COMUNIDAD DE CERVERA

La comunidad y sus relaciones con el ayuntamiento

De Cervera se ha hecho mención a propósito de casi todos los mártires claretianos reseñados hasta el momento. Ello da una idea de la importancia que dicha ciudad ha tenido en la vida de la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María. La razón es que desde 1887 tenían  establecida su residencia en el edificio de la ex Universidad fundada por Felipe V. El edificio, majestuoso y grande, estaba situado en lo alto de la ciudad. La universidad fue cerrada en 1842 con decreto de Espartero.

En un edificio tan grande siempre hubo una comunidad muy numerosa porque allí funcionaron varias secciones, en ciertos periodos simultáneamente, cuales el noviciado, estudios de filosofía y de teología, postulantado, sede del gobierno general y después del gobierno provincial.

El día 21 de julio de 1936 la comunidad estaba constituida por 116 religiosos, distribuidos de la siguiente manera: 30 Padres sacerdotes, 51 estudiantes profesos y 35 Hermanos coadjutores. Algunos estaban en la finca de Mas Claret, distante seis kilómetros. Además había 63 niños postulantes, que fueron distribuidos pronto entre sus familias. Un grupo de estudiantes había salido antes con destino a Barbastro y otros lugares. De los 116 religiosos 67 fueron sacrificados, o sea dieron su sangre por Dios.

En aquella fecha el superior era el P. Jaime Girón.

La situación de la comunidad en Cervera no siempre fue fácil, sino todo lo contrario. Las causas eran varias, entre ellas la que derivaba del mismo edificio, que era pretendido por el ayuntamiento. En 1916 hubo un acto de conciliación entre las partes, pero los problemas siguieron vivos. En 1922 todo seguía en discusión, como relata el P. Federico Codina Picassó:

«Una vez más nuestra Universidad de Cervera está enzarzada con el ayuntamiento de aquella ciudad por obra del secretario paniaguado de Marcelino Domingo.

Trátase, según vino a decirme el Superior accidental de la Universidad por motivo de inquilinato, etc., de unas 500 pesetas anuales.

Para defenderse les convendrá a nuestros PP. tener una copia con acta notarial  de la Real Orden en que se prueba que la Universidad no es de propiedad nuestra. Tal Orden, excusado es decir, que no la facilitará aquel Ayuntamiento; en la Delegación de Hacienda de esta Capital no hemos podido encontrarla.

Se impone pues buscarla en el Ministerio de Hacienda para lo cual ayer escribimos al P. Postíus, pero la huelga de correos nos ha partido por el eje. ¿Quién sabe si V.R. podría hacer algo?

La Real Orden de referencia es de 8 de mayo de 1887 cediendo la Universidad de Cervera en usufructo  al Municipio de aquella ciudad»[1].

Al final obtuvieron que alguien sacara del Archivo Municipal la pícara R.O.[2].

 

La República

Desde el advenimiento de la República en 1931 la situación empeoró para la comunidad claretiana «debido, sobre todo, al furioso sectarismo de un Centro ferroviario, en donde se celebraban frecuentes mítines con conferencias impías y blasfemas que terminaban siempre concretando sus ataques a Dios y a la Religión en ataques, amenazas e instigaciones al asalto de la morada de los Padres, que estaban allí como baluartes y defensores de uno y de otra. Ello ocasionó a los nuestros días de verdadera zozobra, hasta el punto de obligarles en más de una ocasión a tomar prudentes precauciones para evitar serios disgustos»[3].

El mismo P. Codina, siendo superior de Cervera, escribía al P. General, Nicolás García, el día 25 de julio de 1933:

«De allanarnos a ceder, en la forma indicada sobre inutilizar la futura acción demandante de indemnización, damos agallas a la codicia del poderoso Centro Local Izquierdista empeñado en aventarnos de Cervera el día, que no parece lejano, en que sea dueño del Ayuntamiento. Tal piensan los sinceros amigos, poquitos en estos trances, entre los cuales hay que destacar a abogado tan ponderado como el Sr. Razquin».

