Enrique Cortadellas Segura

Cortadellas, Enrique

Nació el 3 de noviembre de 1909 en Olujas (Lérida)

Profesó el 31 de agosto de 1926

Sacerdote el 22 de septiembre de 1934

Fusilado el 25 de agosto de 1936 en Cervera (Lérida)

 

El P. Enrique Cortadellas nació en el pueblo de Olujas, provincia de  Lérida, el día tres de noviembre de 1909 y fue bautizado el día siete de ese mes y año en la parroquia de Santa María de dicho municipio, perteneciente a la diócesis de Solsona.

En la misma parroquia fue confirmado el 15 de junio de 1912.

Sus padres fueron D. Ramón Cortadellas, labrador, y D.ª Ángela Segura, honrados y piadosos, que tuvieron cinco hijos, dos de ellos claretianos, Enrique y Gabriel, que murió en Solsona el 7 de febrero de 1933.

Entró al postulantado de Vich en 1921, donde cursó las Humanidades hasta 1925, siendo su prefecto el P. Jaime Girón.

En la misma casa de Vich, el 29 de agosto de 1925 tomó el hábito e inició el año de noviciado bajo la guía del P. Ramón Ribera, y profesó el 31 de agosto del año siguiente.

Un día después se trasladó a Solsona para cursar la filosofía. Sacó adelante los estudios con bastante esfuerzo. El día 16 de agosto de 1929, por la tarde, él y todos sus compañeros, acompañados por el P. Cabra, salieron para Cervera por Manresa. Durante los cursos 1930-1932 coincidió con su hermano Gabriel, que obtenía calificaciones brillantes.

En la primera semana de febrero de 1931 recibió la primera tonsura de manos del Exc.mo Manuel Irurita, obispo de Barcelona. Al año siguiente, el 24 de enero, recibió las dos primeras órdenes menores, o sea el Ostiariado y Lectorado, de manos del Exc.mo Valentín Comellas, Administrador apostólico de Solsona. En septiembre de ese año viajó en autobús con otros hacia Solsona para recibir las otras órdenes, pero por un vuelco del autobús, que por especial providencia no cayó por un precipicio, no pudo continuar el viaje porque el coche que se prestó  sólo pudo llevar a cuatro. El 17 de septiembre de 1933 recibió el subdiaconado de manos del Exc.mo Valentín Comellas. El diaconado se lo confirió el Exc.mo Ramón Font, Obispo de Tarija, Bolivia, el día 26 de mayo de 1934. En Barbastro, el 22 de septiembre de ese año, recibió el presbiterado de manos del Exc.mo Nicanor Mutiloa, Administrador apostólico de Barbastro.

Su primer y último destino fue la comunidad de Cervera con el cargo de maestro en el colegio de niños. Aquí se encontraba cuando la comunidad tuvo que dispersarse el 21 de julio de 1936.

Cualidades. Según informes del maestro de novicios, era algo distraído, irreflexivo, pero dócil y con interés por corregirse.

Refugio y martirio

Cuando su familia se enteró que la ex Universidad estaba acordonada, su hermano José fue a buscar al P. Enrique y, después de no pocas peripecias, lo llevó a la casa de sus padres en Olujas, poco distante de Cervera, pensando que era un lugar seguro. Pero, como se ha dicho en alguna otra ocasión, la casa de los familiares encerraba muchos peligros como delación, registros, etc. En esta huida le acompaño el estudiante José Berenguer, también profesor de niños en el colegio. Este luego se marchó.

Durante el tiempo que estuvo en su casa, nos informa su cuñada Dª. Josefa Carulla que se dedicaba al rezo del Breviario con el único tomo que le habían dejado, el santo rosario en familia y les explicaba la vida del santo del día. También ayudaba en las faenas de la trilla y oras propias de una casa de labranza. Tenía un trato exquisito con todos. A pesar de que estaba tranquilo, las noticias que recibía sobre los fusilamientos de sus compañeros le hicieron sufrir mucho. ¡Perdió nueve kilos!

Sigue informando la citada cuñada del P. Cortadellas, que algunas veces, ante las noticias que llegaban, su madre le decía que sentía pesar por haberle permitido hacerse religioso. Él enseguida replicaba que lo dijese. Que si cien veces volviese a vivir, otras tantas ingresaría en la misma Congregación,  con riesgo de perder la vida. También le decía que estuviera tranquila, que si le mataban iría al cielo y rogaría por ellos.

También hablaba mucho con su hermano Tomás sobre los acontecimientos y le manifestó su presentimiento de que iba a morir mártir.

