Juan Buxó Font

Buxo, Juan

Nació el 24 de octubre 1879 en Moncada (Barcelona)

Profesó el 25 de enero de 1915

Sacerdote el 18 de septiembre de 1920

Fusilado el 18 de octubre de 1936 en Cervera (Lèrida)

 

El P. Juan Buxó nació en Moncada, Barcelona, el 24 de octubre de 1879[1]. El 28 de octubre fue bautizado solemnemente en la parroquia de Santa Engracia de Moncada. Después recibió la confirmación. Sus padres fueron por D. José Buxó, médico cirujano, y Dª. Catalina Font, cristianísimos, que tuvieron nueve hijos, cinco de los cuales murieron siendo infantes y los cuatro restantes, tres hijas y Juan, tomaron el hábito y profesaron los votos en religión.

Juan era el mayor de estos cuatro, y cuando contaba dos años también estuvo a punto de morir como sus hermanos pero le llevaron a casa de unos tíos en Centellas y se recuperó de modo que no enfermó más.

La primera formación humana y cristiana la recibió en Moncada. Los domingos por la tarde asistía a la catequesis que impartía el párroco siendo el primero en puntualidad, aplicación y aprendizaje. Lo mismo le sucedía en la escuela municipal, cuyo maestro acompañaba a los niños los domingos a Misa. Ya entonces mostró tener sentido del deber. A los diez años hizo la primera comunión.

De pequeño se mostró tozudo y, a veces, desobediente. Era una demostración de su voluntad de hierro que demostró en sus estudios, en sus deberes profesionales o la defensa de la virtud en Barcelona.

Poco antes de cumplir los once años, septiembre de 1890, comenzó los estudios del bachillerato en el colegio de los Padres Escolapios en Sabadell, donde tenía una tía materna, en cuya casa residía, normalmente de lunes a sábado. Todos los días asistía a la misa del colegio y a otras funciones piadosas. Acabado el bachillerato en e verano de 1895, su padre le preguntó:

¿Qué quieres ser?

Quiero ser como usted; quiero ser médico para ayudarle a usted, dijo Juan.

Para entonces su padre ya tenía algunos achaques, su madre estaba delicada y él era el único varón, el mayor, que podría tener que encargarse de la casa.

En la Facultad de Medicina

En octubre de 1895 comenzó el año de ampliación previo a los estudios propiamente dichos de medicina, que constaba de seis cursos. El ambiente era de revuelta e indisciplina. La conducta ejemplar de Buxó contrastaba con la de muchos condiscípulos, que recuerdan su aplicación al estudio. Era tenido por sus compañeros como uno de los más aprovechados y competentes en la ciencia. En el curso del 97 obtuvo la plaza de alumno interno del Hospital de Santa Cruz, a que sólo podían optar los más sobresalientes. Se llamaban así porque además de asistir a las clases de la Facultad, iban al hospital a hacer prácticas bajo la dirección de los profesores e incluso hacían guardias de noche. Todos los sábados volvía a Moncada. Su buena madre le recordaba siempre que no dejara de rezar el Santo Rosario a diario, que confesase una vez al mes. Entonces se hizo miembro de la Congregación Mariana de los Padres Jesuitas. Vivió con cierto alejamiento del mundo, de los locales de diversión, pues eso no iba con su carácter. Su virtud era notoria, tanto que sus compañeros le llamaban Doctor Castus pero reconocían que era alegre y jovial., participaba en las fiestas y alternaba con todos con naturalidad.

Médico de Moncada

En 1902 obtuvo brillantemente el título de licenciado en medicina y cirugía y volvió definitivamente a su hogar de Moncada. Durante los primeros años fue ayudante de su padre, hasta que en mayo de 1908 le dieron oficialmente la plaza de Moncada. La vida en el pueblo era sencilla, dedicada a cumplir sus deberes religiosos y profesionales, al estudio pues no tenía ratos perdidos y no frecuentaba cafés ni lugares de diversión. Oía misa todos los días y practicaba otras devociones, como el retiro espiritual cada me s con toda la su familia. Buxó nunca supo que cosa era perder el tiempo. También era muy austero en el comer. Se hizo Terciario Dominico, como toda su familia.

Una faceta del Dr. Buxó, médico de Moncada, fue su dedicación al idioma Esperanto[2]. En este campo desplegó notable actividad llegando a publicar diversos artículos en dicha lengua en la revista Kataluna Katoliko y participar en congresos internacionales.

Se distinguió por su sencillez y modestia, aunque era elegante. No le faltaron proposiciones de matrimonio, pero siempre las rechazó porque no estaba hecho para eso.

Religioso en Cervera

Según cuenta su biógrafo, el Dr. Buxó venía madurando la vocación religiosa desde hacía tiempo. Su tendencia al recogimiento y austeridad le inclinaban a una orden contemplativa, pero su director espiritual le dijo que hacían falta obreros, o sea le orientaba a una Congregación de vida activa. El director le presentó varios institutos y el Dr. Buxó se decidió por los Misioneros Hijos del Corazón de María por la humildad y sencillez del Instituto.