Los tratos con el Ayuntamiento eran necesarios, pero resolvían poco, porque las autoridades superiores tenían proyectos propios. El 9 del mes de agosto de ese año, el P. Codina escribía de nuevo al P. General, presentando la hipótesis de tener que abandonar el edificio:

«Ayer noche el Ayuntamiento de esta Ciudad dió, por fin, su brazo a torcer aceptando las bases propuestas por el Gobierno General, y apreció muy gustosamente subscribirían todos y cada uno de los extremos. Si no que sospechan ellos mismos, los individuos del Concejo Municipal, que no serán ellos los llamados a decir la última palabra, por cuanto se anuncia para un día de esta semana la visita de Gasol, Barnés (hermano del Ministro) y otros adláteres asesores que van a llegar con vistas a liquidar nuestro asunto, al igual que el parecido a ventilarse en Igualada con Padres Escolapios y en Seo de Urgel con Hermanos de las Escuelas Cristianas. […]

Según ellos, podemos encontrarnos entre las tenazas del siguiente dilema: o salirnos con indemnización, o a violencia descarada. En el caso primero (diz que el más probable) ¿cuál indemnización parece a V. Rma. solicitemos? Aquí en diferentes consejos habidos para tratar de esta posibilidad, hemos señalado como tope máximo la cantidad de 700.000 ptas. (hecho cálculo aproximado sobre obras de reparación y consolidación y encima el perjuicio irrogado al desposeernos de un edificio cuyo arriendo no hemos disfrutado más que en un plazo muy inferior al estipulado en los contratos fundacionales)».

Pero durante estos tratos el Ayuntamiento cambió los términos del discurso haciendo pasar a los frailes como quienes ofrecían cuando era la corporación quien pedía, debido a la presión que ejercían los izquierdistas.  El caso es que los Misioneros cedieron una parte del edificio para colegio. El director del nuevo Instituto de segunda enseñanza le informó que la Generalidad había impuesto la inauguración de este Instituto al igual que otros de Cataluña y el Consejero de Cultura le había dicho que en caso de negarse la Universidad a ceder el local acariciado, la Generalidad oficiaría lo pertinente, que en lenguaje llano quiere decir que enviaría acá Delegado acompañado de fuerza pública, para desalojar lo que convenga[4].

 

1934: revolución de Asturias y rebelión de la Generalidad de Cataluña

En octubre de 1934, el día 6, cuando estalló la revolución de Asturias y la rebelión de la Generalidad en Barcelona al proclamar el Estado Catalán, el Ayuntamiento de Cervera, del que se apoderaron los revolucionarios (esquerranos), dió orden al P. Superior, Jaime Girón, de abandonar la Universidad en 24 horas. Menos mal que el movimiento fracasó en Barcelona esa misma noche, si no a correr.     En mayo del año siguiente, parecía que las cosas estaban bien. Así lo escribía el 25 de mayo de 1935 el P. Girón, superior local, al P. Felipe Maroto, superior general: «También estamos en paz y aún con muy buenas relaciones con las autoridades». Pero la situación política no mejoraba y cundía la opinión de abandonar el edificio, como el mismo P. Girón escribía al P. Ramón Ribera en noviembre de ese año y le informaba: «además es de opinión general ya en la Provincia que esta Casa de Cervera ya no interesa y perjudica la marcha de la misma con sus enormes gastos de todo género que aumentan de día en día al inutilizarse el inmueble y muchas de sus instalaciones, y el Mas sin Cervera no tiene objeto y ventaja alguna económica, ni de otra clase».

 

1936: presiones políticas  para que abandonasen el edificio

En 1936 la situación general empeoró después de las elecciones generales de febrero, pero en Cervera tomó un sesgo particular, que afectaba directamente a la comunidad.

La alarma llegó también al postulantado después de las mencionadas elecciones generales. Para entonces ya se había planteado la necesidad de abandonar el edificio de la ex Universidad a la cual iba unida la venta del Mas. El gobierno provincial, a petición del gobierno local, aprobó la venta der algunas parcelas del Mas, pero no se decidió por la venta total, como se pedía, porque ello comportaba el cierre de Cervera, sobre lo cual respondía el gobierno provincial el 27 de febrero de 1936: «es cosa que podrá estudiarse sobre todo en el caso en que nos obligaran a dejar el Colegio de Cervera, o lo abandonáramos voluntariamente cosa que a no pocos halaga teniendo en cuenta que los Estudiantes actuales podrían colocarse en otros Colegios con menos gastos. En el sentido indicado es como recomienda la instancia al Gobierno General para la debida aprobación este Gobierno Provincial».

