COMUNIDADES DE BARCELONA

En la ciudad de Barcelona los misioneros claretianos contaban con dos comunidades durante la «revolución marxista»[1] de 1936 bastante diferentes. Una era la curia provincial con colegio e iglesia pública situada en la calle del P. Claret del barrio de Gracia, por ello era llamada la comunidad de Gracia. La otra casa estaba situada en la calle Ripoll, en a la parte antigua de la ciudad, era de carácter generalicio y estaba dedicada al apostolado de la prensa, la editorial Coculsa, y la predicación.

La situación política de Barcelona desde la proclamación de la República era muy tensa. Los ánimos incendiarios y antirreligiosos se desataron inmediatamente.

No obstante el clima fuera cada vez más revuelto, los misioneros claretianos no pensaban tomar medidas. Así escribía el superior de la residencia de la calle Ripoll en 1933: «No nos afectan poco ni mucho los acontecimientos sociales porque confiamos en la protección de nuestra Madre del cielo»[2]. Esta actitud, al parecer, era un tanto común entre los misioneros[3].

Así lo demuestra otra carta del 1934: «En estos días hemos tenido que dormir fuera de casa; y suerte que las autoridades hicieron salir los soldados para vigilar; sino nuestra casa hubiera sido pasto de las llamas»[4].

Pero en la casa de Gracia, a causa del colegio, habían tomado algunas precauciones: «Desde hacía tiempo se notaba en Barcelona y en toda España un ambiente enrarecido, lleno de inquietudes, de temores y de expectación. Todos nos hacíamos la misma pregunta: ¿Qué pasará? Por la calle se notaba aversión a la Religión. Cuando pasaba por la calle algún sacerdote con su sotana muchas veces se oía  aquel ¡Toca hierro! tan frecuente en Barcelona y en toda Cataluña.

En nuestra Casa (Gracia), en previsión de lo que pudiera pasar determinamos hacer la cédula personal (carné) poniendo en vez de sacerdote, o religioso, maestro. A mí, como más tarde diré, ciertamente me sirvió. Y determinamos también llevar en las horas de clase y en el Colegio, una bata blanca de profesor, en vez del hábito clerical y religioso»[5].

Pero la siembra después dio su fruto de perversión abundante, así la califica un mártir[6], de manera que se desencadenó una auténtica persecución religiosa.

La victoria en Barcelona sobre la sublevación militar de los días 19 y 20 de julio de 1936 con la participación fundamental de la CNT-FAI, desbordó totalmente al Gobierno de la Generalidad. Su presidente, Companys, se mostró dispuesto a constituir el Comité de Milicias Antifascistas para mantener el orden revolucionario y el día 21 de julio emanó el decreto que permitía constituir tales organismos, con competencias superiores a los ayuntamientos. Con esta medida el Estado de Derecho quedaba desbordado, sin posible defensa de las personas y de las cosas,  y el poder quedaba en manos de los revolucionarios sin ley alguna, ni divina ni humana.

En estas circunstancias en vano pedían protección los religiosos a las fuerzas encargadas de mantener el orden público. En muchos casos ellas mismas dirigían los asaltos, de forma especial los guardias de Asalto.

 

Comunidades de Gracia

La casa situada en la calle P. Claret, era la segunda comunidad de la Congregación, después de la casa de Vich, y siempre fue llamada comunidad de Gracia porque se encuentra en dicho barrio.

En 1936 era la curia de la Provincia de Cataluña, además tenía un colegio de externos e iglesia pública, el popular santuario de Corazón de María con asistencia de fieles. Pero sus miembros también predicaban misiones populares, novenarios, Ejercicios Espirituales y otras pláticas en numerosos lugares. Por ello es fácil suponer que era una comunidad numerosa.

  1. Miembros de la comunidad

Los individuos, que se encontraban en ella el día 19 de julio de 1936, al estallar la revolución marxista eran sacerdotes, estudiantes, hermanos coadjutores y dos seglares, por un total de 58[7], distribuidos de la siguiente manera:

Sacerdotes

Alberto Goñi, SUPERIOR PROVINCIAL.

