Pedro Vives Coll

Vives, Pere

Nació el 23 de septiembre de 1874 en Palleja (Barcelona)

Profesó el 27 de diciembre de 1896

Fusilado el 19 de octubre de 1936 en Mas Claret-Cervera (Lérida)

 

En el pueblo de Pallejá, provincia de Barcelona, nació el día 23 de septiembre de 1874 el H. Pedro, hijo de D. Isidro Vives, labrador, y de Dª. María Coll, matrimonio muy cristiano. Cuatro días después fue bautizado en la parroquia de Santa Eulalia, de la diócesis de Barcelona y fue confirmado en noviembre de 1879 por el Exc.mo José María Urquinaona, Obispo de Barcelona.

Recibió la educación que por entonces se daban en los pueblos y cuando tuvo edad comenzó a trabajar en el campo como labrador con su padre. En este ambiente le surgió la vocación religiosa, que sus padres aceptaron con gozo.

Después de cumplir veintiún años ingresó el año 1895 en el colegio noviciado de Cervera, donde hizo el noviciado bajo la dirección del P. Crispiniano García y profesó el 27 de diciembre de 1896. Entonces aprendió el oficio de sastre.

Era corto de expresión, pero de confianza, y sastre de oficio, que desempeñó en Cervera. A principios de 1898 fue enviado a la comunidad de Medina de Rioseco (Valladolid) con el cargo de sacristán en la iglesia de Santo Domingo del antiguo convento dominico, que ejerció hasta mayo de 1908. El H. Pedro estaba dotado de clara inteligencia y tenía gran habilidad. Era hombre piadoso.

Misionero en Fernando Póo[1]. El día 25 de mayo de 1908 embarcaba con rumbo a las misiones claretianas en África.  El primer destino fue Banapá, luego Basilé y finalmente San Carlos. Fue auxiliar del Administrador de las Misioines, pues era hombre de toda confianza. En cualquier puesto que residiera se mostró muy servicial con todos, pero la debilidad de su salud se fue acentuando día tras día de tal modo que no podía continuar en aquellas latitudes.

En 1918 tuvo que dejar las misiones y volver a la península, siendo destinado a la casa generalicia de Madrid, sita en la calle de Buen Suceso. Era muy diligente en realizar los encargos. Todas sus ocupaciones le ayudaban a afianzarse y a santificarse de tal manera que le tenían por santo y modelo de porteros y sacristanes por su fidelidad, piedad y vida espiritual. Tenía u gran amor a Dios, un trato digno con todos y piedad intensa, reflejada en el cumplimiento exacto de todos los actos de comunidad. Su modestia y recogimiento exterior eran edificantes[2].

En 1935 obtuvo el permiso de poder pasar una temporada de descanso en la finca del Mas Claret, donde se recuperó bien y volvió a Madrid. Al verano siguiente repitió la experiencia y aquí le sorprendió la revolución marxista de 1936 sin que pudiera salir del lugar. Siguió la misma suerte de los que formaban la comunidad de refugiados alcanzando la palma del martirio el día 19 de octubre de 1936

[1] Evangelizadores de la Guinea española,  Barcelona 1948, pp. 164-165.

[2] Siervo de Dios Hno. Pedro Vives, en Boletín interno de la Provincia de Cataluña 23 (1961) pp. 424-427.