que ellos se hacían en los bosques, especialmente a partir de octubre cuando el Consejero de Defensa de la Generalidad decretó que los hombres comprendidos entre 18 y 30 años se presentasen para hacer las instrucción militar obligatoria, pues los hijos de las casas escaparon a los montes para evitarlo, y lo mismo tuvieron que hacer los estudiantes, ya que buscando a uno podían encontrar a todos.

Pronto en las circunscripciones, si lo permitían las familias y las circunstancias, comenzaron a ayudar en las faenas de las eras y del campo, o en la enseñanza de los niños. Las pesquisas y persecuciones se concentraron contra los PP. Superior y Ministro pues no acertaron a explicarse que no hubieran encontrado en casa los millones de pesetas ni el depósito  de armas y explosivos. Se comunicaban las noticias entre los diversos grupos por medio de los estudiantes más decididos.

Vida espiritual. Tanto en el bosque como en las casas los grupos procuraban hacer todos los actos de piedad, el día de retiro mensual y el acto del domingo por la tarde, el Santo Rosario, el Via Crucis y otras devociones. El día 15 de agosto tres grupos diferentes presididos por los PP. Superior, Prefecto y López, renovaron sus votos. En lugares escogidos del bosque, y siempre distintos, se reunían todos los que podían, a donde iban llegando por grupitos. También, los que pudieron, celebraron Misa, al principio en las parroquias, después en las casas teniendo todas las precauciones de vigilancia, pero la imposibilidad de reunión cada día era mayor. A mitad de noviembre el pánico resultaba enorme en algunas comarcas. Así hasta que lograron pasar al extranjero.

 

[1] Por esto a los misioneros claretianos se les llamaba los capuchinos.

[2] Archivo Provincial de Cataluña  (=APC)14 2 432, Memoria capitular del gobierno local de la casa de Solsona,10 de julio de 1936, p. 1.

[3] APC 14 2 432, Memoria capitular del gobierno local de la casa de Solsona,10 de julio de 1936, p. 19.

[4] Actas de los capítulos locales celebrados en esta casa misión de Solsona, tomo II. 1902-1956, p. 140.

[5] «Por vía de información y de orientación, pónense a continuación las familias que se ofrecieron a acogernos. Son entre otras las que siguen: a) Ciudad: Has Vilanova, Ms. Abras, Ms. Cassi, Pallarés, Romana Besora, Davesas (sastre), Soler (carnicero), Perejant, Ms. Valls; b) Campo. – Olíus: S. Miquel, Vilar. – Brichs. Rotés, Pla de Guday y Viladot; Clariana.Querol. – Lladurs. Horns, Ricart, Cinca. Clará Nogués y Pla. Besora, Las Planas.

Según información, una distribución parecida se tenía desde 1932.

[6] Actas de los capítulos locales celebrados en esta casa misión de Solsona, tomo II. 1902-1956, p. 146.

[7] APC 14 2 432, Memoria capitular del gobierno local de la casa de Solsona,10 de julio de 1936, p. 23.

[8] APC GC DO 51,  Arranz, A., La revolución en Solsona, manuscrito 1937, p. 2.

[9] Archivo General CMF GM 18 01 01, Misser, J. M., Relación de la persecución religiosa y revolución anarquista en Solsona en el segundo semestre de 1936, Beire 1937, p. 2.

[10] El documento original era el siguiente: APC 14 2 1142

«COMITE LOCAL DEL FRONT POPULAR A SOLSONA

En virtut d’ordres dictades pel Govern llegitim de la Generalitat de Catalunya, sou requerit d’ordenar l’immediat desallotjament de l’edifici comprensiu de la Casa-Missió i’ Esglesia anexa, amb totes llurs dependencies, en el termini máxim d’una hora, devent fer-vos avinent que de no complir amb exactitut el que se us ordena per mitjá  del present, seret castigats com a elements facciosos.

El que dec comunicar-vos pel vostre coneixement i efectes conseguents

Solsona, 21 de juliol del 1936.

El President

(sigue firma ilegible)

Sigue el sello del Ayuntamiento Const. de Solsona

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Sr. Prior dels Frares del Cor de Maria d’aquesta CIUTAT»

[11] Archivo General CMF CB 06 04, Codinachs, J. Mª, La revolución en Solsona, 1937, p.3.

[12] Archivo General CMF GM 18 01 01, Misser, J. M., Relación de la persecución religiosa y revolución anarquista en Solsona en el segunosemestre de 1936, Beire 1937, p. 5

[13] Arranz, A., La revolución en Solsona, 1937, p. 8.

[14] Archivo General CMF CB 06 04, Codinachs, J. Mª, La revolución en Solsona, 1937, pp.5-6.

 

[15] Quibus, J., Misioneros mártires Hijos del Corazón de María de la Provincia de Cataluña sacrificados en la persecución marxista, 2ª ed., Barcelona 1949, pp. 431-434.