Joaquín Gelada Hugas

Nació el 5 de diciembre de 1881 en Olot (Gerona)

Profesó el 11 de septiembre de 1898

Sacerdote el 30 de septiembre de 1906

Fusilado el 14 de octubre de 1936 en Torrelavega (Santander)

 

El P. Joaquín Gelada nació el 5 de diciembre de 1881 en Olot (Gerona) y  fue bautizado al día siguiente en la iglesia parroquial de San Esteban.  En esta misma fue confirmado el 11 de octubre de 1882 por el Exc.mo Tomás Sivilla, Obispo de Gerona.

Sus padres fueron D. Jerónimo Gelada, de oficio cordero o cordelero, y Dª Inés Hugas. Tuvieron familia numerosa. Joaquín fue mellizo de Jerónimo, sacerdote secular. Recibieron buena formación humana y religiosa.

En la escuela demostró sus cualidades, aplicación y obediencia. A los 10 años comenzó el estudio del latín en la preceptoría de D. Bartolomé Jordá. Ese año pasó por Olot un Misionero del Corazón de María suscitando la vocación misionera de los hermanos Gelada.

Los dos hermanos, Joaquín y Jerónimo, ingresaron en el postulantado claretiano de Barbastro en 1892. Mediado el curso, Jerónimo tuvo que volver a casa por enfermedad y a final del curso también se presentó Joaquín en Olot, porque, según un informe «no da señales de verdadera vocación». Ambos continuaron los tres cursos de Humanidades en la dicha preceptoría y para la Retórica fueron al seminario conciliar de Gerona.

En agosto de 1897 Joaquín fue al noviciado de Cervera, donde realizó el año de prueba bajo la dirección del P. Antonio Sánchez, quien a mitad del noviciado reconocía su buen carácter pero dudaba de su vocación. Emitió la profesión el 11 de septiembre de 1898.

En el mismo colegio continuó los estudios filosóficos. Durante el segundo curso recibió la primera tonsura el 20 de mayo de 1899 de manos del Exc.mo Ramón Riu, Administrador apostólico de Solsona. Los estudios teológicos también los realizó en Cervera. Durante el segundo curso de teología recibió las cuatro órdenes menores, el 11 de febrero de 1902, de manos del Exc.mo Juan Belloch, Obispo de Urgel.

En el verano de 1904 se trasladó a Santo Domingo de la Calzada para cursar la teología moral. Al acabar los estudios recibió el subdiaconado el 1 de julio de 1906 y el diaconado a la semana siguiente de manos del Exc.mo Armengol Coll, Vicario apostólico de Fernando Póo. Con dispensa de los intersticios recibió el presbiterado el día 30 de septiembre de ese año de manos del Exc.mo Andrés Ferrero, Obispo dimisionario de Faro en la misma ciudad de Santo Domingo de la Calzada.

En octubre de ese año 1906 marchó a Aranda de Duero para realizar el año de preparación al ministerio. En la visita que hizo el P. General a la casa de Aranda habló con el P. Gelada y le preguntó sobre su disponibilidad para la predicación, quedando que su destino sería al final del curso. El P. Gelada pensó que sería enviado a América. Así lo escribe a principios de  enero de 1907 a su hermano Jerónimo:

«habiéndole respondido que me ponía en absoluto a sus órdenes y que de mí hiciera lo que más le viniera en ganas, quedamos en que me destinaría en el verano. Debes saber que para destinos dentro de nuestra Provincia está al cuidado del P. Provincial con que tomando mano el Rmo P. General, quiere decir que América, probablemente, será mi paradero»… (Un destino así era casi como una despedida definitiva).

«Puedes  comunicárselo a los padres, los cuales confío, lo llevarán en santa resignación y alegría, por su mucha virtud y cristiandad. Este es sacrificio que de mí hicieron cuando me dieron su permiso para entrar en esta amada Congregación. Nos veremos todos en el cielo».

Sin embargo, a mediados del mes de enero de ese año de 1907 fue destinado a Bilbao como profesor de externos, a donde llegó el día 21. Sorprendió bastante. En agosto de 1908 ya estaba en Segovia, su nuevo destino, como escribe a su cuñado: «donde he tenido por ahora el oficio de desasnar a dos muchachos calabaceados en Junio y que se han de examinar en septiembre»[1]. En enero de 1909 ya fue enviado al postulantado de Valmaseda (Vizcaya) con el cargo de profesor.  Este trabajo con los seminaristas le probaba bien, mucho mejor que con los externos de Bilbao.

En 1912 fue enviado al postulantado de Santo Domingo de la Calzada. Aquí se encontraba a gusto y demostrando sus cualidades de pedagogo: «… asidua asistencia de cuatro horas diarias de clase, más el trabajo –no despreciable- de corregir composiciones y por ello vivo feliz en este género de vida, que apenas tiene ninguna dificultad que Dios me ha concedido algún don para enseñar. Además hay que contar con la docilidad de estos postulantes, y con su ordenado régimen…»[2]. En 1918 fue trasladado al colegio mayor de dicha ciudad para encargarse de la preceptoría de latín y a los tres años fue destinado al colegio de Medina de Rioseco (Valladolid), como director del mismo. En 1924 recibió su último destinto, la recién fundada casa de Castro Urdiales, para iniciar sus clases en las escuelas municipales y continuar en el colegio Barquín, que estaba en construcción.

