Buenaventura Reixach Vilaró

Nació el 20 de abril de 1860 en Olost (Barcelona)

Profesó el 19 de marzo de 1888

Fusilado el 18 de octubre de 1936 en Cervera (Lérida)

 

En el pueblo de Olost, cercano a Vich, de la provincia de Barcelona, cuna de buen número de claretianos, nació el H. Buenaventura Reixach el 20 de abril de 1860 y al día siguiente fue bautizado solemnemente en la parroquia de Santa María de Olost, de la diócesis de Vich. Poco tiempo después, el 3 de julio de ese mismo año, recibió el sacramento de la confirmación de manos del Exc.mo Juan María Castanyé, Obispo de Vic, en la mencionada iglesia parroquial.

Sus padres fueron D. Juan Reixach, sastre por tradición familiar, y Dª. María Vilaró, que tuvieron diez hijos, siendo Buenaventura el segundo. De ellos cinco murieron pronto.

Ingresó en el postulantado de Vich el día 1 de agosto de 1886. Al año siguiente hizo el noviciado bajo la dirección del P. Martín Alsina y profesó para siempre el 19 de marzo de 1888.

Permaneció en Vich hasta octubre de 1892 en que se trasladó a Santo Domingo de la Calzada (Logroño). Seis años más tarde fue destinado a Alagón (Zaragoza). En 1914 pasó a Cervera.

Desempeñó los oficios de refitolero, hortelano y cocinero.

Era un hombre muy sencillo y bueno, piadoso. Se le veía rezar mientras trabajaba en la cocina, en el refectorio y de manera especial en el fregadero causando admiración por su duro, humilde y constante trabajo.

Así lo reflejan los propósitos de ejercicios espirituales de febrero de 1934:

«1º. Propongo ser puntual a los actos de Comunidad y rezar con el tono y pausa que los demás.

2º. Procuraré dejar limpias y ordenadas las cosas del fregadero y prestar o dejar con caridad todo lo que necesiten».

Martirio

El H. Buenaventura Reixach, el día 21 de julio de 1936, al ser expulsada la comunidad del edificio de la ex Universidad, fue llevado junto con los enfermos al hospital de la población. Allí fue colocado con los demás misioneros en dos salas del piso superior donde continuaron con la vida conventual dedicada a la oración y el silencio como se ha dicho anteriormente.

Se le ofreció la posibilidad de salir del hospital con destino a su pueblo. La promovió José Solé, Vocal de la Junta Revolucionaria del hospital y uno de los que más tarde les condujo a la muerte. Firmó una carta, pero la contestación con la ejecución del traslado llegó después del asesinato.

Este tuvo lugar el día 18 de octubre de 1936. En efecto, el día anterior, a eso de las 11,30 de la noche llegó al hospital un grupo de milicianos dirigidos por Juan Solé y Enrique Ruana para sacar a los misioneros con el pretexto de trasladarlos a otro asilo de Barcelona, pero los misioneros comprendieron la realidad, como se ha dicho antes, y en poco tiempo los hicieron subir a un camión para llevarlos al cementerio de la ciudad. Allí tuvo lugar el fusilamiento mientras los misioneros gritaban ¡Viva Cristo Rey!