Agustín Blanch, cons. prov. 1°

Clemente Ramos, cons. prov. 2°   y secr. Prov.

Eduardo Fabregat, cons. prov.3°   y loc. 1°

Juan Gorgues, min. prov.

Cándido Casals, sup. loc.

Cirilo Montaner, cons. loc.    2°

Luis Morta, min. loc.

Santiago Martinez

José Sirvent

Jaime Ponsa

Antonio Cortadillas

Luis Massana

Luis Ribera

Francisco Morán

Antonio Junyent[8]

José Lletjós

Miguel Salavedra

Salvador Vilarrubias

Lorenzo Ortega

Manuel Pérez

David García

José Arumí

Julián Labastida

Francisco Bragós

Jesús Velasco

Luis Clará

Manuel Juncadella

Pdro Codina

Faustino Illa

Carlos Catá

Pedro Cormán

Estudiantes

José Arán

Antonio Badía

Adolfo de Esteban

Francisco Font

José Oliva

José Portolá

Hermanos

Ramón Ollé

Antonio Arcas

Manuel Piqué

Juan Capdevila

Víctor Vidal

Miguel Benet

Isidro Martínez

José Cerdá

Manuel Cascales

Segismundo Benet

Señores seglares

Pedro Palomas

Manuel Pallarés

Personal de paso

José Ramos

Telesforo Ascarza

Cesáreo Royo

Leandro Fanlo

Tomás Planas

Jaime Torras

Sr Mariano García

Hno Pedro Ollé

Algunos de estos estaban destinados al extranjero, como Antonio Junyent y Telesforo Ascarza a Argentina[9], Tomás Planas, a Roma, y Leandro Fanlo, que no pertenecían a la comunidad, a Marsella [10].

Situación política y dispersión de la comunidad[11]

En el mes de julio se palpaba la revolución. El 18 de julio por la tarde se presentaron algunos militares del cuartel Gerona, Cuartel de Caballería de Dragones de Santiago, pidiendo la confesión Porque no sabemos que será de nosotros mañana mismo ya que ha de haber un levantamiento militar. Ante estos rumores en la comunidad comenzaron las suposiciones. Unos pensaban que duraría poco y otros lo veían más oscuro.

El 18 de julio de 1936 por la tarde el gobierno provincial dispone de buena información sobre el Movimiento Nacional que se ha levantado en África. Esa misma tarde el gobierno provincial se reúne y toma las medidas que la prudencia aconseja. Posteriormente lo hace el gobierno local para resolver la gravísima situación planteada por ser comunidad muy numerosa y con enfermos en cama. Para evitarles más molestias la comunidad se retiró a descansar como de costumbre, pero tomando alguna precaución de vigilancia.

Al día siguiente, 19, por la mañana temprano, hacia las cuatro y media o cinco, ya retumbaban los disparos de fusiles, las ráfagas de ametralladoras, los sobrevuelos de la aviación y algún estampido de cañón. Los soldados salieron del cuartel con el fusil en mano recorriendo las calles. Esto obligó a los Padres a no salir de casa para celebrar la misa en las Capellanías[12]

La incertidumbre desapareció cuando se vieron circular flamantes automóviles de la C.N.T. A las 10 de la mañana se celebró en el santuario  la última misa al público de todo el período 1913-1941 con un solo oyente, desde el coro. La comunidad pasó la mañana del 19 en la oración, en la lectura de libros espirituales y en los actos de comunidad[13].

La dispersión desbandada. Desde hacía meses todos tenían a su disposición trajes de seglares en previsión de la tragedia que se avecinaba, pues, al menos, desde el 16 de febrero de 1936 se vivía en un clima «prerrevolucionario»[14] y se temían lo peor. Así escribía uno de los individuos de la comunidad: «Ya tenemos en el poder a muestro Sr. Azaña y Dios sabe qué barbaridades hará este hombre… No hay que hacer caso de este hombre que el día menos pensado nos hará una de las suyas. He de decirte que ya estamos algo prevenidos…»[15].