La situación política empeoraba. Así lo describe el P. José Ribé, prefecto de postulantes, al P. Bernabé Rami, en carta del 23 de marzo de ese año:

«Aquí durante la primera semana llovieron varias cartas reclamando a sus hijos pero sólo se presentaron dos familias que se los llevaron y aún no han vuelto. Por ahora mejor sigan fuera hasta que el horizonte descargue de una vez. Por ahora tranquilidad en todo; salimos de paseo etc. con toda naturalidad pero el día que empiecen en Bar… ya podemos prepararnos el ambiente se va cargando».

En abril de ese año tuvieron un aviso serio, como para haber tomado alguna precaución. Así lo narra el P. Julio Leache a su hermano Expectación en carta del 11 de abril de 1936:

«Hace días quisieron hacernos una los 140 (más o menos) comunistas que alberga nuestra ciudad cervariense. Trataban de apoderarse del Ayuntamiento, que está por elección popular en manos de las derechas y luego obligarnos a desalojar la Universidad en algunas horas».

El P. Juan Prats describía la inestabilidad en que vivían en estos términos:

«Nosotros por aquí en Cervera estamos por ahora tranquilos, antes del aplazamiento de las elecciones municipales estábamos francamente preocupados y no sin fundamento pues que la cosa entonces se presentaba bastante negra; de momento parece que se ha impuesto el seso a las conveniencias de los gobernantes pero de todos modos esto podría cambiar en pocas horas; que Dios nos tenga de su mano»[5].

Todavía había más optimismo. El estudiante Teófilo Casajús, seguramente orientado por su P. Prefecto, escribía a sus padres el 2 de mayo de 1936:

Hace unos días nos cambiaron el Ayuntamiento que nos protegía, ahora tenemos uno de izquierda que sin embargo empieza portándose muy bien; veremos en qué para; hasta ahora no hemos tenido que soportar la menor molestia; si no fuera por las noticias que tenemos, pensaríamos que estamos en la mejor situación del mundo».

El P. Jaime Girón, el 18 de ese mismo mes, orientó a Andorra la excursión de los niños del colegio de externos. Su intención era buscar un edificio donde albergar a los estudiantes de Cervera, e incluso de toda la provincia. Se enteró minuciosamente de las condiciones de vida en aquellos lugares. El proyecto no salió adelante porque no dependía de él y los designios de Dios eran otros. A los fugitivos de la guerra que pasaban por allí a Francia, les decía la gente: «esta es la casa que iban a alquilar ustedes»[6].

La situación, sin embargo, no era idilíaca. Pocos días más tarde, el 26 de ese mes,  el P. Girón, superior de la casa, escribió al P. General, lo siguiente:

«ya hace algunos días que se sigue contra nuestro Ayuntamiento, que es de orden, y muy temible es que le destituyan de un día para otro, y luego… Dios dirá. Corren que nos sacarán de casa. Para el año próximo si nos dejan acabar este en paz, no confiamos poder abrir las escuelas».

Ya el 6 de junio de 1936 el P. Girón tuvo que comparecer en el Ayuntamiento a requerimiento de la autoridad civil y le intimaron de viva voz la orden de desalojar el edificio antes del día 10 de ese mes. De todo ello, como es natural, informó al Gobierno Provincial. La situación no mejoraba, si no todo lo contrario.

El P. Girón respondió que tal orden era contraria al contrato de 1887, al Estatuto Municipal, que no concede tales atribuciones a los Ayuntamientos, a la ley de inquilinato y a la ley de Confesiones y Congregaciones, «en su virtud me creo en el derecho y el deber de formular recurso de reposición ante V. S. esperando que se reconocerá la justicia del mismo, dispuesto a llevarlo adelante en el caso contrario, que muchísimo sentiríamos por las buenas relaciones que siempre hemos procurado tener con esa Corporación de su digno cargo.

Hago este recurso autorizado expresamente por el M. R. P. Juan Postíus, Procurador General de la Congregación y Apoderado General de la misma con quien debiera en adelante entenderse esta digna Corporación, sabiendo que reside accidentalmente en Madrid, Buen Suceso 22».

