Comunidad de Castro Urdiales

La situación política

Castro Urdiales es una ciudad marinera, fundada por los romanos, y está situada al nordeste de la provincia de Santander colindante con la provincia de Vizcaya.

En los años anteriores a la proclamación de la República de 1931, la vida social de la ciudad era, o parecía, tranquila. Sin embargo, ciertos sectores, como el marinero, iban perdiendo ciertas costumbres y valores cristianos. Por otra parte, la juventud castreña tampoco tenía muchas perspectivas de futuro, sin embargo, la apertura del colegio Barquín en 1925, había logrado abrir horizontes. Además había dos facciones, un duplicado en las  instituciones: dos orfeones, dos semanarios (Flavióbriga y La Ilustración de Castro), dos Cabildos de mareantes, … A pesar de los dos frentes, entonces poco se hablaba de izquierdas, ni de república, y mucho menos de comunismos y anarquismos.

La Voz de Castro comenzó a publicarse poco después de implantarse la República y se distinguió por su anticlericalismo, sin ningún atisbo cultural. Sus autores se servían del anónimo.

Pero todo cambió el 14 de abril de 1931, día en que se proclamó la República. «En la tarde de aquel mismo día infausto  irrumpían clamorosamente en la ciudad los mineros de Ontón, de Setares y de Mioño. Y vimos entonces cuántos, a nuestro mismo lado, sólo aguardaban aquella oportunidad para manifestar al exterior sin embozos sus verdaderos sentimientos y sus resentimientos. Y  también pudimos ver lo poco que se podría esperar, para las luchas que se podían prever, del liberalismo trasnochado y bonachón de quienes así pretendían encubrir su falta de carácter y de hondas convicciones políticas, sociales y religiosas.

De fuente bien autorizada supimos entonces que, hasta el 14 de abril, en que fue proclamada la República, no había entre elemento obrero y marinero de Castro Urdiales ni un solo afiliado al partido comunista, ni a ningún otro de los partidos revolucionarios. A las pocas semanas las listas de afiliados se llenaban unas tras otras, y los Cotizantes de la Confederación Nacional del Trabajo (C.N.T.) y del Comunismo ruso engrosaban sin cesar las filas de la anarquía devastadora…

Para colmo de males un tercer  semanario, La Voz de Castro, salió a la calle para acabar de envenenar las almas y el ambiente social con sus campañas antirreligiosas,  inspiradas en el más soez y zafio de los anticlericalismos»[1].

En 1933 la situación era explosiva. Así lo describía el P. Carrascal en una carta enviada a unos primos suyos en marzo de ese mismo año:

«Los malos tiempos que corren tal vez podrían acelerarlo. Aquí vivimos ahora en paz, pero hemos pasado días tumultuosos. A la salida de un baile hubo el día de san José una colisión de la que resultó uno muerto y dos gravemente heridos poco después era abandonado otro como muerto después de disparar contra él; se pretendió quemar aquella noche la casa de una familia fascista y un centro de derechas. Los que fueron a apagarlo fueron metidos en la cárcel y como el muerto era de los comunistas al día siguiente hicieron  una gran manifestación todos los mineros de los alrededores, no dejaron entrar víveres ni abrir carnicerías ni panaderías, pusieron una bomba en una imprenta, incendiaron los muebles del centro que no pudieron quemar el día anterior y estaban a punto de poner una bomba donde estaba encerrados y custodiados unos 22 hombres fascistas y de derechas entre ellos un sacerdote cuando aparecieron dos carros uno de Guardias Civiles y otro de Guardias de Asalto que en varias descargas al aire disolvieron a los manifestantes. Con todo aun ese día hubo otro muerto de un tiro fue una de las mujeres manifestantes. De no haber aparecido a tiempo la Guardia Civil y la de Asalto nadie puede decir lo que hubiera sido para Castro el día 20 de marzo de 1933 pues las turbas se hallaban alocadas por unos cuantos que las dirigían y hubieran sido capaces de cometer las mayores barbaridades aunque ellos mismos hubieran sido los primeros en lamentarlo más tarde».

En el curso de 1933 los PP. Profesores del colegio, con cédula de secularización legal, impartían las clases vestidos de seglar[2].

Pronto desapareció la convivencia social pacífica. Cuando llegaron las elecciones de febrero de 1936 el ambiente fue calentado por los medios de propaganda. Las izquierdas ganaron en el sector marinero y minero y las derechas en el resto. Una profunda división. Fue el inicio de las agresiones físicas, con disparos «inteligentes».

El H. Barrio, fusilado en Torrelavega, describía la situación en carta del 2 de marzo de 1936 a su hermano Nicolás, en estos términos:

«Con los tiempos que corremos me dirás, poco se puede prometer; pero yo espero que a grandes males, Dios y la Virgen tendrán grandes remedios; verdaderamente hay para temer y temblar; pero servimos a un gran Señor que no pierde ninguna batalla.