Antes de comer ya salió de casa un Padre. Después de la comida recibieron información de la quema de iglesias y conventos. Entonces se intentó inútilmente llevar a los enfermos a los hospitales y se indicaron a los miembros un domicilio más o menos seguro donde dirigirse. La salida de casa de los primeros ya fue entre los disparos provenientes de todas las direcciones sin que hicieran blanco por falta de tino. Las turbas, capitaneadas por guardias de asalto, hicieron el ataque a la casa e iglesia durante tres horas, de cuatro a siete de la tarde, con fusiles, botellas incendiarias e, incluso, con un cañón, La comunidad nunca ofreció una actitud agresiva o de resistencia activa, aunque los revolucionarios propalaron la mentira de que se habían resistido a la tropa, incluso disparando armas. En general los individuos de la comunidad se hallaban reunidos en el refectorio.

Incendio de la casa, del santuario y del colegio. Hacia las siete de la tarde comenzó a arder la casa por la parte de los recibidores, debido a las botellas incendiarias entradas por las ventanas, que en principio logró apagar el hermano portero, pero luego no hubo tal posibilidad. Los miembros restantes de la comunidad, entre ellos el P. Provincial con los enfermos, se refugiaron en la enfermería- botiquín cercana a la iglesia, desde donde vieron el incendio[16]. Las hordas revolucionarias entraron en la casa, subieron a las celdas rompiendo todo y tirando tabiques, y luego remataron la casa. Otro tanto hicieron con el colegio. En dos horas todo había terminado.

A medida que el fuego iba devorando la casa, los supervivientes se iban defendiendo corriendo de una a otra parte hasta que la humareda les obligó a entregarse habiendo antes todos recibido mutuamente la absolución, incluso el M. R. P. Provincial, quien formaba parte del grupo. «El P. Arumí tuvo un arranque de corazón. Con el valor que da la caridad, arrostró el peligro; se presentó a un grupo de asaltantes, pidiéndoles compasión para unos cuantos enfermos y otros tres o cuatro más que no habían querido abandonarlos.

¿Quienes sois vosotros? Preguntaron los revolucionarios.

Nueve Misioneros, los únicos que hemos quedado en la Comunidad, la mayor parte enfermos y ancianos. Nos entregamos a vosotros y sólo pedimos perdonéis nuestras vidas.

Que se presenten aquí todos, que no les haremos ningún daño, dijeron.

Vuelve con palabras de esperanza el P. Arumí; y como pudieron, fueron llegando; los sanos llevando a los enfermos, y todos con el terror de la tragedia en el semblante; todo un cuadro que está pidiendo un pincel que rezume dolor resignado, decían»[17].

Los sacaron al patio y los sometieron a registro, mientras un vejete decía a sus correligionarios: Si todos fueseis de mi parecer, estos frailes serían fusilados aquí inmediatamente. Y continuó acusando a los Padres, incluso de haber causado víctimas.

Una vez que  hubieron caído en manos de los revolucionarios, estos les preguntaron si habían disparado. Respondiendo unánimemente que no.

Y cosa rara, en este preciso momento se oye dentro de la casa un disparo.

¿Cómo decís que no disparabais y ahora mismo uno de vosotros acaba de disparar? Y dándoles a conocer que por este motivo se les iba a fusilar.

De pronto se oye una voz de otro piso que decía:

No han sido los Padres quienes han disparado, he sido yo.

Y a pesar de todo quedaron hechos presos y los llevaron a la Comisaría de policía de Gracia, instalada en la calle Puigmartí, n° 32.

La iglesia había quedado salvada por las puertas forradas de hierro, que resistieron los golpes. A eso de la una de la madrugada volvieron las turbas con planchas de hierro y fuertes martillos y lograron desvencijar una puerta. Reunieron los bancos y lo que podía arder y prendieron fuego. A la media hora cayó la cúpula y todo quedó destruido.

