Ramón Roca Buscallá

Nació el 15 de marzo de 1889 en Alpens (Barcelona)

Profesó el 7 de junio de 1907

Fusilado el 28 de septiembre de 1936 en Cervera (Lérida)

 

En el pueblo de Alpens de la provincia de Barcelona y de la diócesis de Vich, el día 15 de marzo de 1889 nació Ramón, hijo de D. Alfonso Roca, sastre de oficio, y de Dª. Mercedes Buscallá, quienes le llevaron a la iglesia parroquial de Santa María para que recibiera el bautismo al día siguiente. En la misma parroquia recibió la confirmación de manos del Exc.mo José Morgades y Gili, Obispo de Vich, durante la visita pastoral, el día veintiuno de octubre de ese mismo año.

Su familia era numerosa, de la cual cuatro hijos fueron claretianos, dos Hermanos coadjutores, Ramón y Jaime[1], Gonzalo[2], estudiante, y Alfonso[3], sacerdote.

Ingresó en la casa noviciado de Cervera en 1906, donde hizo un pequeño postulantado para Hermanos coadjutores e inició el noviciado bajo la guía del P. Mariano Fernández, al cumplimiento del cual emitió la profesión el 7 de junio de 1907, fiesta del Sagrado Corazón de Jesús.

Después de la profesión continuó en Cervera desempeñando el oficio de sastre. En 1909 fue enviado a Solsona con los cargos de portero y sastre. En esta comunidad residió hasta el otoño de 1930, siempre de portero y sastre, como un verdadero maestro, hasta que por entonces volvió a Cervera. En esta comunidad también desempeñó el oficio de sastre y otros cargos, hasta la dispersión de la comunidad.

El Hermano Ramón era un religioso muy observante, piadoso, muy trabajador y dócil a los mandatos de los Superiores. Era un hombre de confianza como demuestra su cargo de portero.

Dispersión de la comunidad y refugios

En Cervera se encontraba cuando el día 21 de julio de 1936 la comunidad fue dispersada por orden de la autoridad civil. Como era el sastre se entretuvo junto con el Hermano Clotas en repartir los trajes de seglar y no partieron con la mayor parte de la comunidad se encaminaba rumbo a Solsona, sino que quedaron allí para acompañar a los enfermos al Hospital y después volvieron a la ex Universidad. Entonces uno del Comité les preguntó que a dónde pensaban ir y le respondieron que quizá a una fonda y él les aconsejó que era mejor una casa particular. Entonces el Hermano Ramón le dijo: «y ¿si fuéramos al Hospital?». A lo que contestó: «Es adonde mejor estarán, ya les acompañaré yo mismo con un coche». Y así fue. Allí se juntaron con los enfermos, en total eran 12, y hacían vida de comunidad[4]. El día 23 se trasladó a la casa de las hermanas Muixen, con las que pasó sólo un día. Al día siguiente, 24, fue a la casa de D. José Oliveras, donde estuvo 15 días, y de ahí a la casa Torner, porque la casa de Oliveras no le pareció segura ya que era sometido a persecución. Durante estos días hizo vida de familia y se dedicaba a rezar, principalmente el Santo Rosario. Aunque estaba preocupado por lo que pasaba no tenía miedo a la muerte y tampoco decía nada sobre los perseguidores. De la casa Torner fue al Mas Claret el día 13 de septiembre. Cuando llegó al Mas Claret exclamó:

¡Gracias a Dios, que podré oír Misa y comulgar!

Así lo hacía cada día. Después iba al bosque porque en la casa no tenía sitio, ni permiso. Convivía con algunos de la comunidad porque estaba allí como escondido. A todos trataba con gran amabilidad. Al bosque, una cueva, le llevaba la comida el H. Francisco Bagaría y pasaba el tiempo rezando el Santo Rosario y por la tarde iba a buscarle. Deseaba ir a Barcelona, pero el Comité no le extendió el pase.  Estaba muy resignado  y tranquilo. Nunca perdió la alegría de carácter tan suya.