El día 24 de agosto volvió el estudiante José Berenguer y también llegó un aviso de que habían de venir los de la C.N.T. Por ello el P. Cortadellas y el estudiante pasaron la tarde escondidos fuera de casa. Viendo que no venían, al atardecer volvieron a la casa. Pero, a las once y media de la noche sonaron a la puerta golpes desacostumbrados. La cuñada del Padre se asomó al balcón y vio mucha gente armada. Era del Comité de Cervera, de la C.N.T., que pedía les abriesen la puerta. Su hermano José, antes de bajar a abrir la puerta, avisó al Padre y a su compañero para que escapasen aprovechando la oscuridad. Estos lo intentaron por la puerta del corral que daba al campo.

Al abrir la puerta, los dl Comité dijeron:

Venimos a hacer un registro. Sabemos que tenéis cosas de la Universidad de Cervera.

En ese momento escucharon el tiroteo dirigido a los fugitivos. No habían dado cuatro pasos cuando les echaron el alto y unos cuantos disparos. Ellos dijeron: Mira, ¡ya empiezan a cazar perdices! Entonces dos milicianos quedaron custodiando al hermano y cuñada del Padre y los demás fueron a por los Padres, que podían haber escapado. El P. Enrique al ver aquello volvió para atrás, pues dijo:

Prefiero volverme. Matarán a mi hermano y prefiero que me maten a mí.

Llamó a la puerta del corral y fueron a abrirle sus familiares acompañados por los dos milicianos. Al verlo, gritaron y dijeron:

Ya lo tenemos. Nos falta otro aún, refiriéndose a Berenguer.

El Berenguer se escondió en otro corral, donde lo encontraron y lo prendieron. A este le preguntaron quién era y uno de los milicianos comenzó a hacer un discurso anticlerical diciendo que estos no podían vivir en aquel régimen. El discurso duró casi hora y media. Al P. Enrique no le preguntaron nada. Por último dijeron: ¡Basta ya! Seguidnos, refiriéndose a los Padres.

Entonces el P. Enrique abrazó a su madre diciendo:

¡Adiós madre, hasta la gloria!

Los demás familiares también le abrazaron, de modo que no le dejaban  marchar. Fueron inútiles las tentativas de los familiares. Se lo arrancaron con violencia, a culatazos. El P. Enrique dijo en aquel momento:

¡Cuán doloroso es tener madre en ciertos momentos!

Los coches los había dejado a las afueras del pueblo, junto a laderas. El jefe de los milicianos dispuso que los llevaran a cada uno en un coche distinto. Al P. Enrique lo llevaron al coche, pero no lograban ponerlo en marcha. Los otros milicianos fueron a ver, quedando uno solo con Berenguer. El coche arrancó y llevaron al P. Enrique a Cervera. Berenguer al verse solo  con un solo miliciano, quien al  querer abrir la puerta del coche no pudo y se lo dijo al miliciano. Este se empeñó en abrirla con una mano mientras en la otra tenía la pistola. Entonces el Berenguer le dio un fuerte puñetazo en la mano que tenía la pistola, cayendo esta al suelo y al instante echó a correr. Se sucedieron gritos y disparos. Encendieron los focos del coche y rastrearon la zona sin éxito. Logró esconderse en un pajar.

Como se les había escapado uno, volvieron a la casa y se llevaron a José a Cervera. Allí, ante el Comité, se encontró con Enrique. No se dijeron nada porque había gente, pero pensaron que les mataban a los dos. A José le dijeron; Cómo es que tuvieses esta gente en casa. ¡Habías de coger una pistola y matarlos!. Él respondió: ¿

Así se han de matar los hermanos?  Ellos contestaron: Pues al menos los habías de echar.

Entonces el P. Enrique, para salvarlo, dijo:

Él ya quería echarme. Mas estaba el padre  y no pudo hacerlo.

Uno de Cervera que conocía a José, dijo: A este dejadle, yo le conozco, es trabajador, labrador. Y dos milicianos le volvieron a su casa a las cuatro de la madrugada.

Al P. Enrique, esa misma madrugada lo llevaron al cementerio. Según confidencias de un miliciano, la ejecución fue así: le habían atado las manos con un cordel rojo; antes de que le fusilasen pidió a los verdugos que le dejasen rezar. Se lo concedieron. Se arrodilló, y como tardase en terminar, le dijeron:

¡Bueno, ya hay bastante!

Le mandaron que se colocase al lado de  otro sacerdote de Gramuntell que habían matado, y se negó. Entonces dispararon

Era el 25 de agosto de 1936.

Al enterarse del asesinato la familia Turull ofreció un nicho para su enterramiento y después de  algunas gestiones, lo enterraron en un nicho de la dicha familia.