Al día siguiente, 20, el Comisario declaraba su inocencia y les dejaba libres.  Entonces, y por fin, los enfermos fueron llevados a la clínica Victoria. Pero los revolucionarios marxistas continuaron con la destrucción de lo que encontraban, crucifijos, cuadros, muebles, etc. y con el incendio del resto del edificio.

El colegio, por ser de construcción más moderna, sufrió menos el impacto, de modo que cuando Negrín trasladó el gobierno a Barcelona lo habilitaron para taller de reparación de autos.

 

Martirio y aceptación del mismo

Unos diez o quince días antes del estallido de la persecución religiosa por obra de los marxistas de izquierdas, el P. Alberto Goñi, Superior Provincial, en un sermón del domingo pronunciado desde el púlpito del santuario, hablando de lo que podía suceder, afirmó:

Si es necesario dar la vida, la daremos[18].

El día 19 de julio de 1936 por la mañana los fieles que fueron a la Misa de 9, la última celebrada al público, hablaron con los Padres Misioneros y encontraron a todos animados a derramar su sangre por Dios. Una vez dispersos los miembros de la comunidad, “las huellas santas de estos hermanos nuestros pierden su rastro, de modo que es imposible seguirlas en ningún caso hasta el final”[19]. Por otra parte la ciudad de Barcelona se convirtió en lugar de refugio para gente venida de fuera por el anonimato que hacía pasar inadvertidos a muchos. Cada uno se las apañó como pudo. El P. Faustino Illa se refugió en varios lugares, corriendo peligros en todos, hasta que en octubre decidió hacer la instrucción militar y enrolarse en el Ejército Popular hasta el final de la guerra[20]. Algo parecido hizo el P. Santiago Cabezón, expulsado de Játiva, que al principio se ocultó en casa de su hermana hasta el mes de agosto, y por causa de los registros, se vio obligado a hacerse miliciano rojo para aprovechar la ocasión de pasarse a la España Nacional[21].

Doce son los miembros de la comunidad que fueron fusilados.

En el templo restaurado, 17 de octubre de 1941, se les dedicó una lápida a los 18 mártires de Barcelona[22], encabezando la lista el P. Cándido Casals y cuyo texto[23] decía así:

heic – vita – moribvs – que – missionariorvm

heic – morte – fvso – que sangvine – martyrvm

anno – m – cm – xxxvi

grassante – per – hispaniam – marxistarvm – lve

testimonivum – fidei – dedere

pro – deo – et – patria

occvmbentes

CONGREGATIONIS –  NOSTRAE – FILIORUM – IMTI – CORDIS – B.M.V. – SODALES

qvorvm – svnt – nomina

candidvs – casals josephvs – oliva
gvmersindvs  – valtierra Antonivs – Badia
hyacintivs – blanch jochinvs – vilanova
petrvs – povs lavreanvs – muñoz
marcvs – ajvria marcvs – canals
Cyrillvs – montaner Isidorvs – martinez
ferdinandvs – Mallen victor – vidal
aloisivs – clara sigismvndvs – benet
adolphvs – de – esteban Joannes – capdevila

Iis – qve – simvl – omnibvs

in – memoriam – et – in – exemplvm – praesentibvs

HOC – IN TEMPLO – QUOD – ETIAM – FVERAT – IGNE – FERRO – QVE – LABEFACTATVM

tvm – demvm – pvlchrivs – exstrvcto

qvo – die – consecratvm – est

AB – EXCMO – ET – REVMO – P. FrIDERICO – COSTA – C.C. – EPISCOPO – TIT – TVBVNENSI

fratres – svperstites

menmosynom – peramanter – dedicavervunt

xvii – kal – nov – an. – m – cm  – xli

 

Comunidad de la calle Ripoll

La comunidad de la calle Ripoll era de carácter generalicio, por lo cual sus miembros recibían los destinos del Superior General y pertenecían a provincias diferentes, según las ocupaciones. Algunos provenían de las misiones de Guinea Española para ocuparse de asuntos correspondientes y de las revistas concernientes la materia misionera. Esta comunidad estaba integrada por los siguientes miembros.