Ese mismo día 6 intervino el P. Postíus ante el Exc.mo Señor Don José España. Consejero de Gobernación, recordando que la orden de desahucio  dada por el Alcalde de Cervera, todo en virtud de órdenes emanadas por la Generalidad de Cataluña y del Gobierno de Madrid, era contraria a las normas vigentes. «Lo insólito del anuncio, lo ilegal del acuerdo y la gravedad del mismo no se ocultan a V. E. Aunque el acuerdo no violase el contrato existente desde 1886 entre la Comunidad y el Ayuntamiento … es evidente que vulnera el Estatuto Municipal, la vigente ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas y la ley de inquilinato con la agravante de desahuciar a una Comunidad legalmente inscrita en el Ministerio de Justicia, de más doscientos individuos en pleno curso escolar.

La mayor parte de ellos, de ser de distintas provincias y aún naciones y de contarse varios enfermos graves en la misma. A ningún particular se desahucia de esta forma y menos al que goza del dominio útil de una finca en virtud de un título perfectísimo. Si a esto se añaden las amenazas veladas y que acaso se tradujesen en realidades contra la huerta y contra las personas, resalta lo absurdo de semejante acuerdo y la necesidad que tenemos de la protección urgente de V. E. que consideramos segura, sin necesidad de acudir al Excmo Señor Ministro de la Gobernación».

El día 17 de junio el P. Girón fue convocado a Barcelona por el Comisario de Gobernación, Sr. España. A las ocho de la noche se entrevistó con el Sr. Magre y el Sr. Alcalde y dejaron el asunto en manos del P. Postíus y del Sr. Comisario.

El día 19 de junio de ese año, el P. Girón escribió de nuevo al P. General con motivo de la venta de  las parcelas del Mas Claret, y le comunicó lo siguiente:

«Me encuentro en Barcelona llamado por el Consejero de Gobernación de la Generalidad; quieren sacarnos de la Universidad a todo trance y pronto  y temo que perderemos el pleito. En este caso urge todavía más liquidar el Mas en buenas condiciones pues ya no rendirá como hasta aquí por los cambios que forzosamente pedirá su explotación».

Después de todos estos tratos, el P. Girón, en contestación a la orden de viva voz, escribió al Sr. Alcalde de Cervera, D. Domingo Puigredon, que los Superiores le «han respondido le ruegue a Vd. que quiera darme por escrito y de oficio los citados extremos y otros que tenga a bien comunicarme. Asunto tan grave creen y desean los Superiores que se tramite legalmente y con documentos acreditativos».

El P. Girón era favorable a dejar un edificio tan grande porque tal como estaba constituida la comunidad no favorecía ni la formación ni la economía ni la disciplina. Así se lo escribió al Secretario General el día 15 de julio de 1936:

«El asunto de esta casa está in statu quo, parece con todo que por no entenderse lo quieren la cosa se va dejando para resucitar el día menos pensado. El M.R.P. Juan de Queralt (Jian Postíus) ha tomado muy a pecho el no dejar la casa. Sin oponerme tampoco a los Superiores opino que nos interesa dejar este edificio por los conflictos frecuentes, que influyen en el nerviosismo del Colegio muy malo para la formación por sus malas condiciones higiénicas: humedad, frío, sin agua, de locales inhabitables en muchas épocas del año….

Además aquí nos molestarán siempre y ahora especialmente con contribuciones y quizás quitándonos el agua etc. etc.».

Según relata el estudiante de Cervera en aquellos días, Ignacio Ting Pong Lee, el día 20 de julio de 1936 el alcalde comunista de Cervera decretó huelga general, lo que impidió que pudiese entrar en la población el carro que conducía la leche del desayuno desde el Mas Claret. Las tiendas cerradas y las calles desiertas hacían de Cervera la ciudad de los muertos[7].

 

  1. Incautación de la ex Universidad y dispersión de la comunidad

 

Antes se ha hecho mención de la orden dada en octubre de 1934 de desalojar la Universidad, que no se ejecutó por el fracaso militar, pero en el mes de julio de 1936 la situación cambió por completo, pues en Barcelona triunfó la revolución marxista y también en Lérida. El día 21 de julio de 1936 el propio Presidente de la Generalidad de Cataluña, Sr. Companys, autorizó la incautación de los edificios religiosos y ese mismo día por la mañana el edificio de la ex Universidad estaba rodeado por gente armada, por lo cual el P. Superior dio orden de que no se asomaran a las ventanas para evitar una posible desgracia. Ese mismo día, a las cuatro de la tarde, el alcalde mismo de Cervera transmitió por teléfono al P. Superior la orden de abandonar la ex Universidad en el plazo improrrogable de una hora. Esta orden era un medio para evitar que la fracción más izquierdista del Ayuntamiento llevara a cabo su intención de  librarse de los religiosos por medio del asesinato. Así pudo ser porque los más exaltados salieron en un camión hacia Barcelona y al volver no tuvieron el pretexto de su presencia.