El 13 de enero de 1914, con 34 años cumplidos, ingresó en el noviciado de Cervera, donde tomó el hábito el 23 de ese mismo mes e inició el noviciado bajo la guía del P. Ramón Ribera. A pesar de la edad y de las costumbres anteriores, se amoldó bien al estricto reglamento del noviciado con jóvenes, pues estaba hecho al orden y método y no buscaba exención alguna ni quiso privilegios. Destacó por su sencillez, humildad y mortificación, que casi era heroica. Sus compañeros lo apreciaban y veneraban y lo tenían por santo.

Acabado el año del noviciado emitió la profesión el 24 de enero de 1915.

Los estudios eclesiásticos no se presentaban fáciles por falta de preparación previa y por su edad, que no era la apropiada para aprender muchas cosas de memoria, pero su tesón y voluntad eran enormes. Nada más acabar el noviciado comenzó el estudio de la Lógica con un profesor para él solo y aprobó al final del curso. Durante ese verano de 1915 intentó hacer otro tanto con la Metafísica, pero tuvo que dejarla para curso regular. El 18 de julio de ese año recibió la primera tonsura y las cuatro órdenes menores en la misma casa.  En el verano de 1916 pasó a Alagón para cursar la Teología Moral, y al cabo de dos años volvió a Cervera para cursar la Teología Dogmática. El 20 de marzo de 1920 recibió el subdiaconado en Lérida de manos del Exc.mo José Miralles, Obispo de Lérida; el 29 de mayo, en Solsona, fue ordenado de diácono por el Obispo Valentín Comellas, y el 19 de septiembre de ese año, sábado de témporas, en Lérida fue ordenado presbítero por el Obispo de la diócesis antes mencionado. Cantó su primera Misa en la capilla de la enfermería por el afecto que tenía a sus enfermos y porque no le gustaba el boato ni el ruido.

Profesor, confesor y médico

Su biógrafo lo titula La cátedra, el confesionario y el arte de Esculapio[3] como síntesis de su vida y además afirma que toda ella se podría escribir en muy contadas páginas.

En Cervera quedó como profesor de matemáticas el curso 1920-1921 y en los cursos sucesivos de Historia Natural con Anatomía y Fisiología y Teología moral. No tenía especiales condiciones pedagógicas, pero el ambiente de colegio era lo mejor para él por su amor al trabajo, al método y al recogimiento. Era exigente con los alumnos pues no consentía la flojedad. Su sistema consistía en explicar todas las palabras del texto de manera que no quedase ninguna ininteligible.

Después de la ordenación intensificó sus servicios de médico. Con su actuación contribuyó de manera notable a mejorar la salud de muchos estudiantes. Su competencia profesional era reconocida por todos, especialmente por los médicos de Cervera, quienes cuando estaban enfermos preferían ser atendidos por el P. Buxó. El Dr. Nuix decía de él que «era muy competente y un talentazo en medicina. Todo lo nuevo de su arte lo estudiaba y estaba al tanto de las últimas novedades mejor que cualquier otro profesional». Y el Dr. Martínez confirmaba: «era un gran patólogo y cuando divagaba, era, casi sin exageración, todo un galeno. Tenía gran visión para conocer las enfermedades hasta por referencias, no rehuía dar consejo y dictaminaba con gran acierto»[4].

Además fue un gran confesor. Durante varios años fue confesor ordinario en la iglesia de San Antonio. Para cumplir con esta obligación debía levantarse antes que la comunidad. Por una parte tenía una gran intuición para penetrar en la psicología del penitente y, por otra,  era siempre puntual. Su estilo era sencillo y práctico para promover la virtud entre las gentes sencillas. Inculcaba el camino trillado del cumplimiento de los propios deberes y la práctica de los sacrificios oscuros del hogar.

Panorama espiritual

Era nn hombre de carácter práctico, de ideas sencillas, no de talento especulativo, sino de temperamento activo. No había cosa que le contrariara más que perder el tiempo. Tenía tendencia innata al orden y al método, quizá el rasgo más característico de su personalidad. Pero por otra parte era esclavo de los reglamentos. A todo iba presuroso, especialmente a los actos de piedad, pues decía: «A Dios no hay que sustraerle ni un segundo». Algunos le calificaban como «Hijo de Don Segundo» por su precisión matemática en todo, incluso en la meditación. Algunos intentaron imitarle, pero hubieron de desistir[5].