Gumersindo Valtierra, sup.

Pedro Pous, cons. 1°

Marcos Ajuria,  “   2°

Joaquín Girvent, min.

P. Jacinto Blanch Ferrer

Fernando Mallén

Laureano Muñoz

Joaquín Vilanova

Marcos Canals

Esta comunidad tenía como principal ocupación la editorial y habitaba en una planta o piso de un edificio, por lo cual no tenía iglesia u oratorio abierto al público ni otros signos que pudieran llamar la atención de los revolucionarios marxistas. Este hecho podría considerarse como una garantía de seguridad, incluso algunos otros vinieron a refugiarse allí. Al principio fue así.  Pero, si se tiene en cuenta la ley sobre Asociaciones de 1933, eso era una simple ilusión, o hacer el avestruz.

Dispersión de la comunidad

Ya el mismo día 20 de julio por la tarde el portero del inmueble, Sr. Cipriano, les advirtió que, según confidencias, su permanencia en el piso ya era peligrosa. En vista de eso, sumieron la reserva del Santísimo y se despidieron unos de otros con un abrazo lleno de emoción y la promesa de mutuas oraciones. El día 21 de julio de 1936 se disolvió la comunidad y cada uno de sus miembros tuvo que buscarse refugio donde pudo. Algunos fueron a casa de amigos y de parientes de otros misioneros[24].

Los milicianos hicieron un registro y pudieron encontrar, o de hecho encontraron,  la lista y la foto de todos los individuos y la dirección de la casa donde se habían alojado. Otro tanto pudo suceder cuando apresaron a su superior, que con toda seguridad, llevaría la lista del refugio de cada uno. Con estas informaciones, cuando hacían los registros, iban sobre seguro y no se engañaban con las explicaciones que les daban. Por esta razón cayeron todos menos uno.

Los Misioneros Claretianos de estas dos comunidades que pagaron el tributo de su sangre al marxismo, fueron veinte. Pero no se ha podido abrir Proceso Canónico de todos ellos porque los últimos días de la mayoría de ellos han quedado en la oscuridad, sepultados por la maldad[25]. Las causas son, primera, que no ha sido posible encontrar testigos de los sucesos, como son los mismos asesinos y sus mandantes, y segunda, ni recoger datos concretos porque los criminales actuaban con estudiado secretismo y clandestinidad, como los regentes de las pensiones que delataban, las checas clandestinas, o San Elías, que no dejaban rastro.

Sólo se han hallado testimonios fehacientes de los últimos momentos de ocho Misioneros, de los cuales nos ocupamos a continuación.

 

[1] Esta es la expresión empleada por los mártires y los testigos del proceso.

[2] Gumersindo Valtierra, carta al P. Nicolás García, Sup. General, 30 de abril de 1933.

[3] Gumersindo Valtierra, carta al P. Nicolás García, Sup. General, 11 de diciembre de 193: «A causa del movimiento revolucionario han transcurrido tres o cuatro días de zozobra y ansiedades en Barcelona; pero a los del Piso nada desagradable nos ha sobrevenido a Dios gracias.

Verdad es que a gran distancia, han estallado muchas bombas y hasta se han registrado algunos muertos en la ciudad; pero nosotros tranquilos; tan solo hemos llegado a percibir alguna detonación que otra lejana. ¡Palmaria es la protección de nuestra celestial Madre; que continúe siempre amparándonos!, AG GV 01.29 81r-81v.

[4] P. Antonio Junyent Estruch, carta a su sobrina desde Berga (Barcelona), mayo de 1934.

[5] P. Manuel Juncadella, Un poco de historia de los años de la persecución, AG GJ 03.03.01 folio? SDA III.II 592.

[6] Est. Adolfo de Esteban, carta a su padre desde Barcelona, 11 de febrero de 1936.