Si nos matan, seremos mártires. Iremos al cielo donde estaremos mejor que aquí y no tendremos que escondernos.

Lamentaba los destrozos de la Revolución en personas y templos, mas decía:

Portémonos bien nosotros, que cada uno dará cuenta a Dios de lo que haya hecho y roguemos por los perseguidores para que Dios los ilumine.

Estaba preocupado, esperaba que se acabara aquel estado de cosas para poder volver al convento. Nunca habló mal de los perseguidores y no tenía miedo a la muerte. Decía:

Si tiene que venir, que sea cuando Dios quiera.

Detención

El día 18 de septiembre por la tarde fue detenido. Dos días antes, al atardecer cuando volvía con el H. Bagaría, este, al ver un bulto por el camino le dió un codazo, para que estuviera alerta porque iban hablando de la Revolución. Enseguida el H. Ramón respondió con voz alta:

Con este tiempo todavía volverá a llover. Ahora sí que me fastidiaría, porque todavía he de terminar la trilla.

El hombre pasó junto a ellos y se paró después de mirarlos. Seguramente confundió al H. Ramón con el párroco o rector de  San Pedro des Arquels, con el cual tenía cierto parecido, al cual buscaban los milicianos. Aquel hombre era un elemento destacado de las izquierdas de dicho pueblo. Dos días después miembros de la C.N.T.-F.A.I. de Cervera y el presidente del Comité de San Pedro se presentaron el Mas Claret preguntando por el párroco. Al decirles los misioneros que no estaba allí ni sabían dónde estaba, contestaron:

Si no está él, hay otro que se le parece.

Los del Comité amenazaron con hacer un registro por toda la finca, diciendo que le matarían. Temiendo que de esta manera encontraran al H. Roca, allí escondido, dijeron a los del Comité que tal vez se trataba de un Hermano que ya había pedido si podía estar con ellos en Mas Claret y todavía no había obtenido la respuesta. Entonces los del Comité dieron su palabra de honor de que nada le pasaría.

El H. Roca se resistía a presentarse porque temía lo que iba a ocurrir. No obstante accedió por el mal que podría sobrevenir a sus Hermanos.

Entonces el H. Senosiain le dijo al H. Roca de parte del P. Ribé, Superior en funciones, que se presentara, que habían asegurado que no le iba a pasar nada. El H. Roca respondió:

De la palabra de honor de esta gente no nos podemos fiar, mas , ya que lo dice el P. Ribé, me presento.

Fue por un acto de obediencia. Cuando llegó sólo estaban los Hermanos Bagaría y Ferrer. Los otros no tuvieron valor para salir a despedirle, pues tampoco se fiaban de la palabra de honor. Aprovechando la ocasión un poco mientras se cambiaba de ropar en el cobertizo, donde dormía y oía Misa cada día, llamó al H. Bagaría y le dijo:

No me fío de esa palabra de honor. Seguramente que me matarán. Estoy muerto. Rueguen mucho por mí, para que Dios nuestro Señor me dé fuerzas en aquellos momentos. Y yo, en el cielo, me acordaré de vosotros. Y sacándose una cartera, me la dio diciéndome:   ¡Mira a ver si puede hacerla llegar a mi hermano (religioso claretiano) como recuerdo de mi martirio. De las pesetas que tiene, hagan lo que les convenga, que a mí no me harán falta.

Al subir al coche dio la mano a los Hermanos Ferrer y Bagaría diciendo bajito:

Rogad por mí, que yo también rogaré por vosotros.