Cualidades y virtudes

Los juicios emitidos por sus formadores lo presentaron como una persona muy normal. Su maestro de novicios le consideraba de buen fondo pero sin infundir mucha confianza. El prefecto de filósofos fue  algo más explícito: aplicado y muy dócil, timorato y sencillo pero algo raro y retraído.  Poco devoto. En teología, el Prefecto escribió: las mismas ruines cualidades pero acrecentadas un poco. De todas maneras parece que siempre fue un religioso observante.

Sus cualidades intelectuales eran normales. Fue un gran pedagogo, trabajador y cumplidor de su deber con competencia y sacrificio. Tenía predilección por la enseñanza de los niños pobres, que se acercaban en cantidad a él, por lo cual le llamaban cariñosamente El Abuelazo. Sus discípulos le recuerdan como el mejor profesor, que supo aprovechar con clases extraordinarias aun las medianías. No hacía acepción de personas y educaba para la ciencia y la virtud. Enseñaba con notable paciencia e inculcaba iniciativas.

Todos recuerdan que era un religioso ejemplar, muy observante de las Reglas, que cumplía con escrupulosidad, y de absoluta sumisión a los Superiores. Llevaba una vida de santo. Era muy piadoso, sencillo y humilde.

Dispersión de la comunidad, refugio y martirio

El día 22 de julio de 1936 se refugió en el asilo de las Siervas de  Jesús, en la casa que ocupaba el hortelano, donde ya estaba el P. Carrascal. Al mes siguiente se les unió el H. Barrio. Después de unos días se instalaron en un edificio separado del asilo, llamado “La Providencia”, empleado para albergar niñas cuando eran muy numerosas. Aquí seguían haciendo vida religiosa con las prácticas propias del convento, con sus horario, silencio, ayunos y vida austera. Incluso practicaron los Ejercicios Espirituales previstos, con aislamiento total, sin recibir noticias, como si estuvieran en otro mundo. Y no estaban ociosos. El P. Gelada con escoba y trapo se dedicaba a hacer limpieza. Allí se sentía feliz y deseaba padecer. Este tiempo fue empleado para una preparación inmediata al martirio.

El día 13 de octubre celebró la última misa. Hacia las 11 de la mañana vinieron a prender a los Padres y Hermano muchos milicianos, capitaneados por los cabecillas Segundo Doval, Antonio Fernández, Manuel Rodríguez, (a) el novelista, Aurelio Ortiz, (a)  el hijo de la madre, y José (a) el chicharrillo, para lo cual acordonaron toda la finca del asilo. Dos de ellos subieron al recibidor, enseñando sus carnets de policías, y preguntaron por los tres Religiosos por sus propios nombres. Al ver esto los Misioneros se deslizaron por una senda hasta la casa del hortelano. Hasta allí fueron los milicianos pistola en mano por el miedo que tenían. El P. Gelada pidió que le dejaran subir a coger ropa. Ellos se resistían, pero él les dijo:

Palabra de honor que vuelvo en seguida. Y le dejaron subir.

Entonces las religiosas fueron al recibidor y las dio la absolución. El P. Gelada fue a donde estaban los otros dos y los milicianos hicieron un registro minucioso del asilo. Cuando prendieron a los tres Misioneros hicieron tres disparos y el Noval desde el coro de la iglesia del asilo dijo:

Ya hemos cazado a los tres pájaros.

Se los llevaron con los brazos en alto acompañados de un tropel de gente. Les condujeron a la cárcel, instalada en el convento de las Monjas Clarisas, a las que habían expulsado, y los metieron en el coro de la iglesia.

El día 14 de octubre de 1936, a eso de la una de la madrugada, D. Antonio Martínez Arizmendi, mecánico, fue obligado a conducir el coche en el que estaban los tres religiosos y otros tantos milicianos. Estos, durante el trayecto que duró una hora, no dejaron de insultar e incluso llegaron a golpear a los prisioneros, que lo soportaban todo con humildad y en silencio. También repetidas veces intentaron hacerles cambiar de vida, apostatar de su condición por lo cual podrían volver a sus casas. Uno[3] de ellos respondió en  nombre de todos:

Eso jamás. Antes morir que hacer lo que se nos pide.

Después de tan pesado viaje llegaron a la ermita de Jesús del Monte. Los milicianos hicieron descender a los tres religiosos y al chófer le mandaron que diera la vuelta al coche en dirección a Santander. Avanzó unos cuatrocientos metros  y escuchó una serie de disparos. Cuando al volver tomó a los milicianos estos le amenazaron de muerte si revelaba algo de lo sucedido. Lo que ocurrió fue que los prisioneros fueron entregados a otro grupo de milicianos que los fusilaron cerca de Torrelavega, pues sus cadáveres fueron encontrados en el km. 4 de la carretera de Sierrapando a La Cavada, dentro del término municipal de Torrelavega.

El P. Gelada no llevaba documentación por lo cual le hicieron una fotografía que fue unida al acta de defunción. Su cadáver fue identificado porque llevaba la ropa marcada con el n. 5. En un bolsillo le encontraron un rosario corriente de madera, un lápiz pequeño corriente, pañuelos de bolsillo también marcados con el n. 5 y pendiente del cuello tenía un crucifijo colgado con una cadena de metal blanco. Fue enterrado en el cementerio de Torrelavega.

[1] Segovia, 20 de agosto de 1908, carta a D. José Planagunía.

[2] Santo Domingo de la Calzada, 28 de septiembre de 1915, carta a su hermano Jerónimo.

[3] El que llevaba la voz cantante era el P. Carrascal.