[7] Quibus, J., Misioneros mártires. Hijos del Corazón de María de la provincia de Cataluña sacrificados en la persecución marxista, 2ª ed., Barcelona 1949,  p. 296 en su lista de mártires incluye al P. Santiago Cabezón que no figura en el Boletín de la Prov. de Cataluña 3 (1941) p. 110 no menciona.

[8] Estaba de paso para ir a Argentina. Pocos días antes se había despedido de su comunidad de Berga.

[9] Debían embarcarse el día 21 de julio en «Cabo San Antonio». Las circunstancias impidieron el tan ansiado viaje.

[10] Quibus, J.,  o.c., p. 325.

[11] Boletín Prov. de Cataluña, 3 (1941) pp. 109-118, escrito por el P. Eduardo Fabregat, testigo presencial y miembro del gobierno tanto provincial como local.

[12] Salvador Vilarrubias, Narración Cuatro meses en Barcelona roja, AG CB 06.06. 12??? SDA III. II P. 608.

[13] Boletín interno de la Provincia de Cataluña 8 (1946) p. 34.

[14] Boletín interno de la Provincia de Cataluña 1 (1940) p. 16.

[15] Est. Adolfo de Esteban, carta a su hermano Teodoro, Barcelona 20 de febrero de 1936, EsdD 198.

[16] Estos son sus nombres: enfermos: Padres Agustín Blanch, Santiago Martínez, H. Pedro Ollé y  Sr. Mariano García; ancianos, Padres Cirilo Montaner, José Arumí; del gobierno provincial, Padres Alberto Goñi, Sup. Prov., Eduardo Fabregat, Cons. 1°; José Ramos, llegado el día anterior de Roma, el H. Cascales, enfermero.

[17] P. Santiago Martínez, Narración Asalto y dispersión,  BolPCat 7 (1945) p, 101.

[18] Juncadella, M., Narración Un poco de historia de los años de la persecución, AG GJ 03.03.01  SDA III. II p. 592.

[19] Quibus, J., , o.c., p. 305.

[20] APC GC DO 49, Illa, F., Lecciones de la guerra de 1936, Játiva 1941.

[21] Sabadell, 29 de octubre de 1942, carta escrita al P. Nicolás García, Superior General.

[22] Boletín interno de la provincia de Cataluña 3 (1941) p. 156.

[23] Boletín interno de la provincia de Cataluña 3 (1941) p. 157 pone la traducción literal:

«Habiendo aquí vivido como Misioneros – habiendo aquí muerto, y con efusión de sangre, comártires, – el año 1936, – cuando infestaba a España la peste marxista, – dieron testimonio de su fe – al caer por Dios y por la Patria, – los miembros de nuestra Congregación de Hijos del Inmaculado Corazón de María, – cuyos nombres son:

Cándido Casals, Gumersindo Valtierra, Jacinto Blanch, Pedro Pous, Marcos Ajuria, Cirilo Montaner, Fernando Mallén, Luis Clará, Adolfo de Esteban, José Oliva, Antonio Badía, Joaquín Vilanova, Laureano Muñoz, Marcos Casls, Isidro Martínez, Víctor Vidal, Segismundo Benet, Juan Capdevila

Y pues que son ellos – de tan feliz recordación, de eficaz ejemplo- en este templo, que también fue maltratdo por el fuego y la piqueta, –  luego, por fin, con mayor arte acabado de construir, – sus hermanos sobrevivientes – a todos juntos les dedicaron con todo el cariño  este recuerdo, – el 17 de octubre de 1941, – día en que fue consagrado por el Excmo. y Rvmo. P. Federico Costa, Carmelita Clazado, Obispo Titular de Tubuna».

[24] Boletín interno de la provincia de Cataluña 4 (1942) p. 60.

[25] Estos son sus nombres: Pedro Pous, Marcos Ajuria, Fernando Mallén, Luis Clará, José Oliva, Antonio Badía, Joaquín Vilanova, Laureano Muñoz, Marcos Canals, Isidoro Martínez, Víctor Vidal, Segismundo Benet.

[26] Quibus, J., o.c., p. 305.