Los miembros del “nuevo Ayuntamiento” se reunieron en uno de los recibidores de la ex Universidad, una vez que los frailes lo habían abandonado por fuerza, procedieron a la incautación del edificio. El acta, firmada por todos los presentes, relata que la incautación comprende los muebles y todo lo que hubieran en su interior, de los que se hará inventario en su día y declaran que el edificio pasa a formar parte del patrimonio municipal de Cervera[8]. El 1 de septiembre siguiente, el Comité local de Defensa Antifascista de Cervera extendió otro documento con el cual el edificio incautado por ellos pasaba a posesión del pueblo[9].

Antes de que el P. Superior diera la orden a sus súbditos, el edificio estaba rodeado por gente armada. Algunos parecían no entender el alcance de la orden, o ser reacios a la misma. De ello se encargaron pronto los milicianos:

¡De prisa! ¡De prisa! Si no, ya veréis lo que os espera…

Se sumió el Reservado, o sea las Hostias consagradas, en las diversas capillas. Los frailes tuvieron que dejar el hábito por el traje seglar y se presentaron ante el portón de la huerta, pues el P. Girón consiguió que la salida fuera por allí en lugar de la puerta principal para evitar más publicidad. Dos se resistieron a salir, pero a una nueva orden del Superior bajaron, eso sí, con sotana, que se quitaron al día siguiente. Antes de salir les cachearon cuidadosamente para ver si llevaban armas. Les hicieron dos registros.

En el primer cacheo comenzaron con los Postulantes, que no sufrieron nada. Inmediatamente llegó el turno a los Estudiantes, que iban pasando el cacheo con más demora. Un chileno poseía una maquinilla fotográfica que tenía temor  a que no se la dejaran pasar. «Verdad que una maquinilla de ese género puede encerrar la clave de muchas soluciones! Yo me encargué de hacerla pasar. Llegóme a mí el turno. Con el Kodak en la mano me presenté.

¿Cuál es su nombre? Interrogó un amigo que tenía la lista de la Comunidad.

Ignacio Ting Pong Lee Gill, respondí. El buen hombre se enredó con el nombre (razón tenía para ello) y busca que busca y no lo encontraba.

Déjeme Vd. la lista, le dije, que ya se la busco yo. Aquí está ¿Ve? Se escribe Lee y se pronuncia Li.

Y ponía la crucecita con lápiz al lado del apellido. … Terminó felizmente el cacheo sin ninguna cosa inconveniente.

Estos valientes defensores de la vida común no querían dinero, y ¿para qué lo iban a querer si todo el comercio de Cervera se efectuaba por medio de bonos?

Tocaba ya a su término el cacheo cuando uno de los comunistas gritó:

Todos en  fila y junto a la pared.

Una corriente de pánico corrió por los cuerpos de todos. Muchos rostros perdieron el  color. ¿Nos ponían en fila y frente a la pared con el fin de pasarnos por las armas? Así pensaron muchos a juzgar por las expresiones que dejaron escapar. Uno que estaba a mi lado dijo:

Aquí nos fusilan a todos.

A otro señor le temblaban las piernas como las hojas que el viento agita en otoño y vínole tal desfallecimiento que tuvo que sentarse encima de una maleta.

Felizmente nuestros enemigos se olvidaron de los Postulantes que estaban al otro lado de la Plaza, así no se les molestó más. De nuevo las mansas ovejitas pasaron entre las garras de los lobos para ser poco menos que desollados. Esta vez nos quitaron absolutamente todo.

A los Padres el Breviario y otros libros, y a todos cualquier escrito que llevaban encima fruto, en muchos casos, de largos años de paciente y concienzuda labor como sucedió al P. Julio Leache a quien quitaron el manuscrito de una obra que preparaba para la prensa, y al R. P. Luis Pujol la mitad de su tesis doctoral en Sagrada Escritura que preparaba para el año próximo.

… La cosa fue al terminar este segundo esquileo, apenas había individuo que tuviera otra cosa en los bolsillos que la maquinilla de afeitar, y aún gran parte sin ningún menester personal»[10].

