Pedro Sitjes Obiols

Nació el 17 de abril de 1900 en La Sellera (Gerona)

Profesó el 15 de agosto de 1916

Sacerdote el 6 de junio de 1925

Fusilado el 12 de septiembre de 1936 en San Martí de Tous (Barcelona)

 

El P. Pedro Sitjes era el ministro o ecónomo de la comunidad de la ex universidad cuando fue dispersada por el poder civil y había nacido en La Sellera, provincia y diócesis de Gerona, el día 17 de abril de 1900, hijo de Pedro Sitjes, labrador, y de Mariana Obiols. Dos días después fue bautizado solemnemente en la parroquia, donde también fue confirmado años más tarde.

En octubre de 1911 entró en el postulantado claretiano de Vich para cursar las Humanidades. Tuvo como Prefecto de postulantes al P. Gumersindo Valtierra, mártir en Barcelona. Terminados estos estudios en 1915 pasó a Cervera, donde funcionaba el noviciado bajo la dirección del maestro P. Ramón Ribera. Inició el noviciado con la toma de hábito el día 14 de agosto de ese año y profesó el 15 de agosto de 1916.

Los estudios de filosofía y de teología dogmática los realizó en el mismo edificio de la ex universidad de Cervera. En los días 6, 7 y 8 de mayo de 1921 recibió la primera tonsura y las cuatro órdenes menores de manos del Exc.mo Valentín Comellas, Administrador apostólico de Solsona.

En 1923 pasó a Solsona para cursar los dos años de teología moral. Al final del primer curso, el día 14 de junio de 1924, témporas de la Santísima Trinidad, recibió el subdiaconado de manos del mencionado Obispo. Pasados los intersticios, el 20 de septiembre de ese año, recibió el diaconado de manos del Exc.mo José Miralles, Obispo de Lérida. Al año siguiente, en Barbastro y en las témporas de la Santísima Trinidad, 6 de junio, fue ordenado de presbítero por el Exc.mo Valentín Comellas.

 

Cualidades. No tenía talento especulativo sino práctico, por eso sacó adelante los estudios con grande esfuerzo, sin embargo era una persona dócil, humilde, sencillo, de muy buena voluntad y dispuesto a todo.

Hombre de conducta ejemplar, prudente y formal.

Su primer destino fue la casa de Cervera con el cargo de Prefecto de postulantes y profesor de Historia de España. En 1927 fue trasladado a Barbastro  como coadjutor del capellán castrense al 10° Regimiento de artillería, pero la escasez de personal obligó al P. Provincial a nombrarle Prefecto de postulantes en sustitución del P. José Ribé, trasladado con dicho cargo a Cervera. También ejerció como consultor 2º. Según un informe no tenía carácter para exigir a los niños la disciplina que reclamaba una sólida formación, de modo que el cargo le resultaba grande. Para 1933 ya estaba de nuevo en Cervera con el cargo de Ministro, con lo cual fue un colaborador del P. Jaime Girón.

El día 21 de julio de 1936, al verse obligado a abandonar la residencia de la comunidad, se dirigió al hospital a pie y con la sotana puesta, a donde llegó media hora más tarde que los enfermos llevados en coche. En el hospital hizo vida de comunidad con todos los demás en las dos salas que les habían reservado. Como estaban encerrados y sin poder salir, se dedicaba a la oración, a la meditación y preparación para la muerte. Allí se encontraba como refugiado, mientras que los otros estaban como enfermos, por lo cual su situación no ofrecía seguridad. Su hermano Juan preparó toda la documentación y se presentó en el hospital para llevárselo fuera de Cervera, pero él no quiso salir por no abandonar al P. Girón. Estaba resignado y aceptaba el martirio, más bien lo deseaba, tal como había manifestado en varias ocasiones, incluso en cartas enviadas a la familia.

 

Martirio

Las cosas se complicaron todavía más porque había llegado una orden del Alcalde  imponiendo la salida de los PP. Girón y Sitjes y, por confesiones de algunos asesinos, se sabía que la vida de dichos Padres peligraba. Después de varias cavilaciones, el día dos de septiembre los Administradores del hospital aconsejaron al P. Girón que se marcharan lo antes posible los que pudieran porque se preparaba una hecatombe. En la madrugada del tres los PP. Girón y Sitjes salieron del hospital disfrazados de obreros a cierta distancia y se juntaron en el valle de las Forcas. El primero en llegar fue el P. Sitjes y cuando llegó el P. Girón, le preguntó:

¿Cómo le ha ido?

Muy bien hasta ahora, respondió el P. Sitjes. El saco y el rastrillo son un excelente disfraz en este tiempo de trilla.

Pues adelante y no nos detengamos, que no hay minuto que perder. Y ya que Dios nos separa, y no sabemos hasta cuándo, nos daremos antes mutuamente la bendición.

El primero se arrodilló y recibió la bendición del segundo. A continuación este se arrodilló y recibió la bendición del otro. Puesto en pie se abrazaron espontáneamente y ambos con los mismos presentimientos se despidieron:

¡Adiós, Padre, hasta el cielo!

Y se separaron. y cada uno marchó en una dirección sin tiempo que perder.

El P. Sitjes fue en dirección a Bergós y no tardó en llegar a la casa de Ramón Pamés, conocido suyo de Bergós. Allí estuvo unas doce horas y escribió una carta a su hermano para que fuera a buscarle a Igualada. La carta fue echada al correo por el Sr. Pamés. A eso de las dos de la tarde le acompañó en un carrito hasta unos campos llamados Els Condals, sin encontrar a nadie,  y le indicó el camino hacia Igualada sin pisar la carretera.

La carta llegó a su hermano el día 6 de septiembre, pero no se movió porque recibió otra carta de su hermano, pero el sobre estaba escrito por otro que le infundió temor. El P. Sitjes se encontró en Robinat con el joven José Ametller, que lo conocía por haber trabajado en la finca de Mas Claret y lo escondió en una cabaña. Siempre que iba lo encontraba rezando y muy resignado. El joven le indicó el camino a Igualada y el Padre salió solo por la noche con la intención de ir a su familia, pero que probablemente no llegaría y que si le mataban rogaría por él en el cielo.

Fue arrestado y asesinado sin que nadie lo viera hacia el 12 de septiembre de 1936. Su cadáver fue encontrado cuatro días después en la entrada de un bosque denominado el Farné de San Martín de Tous, provincia de Barcelona. Le identificaron por los objetos que encontraron junto a su cadáver cuatro días después del fusilamiento. Estos objetos eran un crucifijo relicario del P. Claret, unos rosarios, las lentes, la ropa con el número de identificación, una fotografía de su madre y los detalles de su fisonomía. Los del Comité mandaron quemar el cadáver. Los restos fueron enterrados allí mismo hasta que en 1940 fueron llevados a Cervera.