También era un asceta en aquellos tiempos de vida religiosa, dura de por si. El clima y el ambiente espiritual era una llamada al heroísmo. En esta perspectiva sobresalía por su  austeridad y la observancia de las reglas. Su inclinación a la penitencia era grande como demuestra el uso del cilicio y las disciplinas y su mortificación en las comidas. Entre sus propósitos desde el noviciado, se encuentra este: No quejarse nunca ni del frío, ni del calor, ni del cansancio físico  ni moral, ni de la falta de memoria…[6].

. En el convento atendía las llamadas para asistir a los enfermos con presteza y a cualquier hora de la noche. Cuando se sentaba nunca se apoyaba en el respaldo de la silla. Otro aspecto de su austeridad era su pobreza. El fue desprendido de todo ya antes de entrar en el Instituto y después se desprendió de todos los bienes. El uso del dinero no iba con él. Era muy delicado de conciencia. Un ejemplo. El P. Superior de Cervera buscaba un colector de Misas suplente de uno ya mayor y le sugirieron que se lo propusiera al P. Buxó. Este lo rehusó pues el manejo de dinero le inquietaba la conciencia[7].

También era un hombre muy piadoso y exacto en el cumplimiento de los actos de comunidad y lo manifestaba en su gran amor a la vocación, al Instituto, por el cual se sacrificaba.  El examen particular de conciencia lo hacía todos los días y no entendía la ley del mínimo esfuerzo que rige la vida de muchos religiosos. Con él no iba la mediocridad.

Su sencillez y humildad. Su presentación externa era sencilla siempre.

Refugio en el Hospital de Cervera y martirio

Al ser dispersada la comunidad por la fuerza revolucionaria el día 21 de julio de 1936 se refugió junto con el P. Jaime Girón en la Fonda Barcelonesa, donde estuvo dos días. Esos días celebró misa en la iglesia de San Agustín, a puerta cerrada, claro está, pero vistiendo la sotana, ante la comunidad de las Religiosas del Corazón de María. Al ser expulsada dicha comunidad y comprobar la inseguridad que ofrecía una pensión pública se refugiaron en el hospital el día 23 .La Junta del Hospital nombró al P. Buxó médico de guardia.

Él estaba con los otros religiosos claretianos, que al efecto las Religiosas les habían colocado en dos salas contiguas de la parte superior del edificio. Una de ellas servía de dormitorio y la otra para estar y celebrar misa y rezos. Además disponían de un cuartito donde guardaban en ur armario el Santísimo Sacramento. El P. Buxó disponía de habitación propia como médico de guardia.

Los Misioneros llevaban vida de comunidad claustral absoluta.

Durante su estancia en el hospital varias veces predijo que les fusilarían a todos.

De allí fueron sacados los Padres Estudiantes y Hermanos a las 11,30 de la noche del 17 de octubre de 1936 por Juan Solé, Enrique Ruana, el Magi Tita y un tal Gómez, alias el Chico. Enrique Ruana fue curado durante más de un mes por el Dr. Buxó y tenía odio a la Religión. Se le atribuían los asesinatos de muchos sacerdotes y de otras personas de orden.

Los disparos del fusilamiento de los misioneros claretianos se oyeron perfectamente desde el Hospital. Sor María Orobitg, espantada, fue inmediatamente para comunicarle la noticia:

!Padre, han matado a los Padres!

Contestó que había oído los disparos y añadió:

¿Qué le haremos? Son mártires. ¡Alabado sea Dios!

No había pasado una hora del fusilamiento y fueron a buscarle a el.

A Ruana que había curado el P. Buxó, este le dijo:

¿Tú también?

Al subir al camión Ruana le dijo: ¿Dónde quieres que te dé la inyección?

Donde quieras, respondió el Padre, refiriéndose al tiro que debía darle.

Además el Padre exhortó a sus verdugos a la conversión e hizo una reflexión a Solé, que tuviera en cuenta que después de esta vida existe otra y que había Dios. A lo que respondió que no creía en Dios y que no quería convertirse. Fue conducido al cementerio por los mismos asesinos en el segundo grupo con tres seglares en la madrugada del día 18 de octubre de 1936 en que fueron fusilados mientras gritaban ¡Viva Cristo Rey!

El mismo  Comité se cuidó del entierro. Fueron enterrados en el mismo lugar del asesinato.

[1] Quibus, J., Médico religioso y mártir. Esbozo biográfico del Revdo. P. Juan Buxó Font Misionero Hijo del Ido. Corazón de María, Madrid 1948.

[2] Cfr. Casanoves, M., El Esperanto en.., en Boletín interno de la Provincia de Cataluña (1963) pp. 210-213.

[3] Dios de la medicina según la mitología griega.

[4] Quibus,J., o.c., p. 176.

[5] Pastor Redondo, J., Recuerdos de nuestros mártires de Cervera, pp.7-8, APC 4 2 1102

[6] Quibus,J., o.c., p. 230.

[7] Pastor Redondo, J., Recuerdos de nuestros mártires de Cervera, p.19, APC 4 2 1102.