Luis Hortós Tura

Hortós Tura, Lluís

Nació el 8 de febrero de 1915 en Argelaguer (Gerona)

Profesó el 15 de agosto de 1931

Fusilado el 26 de julio de 1936 en Lérida

 

Luis nació el 8 de febrero de 1915 en el pueblo Argelaguer de la provincia de Gerona y fue bautizado solemnemente el día 14 del mismo mes y año en la parroquia de Santa María de dicho pueblo. Un tiempo después  recibió la confirmación.

Sus padres fueron D. Lorenzo Hortós, labrador, y Dª Magdalena Tura. Tuvieron cinco hijos.

Fue al postulantado de Barbastro en el verano de 1925 e inició los estudios de las Humanidades. En 1928 pasó a Cervera a continuar los estudios, en los que fue mejorando su rendimiento y aprovechamiento.

El 29 de julio de 1930 se trasladó a Vich para hacer el noviciado. El día 14 de agosto de ese año vistió el hábito e inició el año de noviciado, acabado el cual hizo la profesión el 15 de agosto de 1931.

Pocos días después fue a Solsona a fin de hacer los estudios de filosofía. Al día siguiente de su llegada, 27 de agosto, escribió a su madre para notificarle que el traslado de Vic a Solsona no fue el 17 como estaba previsto y él había comunicado, sino el 26 por circunstancias especiales; que el viaje lo hicieron en auto desde las 6,30 de la mañana hasta las 10 con breve parada en Manresa.

Los estudios de teología los inició en 1934 también en el colegio de  Solsona y los continuó en Cervera, a donde llegó el 26 de agosto de 1935. Entonces se le presentó el problema del servicio militar y envió a su familia los documentos necesarios. En las dos últimas cartas parece algo distinto, una de diciembre de 1935 a su madre para felicitar las Navidades, y la última del 20 de abril de 1936 a su hermano Pedro, evoca bastantes recuerdos de su infancia y de la importancia del sacerdocio y actividad misionera. En la última se refiere también a la situación política en estos términos:

«Por la situación actual religiosa y política no se angustien, aunque a veces hemos estado en peligro y en situaciones difíciles, sin embargo nunca nos ha pasado nada de especial. La Providencia de Dios es la que nos libra de todo peligro. Por eso tenemos que rezar con frecuencia a Dios que nos dé lo que más necesitamos tanto en el orden material como en el espiritual. Si lo hacemos  así y procuramos ser buenos de parte nuestra, ya verás como siempre viviremos con paz y tranquilidad».

En un primer informe su Prefecto en filosofía observaba que tenía buena salud, conducta y actividad normal, pero con algún aturdimiento mental. Posteriormente lo calificó como carácter tranquilo, sumiso, servicial y caritativo, piadoso. Religioso muy digno. Su talento era mediano.

Martirio. Siguió la suerte del grupo del P. Jové.