Antonio Casany Vilarassa

Casany, Antonio

Nació 4 de diciembre de 1895 en Riudeperas (Barcelona)

Profesó 15 de agosto de 1920

Fusilado el 11 de agosto de 1936 en San Pedro des Arquels (Lérida)

 

Antonio Casany nació en el pueblo de Riudeperas, provincia de Barcelona, el día 4 de diciembre de 1895, en el seno de una familia numerosa de siete hijos, ocupando Antonio el cuarto lugar. Sus padres fueron D. Juan Casany, labrador, y Dª. Antonia Vilarasa.

Fue bautizado el día 5 de diciembre en la parroquia de Santa María de Calldetenes, diócesis de Vich. Más tarde recibió la confirmación.

A primeros de noviembre de 1918 entró en Cervera como postulante hermano.

Tomó el hábito el 14 de agosto de 1919 e inició el noviciado teniendo como maestro de novicios al P. Ramón Ribera. Hizo la profesión el 15 de agosto de 1920. Después de la profesión continuó en la comunidad de Cervera desempeñando los oficios domésticos propios de los Hermanos Coadjutores. Dado que su salud era regular sólo podía desempeñar los oficios más sencillos, pero sus condiciones para el trabajo eran muy buenas.

Su maestro de novicios lo consideraba el tipo del hombre bueno, tranquilo, laborioso, piadosísimo y docilísimo. Tenía buen talento y era muy humilde y mortificado. Era tan bondadoso y simple que los estudiantes y Hermanos coadjutores le llamaban Fray Junípero.

Martirio

Al estallar la Revolución, el H. Casany estaba en Cervera. De allí salió con los demás hacia Solsona el día 21 de julio de 1936, pero, como se ha dicho antes, fue a parar a San Ramón y a los dos días llegó al Mas Claret, día 24.

Aquí pasó dos días dedicados a tareas propias de los Hermanos Coadjutores y a rezar el Santo Rosario, pues estaba convencido de que le matarían. Por ello decía que había que rogar por los perseguidores para que Dios les iluminara.

Al salir del Mas Claret por superpoblación se dirigió al Mas Rosich, llevando dos vacas de la finca Mas Claret, porque los milicianos se llevaban todo, de las que se ocupaba el H. Casany además de ayudar en las faenas de la casa, de la trilla. En esta casa pasó tres semanas. Durante este tiempo el Hermano continuaba con sus rezos en particular, siguiendo los horarios conventuales, y con la familia rezaba el Santo Rosario. Su vida de piedad la conservó siempre. Por otra parte hablaba poco y su estado de ánimo era cupo, pues ansiaba volver al Mas Claret, pero la familia le disuadía de ir por el peligro que corría. Solía decir que si no podía volver a la Congregación, no sabría cómo vivir.

Cuando iniciaba el trabajo se hacía la señal de la cruz y los otros trabajadores le decían:

No hagas esto, que te matarán.

Él respondía:

Si no podemos hacer esto, tanto da que nos maten.

El 10 de agosto por la tarde se presentaron en el Mas Rosich unos de Cervera, capitaneados por el tristemente famoso Casterás, el Félix y el Estruch. Dieron unas vueltas en auto, por lo cual el dueño pudo escapar, e hicieron un registro y preguntaron si había algún fraile escondido. El Casterás encontró al H. Casany ordeñando las vacas y le obligó a ir a la era. El Casterás le dijo al criado: ya podías decir que no tenías fraile. El criado dijo que aquel era un criado que habían alquilado hacía pocos días. El H. Casany no dijo nada. El Casterás le hizo subir al auto para llevarlo a Cervera, pero antes los milicianos se dieron un hartazgo de vino. Cuando iban de viaje fueron arrollados por el tren en un paso a nivel de Montpalau, arrastrándoles más de trescientos metros, pero salieron ilesos. Mientras los arrastraba el H. Casany sacó el rosario. El Casterás al verlo le dijo:

¿Ves como eres un fraile?

No les pasó nada. Sacaron el coche de delante del tren, subieron al tren y llegaron a Cervera.

Hechas unas diligencias volvieron con dos coches al Mas Rosich llevando al Hermano y al sacerdote Juan Nadal, que habían cogido en la masía  del Frare de Vergós Garrejat. Con ellos iban ocho o diez milicianos comandados por los tres mencionados. En el Mas Rosich, ya a eso de las nueve de la noche, brindaron por Baco de igual manera que antes del accidente y, de resultas, largaron lo que les había ocurrido durante el día. Obligaron al criado, Sr. José Duch, a que les acompañara a la carretera y durante el trayecto no hicieron otra cosa que procurarles malos tratos y vejaciones a los dos detenidos. Quisieron desnudarlos y hacerlos cantar canciones inmorales, pero no lo consiguieron.

Cuando llegaron al Mas de l’Alán hicieron bajar a todos de los autos. Al criado le dijeron que se podía marchar. El H. Casany preguntó al otro si era sacerdote y sin esperar respuesta se le arrodilló a los pies.

Inmediatamente el Félix disparó a los dos. El criado que estaba a unos metros, oyó los disparos, creyendo que iban para él y escapó. Y no oyó más.

Sus cadáveres fueron quemados completamente por orden del comité de Cervera.