Al H. Roca lo llevaron a la ex universidad para hacerle un interrogatorio y a la prisión un día «paseándole» por las calles. La prisión había sido instalada en el convento Noviciado de las Religiosas cordimarianas. Luego le condujeron a la sastrería colectiva que habían montado en la ex universidad para confeccionar prendas para el frente. .En la sastrería se encontró con personas conocidas, como el Sr. Juan Solé Carbonel, sastre como él, con quien coincidió un día en la cárcel, con María José Oriol Massip. Un día estaba hablando con ella, cuando le llamaron y  se marchó al momento. No tenía miedo a la muerte. Ella le dijo:

¡Mire que le matarán!

¡Que me maten! ¡Contento!, respondió él.

Al H. Roca le llevaron a la sede del Comité Revolucionario, instalado en el convento de las Religiosas, y le metieron en prisión. Allí encontró al Sr. Solé. El camino de la ex universidad hasta la prisión fue presenciado por varias personas. A algunos conocidos, que vió detrás de los cristales de la ventana, como la familia de D. José Oliveras Riera, los saludó sonriente. En la prisión estuvo tres días. Según el testimonio de Juan Solé, el H. Roca en la prisión parecía inquieto porque pensaba que le matarían. No pudieron hablar mucho porque había mucha vigilancia. El día 24, Francisco, hijo del Sr. Solé, fue a visitar a su padre tres veces, primera para llevar el almuerzo, segunda, después de comer, y  tercera, por la tarde, para llevar un paquete de tabaco a cada uno, y también habló con el el H. Roca, quien le dijo:

¡Francisco, hasta el cielo! Hoy día de la Virgen de la Merced alcanzaré el martirio.

El H. Roca estaba muy animado, sereno, resignado y esperaba con ilusión el martirio. Antes de terminar el tiempo de su detención fue incomunicado, prohibiéndole hablar con el Sr. Solé, que estaba en la misma habitación. Tenía guardia armada siempre a la vista.

Al Sr. Solé le pusieron en libertad a las ocho y cuarto de la tarde por favores que había hecho a algunos de sus perseguidores.

Al H. Roca le sacaron de la prisión a las once y media de la noche y le llevaron al cementerio de Cervera. Según confesiones de Mercé, mujer de uno de los revolucionarios, al H. Roca le pusieron un traje nuevo diciéndole que era para ir a Barcelona a hacer compras de ropas y le condujeron al cementerio. Entre los asesinos estaban el Cadiraire y Juan el Xato, peón de albañil en Cervera, que pocos días después fue a trabajar al Mas Claret. Juan el Xato, hablando a sus compañeros de trabajo del H. Roca, al que llamaba el sastre, les decía:

He muerto a muchos sacerdotes y frailes, mas no había encontrado nunca ninguno que fuese tan (…) (valiente) como este, que en los momentos de llevarlo a la muerte, como él ya sabía, estuviese tan tranquilo.

El H. Roca tenía la fortaleza de la fe, pues lo mataban por se religioso. El Xato les comentaba lo que era la convicción de todos que: A ver si acabamos de una vez con esta mala gente, refiriéndose a los religiosos, y relataba que cuando le iban a fusilar le dijeron que se pusiera de cara a la pared y el H. Roca respondió:

Tanto se puede morir de cara como de espaldas a la pared. Por amor de Dios os perdono a todos.

Y continuaba el Xato que no había Dios y que al Hermano las balas le habían atravesado como a todos. Así, acribillado por las balas, murió la noche del 24 de septiembre de 1936. Fue enterrado en el mismo cementerio de Cervera.

[1] Nació el 23 de diciembre de 1895; profesó el 19 de marzo de 1912; murió el 5 de noviembre de 1980 en Viena.

[2] Nació 10 de enero de 1890; profesó el 19 de abril de 1908; murió en Solsona el 23 de febrero de 1916.

[3] Nació el 2 de mayo de 1897; profesó el 15 de agosto de 1914; ordenado sacerdote el 10 de junio de 1922; murió en Bata, Guinea Ecuatorial, el 23 de julio de 1963.

[4] APC  GC DO 64, Clotas, H, Relación, Narbona, 3 de junio de 1937, p. 1.