Francisco Milagro Mesa

Nació el 3 de diciembre de 1869 en Tarazona (Zaragoza)

Profesó el 6 de junio de 1887

Fusilado el 19 de octubre de 1936 en Mas Claret-Cervera (Lérida)

 

En la ciudad de Tarazona, provincia de Zaragoza, nació Francisco el día 3 de diciembre de 1869, hijo de Félix Milagro  y de Mariana Mesa, y recibió el bautismo al día siguiente en la parroquia de San Andrés de la Catedral de la ciudad y diócesis de Tarazona. La confirmación la recibió el 23 de octubre del año siguiente en la iglesia de Santa María Magdalena de la misma ciudad de manos del Exc.mo Cosme Marrodán, Obispo de Tarazona.

La primera formación la recibió en Tarazona según los planes de la época, de suerte que a los catorce años era un jornalero profesional.

Con dieciséis años cumplidos, 1885, ingresó en el colegio claretiano de Barbastro como aspirante a Hermano Coadjutor. Tras un breve postulantado correspondiente a su clase, en el mes de mes de junio de 1886 tomó el hábito iniciando así el año de noviciado, al cumplimiento del mismo emitió la profesión el día 6 de junio de 1887.

Su primer destino fue el mismo colegio de Basbastro donde desempeñó el oficio de cocinero. Dos años más tarde, 1889, fue enviado al colegio de Vic, como ayudante de otros Hermanos y después como sastre y sacristán. Con su porte modesto y con su fidelidad edificaba a los fieles. Después de más de 30 años de residencia en Vic, en marzo de 1921 los Superiores le enviaron a la comunidad de Cervera, que entonces era muy numerosa, con el cargo de sastre y de enfermero. Por sus buenas cualidades y virtudes los Superiores le concedieron ser director de Hermanos novicios y aspirantes en todo lo referente al trabajo manual. Según su biógrafo el H. Milagro fue «modelo de Hermanos Coadjutores»[1], que los informes resumen así: era persona de buena salud, instruido, buen cantor, muy observante, fervoroso, modesto, franco y dócil. Muy trabajador. Hombre de toda confianza. Paciencia heroica y humildad edificante.

En el desempeño de sus cargos se distinguía por su fidelidad, amor entrañable a sus subordinados, celo por la observancia, gran prudencia en corregir los defectos, dando ejemplo del cumplimiento exacto de las santas Constituciones. Por todo ello era muy querido, muy amante de la Congregación y de la pobreza religiosa.

De la casa de Cervera le sacó la revolución el día 21 de julio de 1936 y, después de varias peripecias, le llevó a la finca del Mas Claret. Aquí junto con los demás religiosos llevó vida de oración, se preparó para el martirio, que le llegó el día 19 de octubre de 1936 a media tarde.

[1] Berengueras, J. M., Siervo de Dios Hno. Francisco Javier Milagro Mesa, en Boletín interno de la Provincia de Cataluña 12 (1950) p. 194.