Los revolucionarios preguntaron al P. Superior a  dónde disponía que fuera trasladada la comunidad. Este les respondió que al colegio de Solsona y, si no era posible, al lugar más cercano a la frontera francesa.

En la puerta aguardaban unos autobuses para trasladarlos. En los autobuses salieron 15 Padres, 44 estudiantes, 25 Hermanos y 63 postulantes. Otros 21 quedaron en Cervera acogidos en casas particulares y en el hospital los ancianos y enfermos. Al hospital fueron llevados en coche porque no se valían por sí mismos los PP. Heraclio Matute, Luis  Jové y José Serrano; los Estudiantes José Ausellé y Manuel Solé; los HH. Coadjutores Francisco Canals, Buenaventura Reixach, José Ros y Miguel Rovira. Media hora más tarde, hacia las cinco y media, llegaron por su pie el P. Pedro Sitges y el H. Ramón Roca[11]. En la finca de Mas Claret estaban otros 11, a los que atrapó la revolución.

Los autobuses se dirigieron a Solsona por indicación del P. Superior por creerla lugar seguro. El viaje tenía tintes trágicos. En el autobús reinaba un silencio sepulcral hasta que el estudiante Lee Gill entonó el Santo Rosario, los misterios de dolor, como inicio de su pasión. Al principio casi nadie contestaba. La caravana de autobuses pasó por San Ramón en absoluta tranquilidad. Bastante a las afueras se encuentra el cementerio. A una señal del coche guía se paró la comitiva. «Figúrese, amado Padre, el efecto que produciría en nosotros la asociación de estas ideas: afueras de San Ramón, Cementerio, Pararse los autos.

Ya estamos, exclamaron muchos, aquí nos fusilan»[12].

Era al paso por Portell donde se detuvieron los coches. «Ya les podríamos matar aquí», gritó un desalmado. «Yo llevo siete balas». «Guárdalas, que  no te faltará ocasión de usarlas», dijeron otros[13].

A mitad de camino, en Torá fueron detenidos por los revolucionarios, donde algunos querían matarlos. Unas mujeres gritaban desaforadamente: «¿A qué llevarlos a Solsona? Cuatro gavillas bastan para convertirlos en guano para los campos». Los milicianos, como de costumbre, alardearon de cinismo. Por allí salió un miliciano con un fusil y bombas de mano y le dijeron: «Tú haces cara de fascista», y amenazó con echar una bomba[14]. Después de cavilaciones fueron llevados a San Ramón, convento de los PP. Mercedarios, que les dieron acogida.

Al día siguiente, 22 de julio, hubo cierta tranquilidad y los postulantes fueron llevados a sus casas y los Estudiantes José Loncán y Evaristo Bueria al hospital de Cervera.

Día 23. Por la mañana pudieron celebrar misa y algunos estudiantes renovaron sus votos y dos hicieron profesión perpetua aunque no correspondía. Pronto cambió la situación al correr la voz de que los comunistas de un pueblo cercano vendrían a incendiar el convento. Los misioneros claretianos tuvieron que abandonar el convento y, debidamente autorizados por el Comité, en grupitos de tres se dirigieron a la finca del Mas Claret. Los fugitivos no llegaron a la casa sino que se quedaron en el bosque a pasar la noche para evitar sorpresas desagradables. Desde allí pudieron ver las llamaradas de las quemas de conventos, iglesias y su ajuar.

A las ocho de la mañana del día 24 se presentó en la finca un grupo de comunistas capitaneados por el Alcalde de Cervera para hacer un registro, pero en realidad para requisar y  llevarse todo lo que les sirviera. Se incautaron de todo y a los propietarios les prohibieron usar sus bienes incluso para comer. Se intentó que a los estudiantes extranjeros se les llevara a los consulados de su país. A los demás se les distribuyó en dos grupos que debían marchar aquella misma tarde para aprovechar la oscuridad y el frescor de la noche. Se realizó el acto de despedida en la capilla, en la que el P. Felipe Calvo exhortó a todos a permanecer fieles a Cristo en medio de la persecución: todos los estudiantes juraron fidelidad ratificando su juramento depositando un beso en los pies del Crucificado.

Se hicieron dos grupos. El primero estaba compuesto por 15 religiosos, 14 estudiantes y un sacerdote. Los estudiantes eran los siguientes: Onésimo Agorreta, Amado Amalrich, Javier Amargant, Pedro Caball, José Casademont, Teófilo Casajús, Antonio Cerdá, Amadeo Costa, José Elcano, Luis Hortós, Senén López, Miguel Oscoz, Luis Plana, Vicente Vázquez. El sacerdote era el P. Manuel Jové, que debía guiar al grupo a Vallbona de las Monjas, su pueblo natal, pero no pudo llegar a destino, como se dirá más adelante. El segundo grupo, dirigido por el P. José Mir, llevó la dirección a Bellvís, su pueblo natal. En estos pueblos esperaban encontrar refugio mientras pasaba el vendaval de la persecución. El segundo grupo consiguió su objetivo.

A eso de las dos de la tarde, después de comer, el grupo se puso en marcha. La despedida de sus compañeros fue emocionante:

Adiós, hasta el cielo. Sea todo por la gloria de Dios y de la Congregación.

[1] Lérida, 20 de agosto de 1922, al R. P. Rosendo Ramonet.

[2] Lérida, 9 de septiembre de 1922, al P. Juan Postíus. «Muy amado Padre: Agradezco en el alma la carta de V.R. y las orientaciones que me dio para hacernos con el documento de referencia aunque g. a D. ya no serán necesarias por ahora. Providencialmente llegó a nuestras manos la pícara R.O. sacada del Archivo Municipal de Cervera, que es como decir sacar piedra en la cantera misma de nuestros amigos.

Muy reconocido…».

[3] Quibus, J., Misioneros mártires, 2ª ed., Barcelona 1949, p. 136.

[4] Carta del P. Federico Codina al P. Nicolás García, Superior General, del 11 de novembre de 1933.

[5] Cervera, 14 de abril de 1936, carta a su tío Antonio Catá y Simó.

[6] Pastor Redondo, J., Trayectoria de un martirio. Esbozo biográfico del siervo de Dios Rdo. P. Jaime Girón Puigmitjá, C.M.F., Madrid 1961, p. 250.

[7] Lee, I. Ting Pong, Diez días de comunismo en España: 21.07.1936 – 31.07.1936, p. 2.

[8] APC 14 2 1180, Acta d’incautacio. A la Ciutat de Cervera á vint-i un de juliol del mil  noucents trenta sis. Reunits en un dels recibidors de l’edifici de l’ex Universitat, el Sr Alcalde accidental en Dionis Jové Castá, amb els Consellers Senyors Joan Solé Boria, Josep Farré Bonastre, Josep Casanelles Prats, i de l’infrascrit Secretari de l’Ajuntament en Pere Daniel Amilibra i Aramendi, procediren á la incautació de l’esmentat edifici.

Abandonat l’edifici de l’ex-Universitat pels Pares del Inmaculat Or de Maria, que fins la data d’avui l’ocuparen, el Senyor Alcalde President da l’Excm. Ajuntament de Cervera procede á l’ocupació i incautació del imoble amb tots els seus accesoris, mobles, objetes compresos al seu interior, i que en sou dia seran inventariats en forma; declarant que tant l’edifici con tot el seu contingent, quedava adscrit i unit al patrimoni municipal de Cervera, possessionat-se de les claus de l’edifici tot seguuit.

Amb lo qual es dona per terminada la present acta d’incautació i possessi´n, firmant tots els concurrents els veius Joan Fornells  Plana, Francisco Ara Montagut, amb el secretari que certifico.

[9] APC 14 2 1175, COMITE’ LOCAL DE DEFENSA ANTIFEIXISTA – CERVERA –

Possesionats els representants  de el Comité Central de Milicies Antifeixistes de aquesta ciutat al local de la ex Unviersita, s’alça la present acta de incautació de aquest edifici el cual passa a esser propietat del poble.

I per a que constit s’extent la nateixa a Cervera primer de septembre de mil noucents trenta sis.

Ciutadá Alcalde de Cervera.

[10] Lee, I. Ting Pong, Diez días de comunismo en España: 21.07.1936 – 31.07.1936, pp. 5-6.

[11] Quibus, J., o.c., p. 174.

[12] Lee, I. Ting Pong, Diez días de comunismo en España: 21.07.1936 – 31.07.1936, p. 6.

[13] Pastor, J.,  Trayectoria de un martirio, Madrid 1961, p. 259.

[14] Ibidem, p. 260.