Por aquí anda esto un poco revuelto y podríamos decir que alguno que vuelve a las antiguas locuras que no parece sino que manda el mismo infierno; entre estos no faltan los temerosos de Dios y se esfuerzan en labrar y procurar todo el bien  posible ofreciéndose para cualquier necesidad, que Dios y la Virgen Santísima quieran que no haga falta.

No quisiera que pasaseis pena por mí, por cuanto con tan buenas promesas como tenemos espero de la infinita misericordia de Jesús y su Madre no me abandonarán en la necesidad».

 

La persecución religiosa

La provincia de Santander, comenzando por la capital, cuando se inició la guerra, quedó bajo el control del ejército popular, al igual que Asturias. Ello quiere decir que fue sometida al régimen marxista y a la persecución religiosa del terror rojo. Como en las otras partes, Cataluña, Valencia, Madrid, fue prohibido el culto católico, sus manifestaciones públicas, y las iglesias fueron cerradas, saqueadas o incendiadas.

Personas y cosas eclesiásticas fueron objeto de especialísima persecución por los rojos santanderinos. Se persiguió a los sacerdotes más en los pueblos que en las ciudades. Todos los sacerdotes tuvieron que vivir escondidos.

Según una temprana relación presentada por el Obispado en enero de 1938, en la diócesis de Santander fueron martirizados 76 sacerdotes seculares, 57 pertenecientes a la misma diócesis y otros 19 procedentes de otras diócesis. Los religiosos martirizados fueron casi tan numerosos, distribuidos de la siguiente manera: 6 Agustinos, 3 Capuchinos, 3 Carmelitas, 14 Dominicos, 5 Escolapios, 4 Franciscanos, 8 Jesuitas, 9 Misioneros del Corazón de María (Claretianos), 2 Salesianos, 4 Maristas, 18 Trapenses y una religiosa Oblata. También desaparecieron 5 Seminaristas del Seminario diocesano conciliar y otros  9 del Seminario de Comillas. .

Cincuenta y ocho iglesias sufrieron demolición  o destrucción total. En la mayoría de las restantes iglesias fueron destruidos los altares y quemados los ornamentos, las imágenes, etc.[3]. Innumerables obras de arte fueron reducidas a pavesas en nombre de la cultura.

Castro Urdiales siguió la misma suerte. La misma noche del 18 de julio de 1936 se cometió el primer asesinato. Luego seguirían otros muchos. En el arciprestazgo de Castro Urdiales fueron asesinados tres sacerdotes seculares y siete religiosos misioneros del Corazón de María.

El día 22 de julio de 1936 se presentaron 300 mineros para armarse y defender la República. Iban  cantando la Internacional.

El día 26 de agosto el Ayuntamiento tomó el acuerdo de demoler las iglesias de San Francisco y la espaciosa del Sagrado Corazón, cuyo derribo comenzó a los cuatro días destruyendo todo lo que había dentro. Desaparecieron verdaderas joyas de arte.

 

La comunidad

Los Misioneros Claretianos se instalaron en Castro Urdiales el año 1924. Al año siguiente fue abierto el colegio Barquín de segunda enseñanza, fundación del Sr. Barquín, para jóvenes de toda clase social. Muy pronto se pudo apreciar su influjo en la juventud. Los Padres Misioneros también regentaron las Escuelas Municipales, hasta que las suprimió el Ayuntamiento de la República. Estas escuelas gratuitas tuvieron como director al eminente pedagogo P. Joaquín Gelada. Estos centros produjeron una lenta pero profunda transformación de la juventud castreña.

Los Padres Misioneros también ejercieron una gran actividad apostólica en la capilla del colegio, abierta al público, y dirección espiritual.

En 1936 la comunidad estaba formada por los siguientes individuos[4]:

  1. P. Agustín Lazcano, Superior
  2. P. Juan Segovia, Consultor 1º

R, P. Isaac Carrascal, Consultor 2º

  1. P. Abundio de Juan, Ministro
  2. P. Luciano Marrodán
  3. P. Emilio Bilbao
  4. P. Joaquín Gelada
  5. P. Romualdo Echezárraga
  6. P. José Gutiérrez
  7. P. Doroteo Centeno
  8. P. Jerónimo Carazo
  9. P. Ángel Custodio Suena
  10. P. José María Gómez
  11. P. Benito Castilla
  12. P. Matías Arroyo
  13. P. Hilario Apodaca
  14. P. Antimio del Cura
  15. P. José Mª Ellacuría
  16. P. Jesús Jaurrieta
  17. P. José Martínez

Est. Juan Manuel Arteaga

  1. Félix Barrio
  2. José Garriga
  3. Rufino Pérez
  4. Víctor Martín

El día 18 de julio, con el primer asesinato en Castro Urdiales, fue de malos augurios. Los Padres comprendieron el peligro y el día 19 preguntaron al Alcalde, Secundino Rodríguez, de oficio hojalatero, si ofrecía garantías. Contestó que absolutamente ninguna y salieron a  dormir fuera de casa aquella noche. A la mañana siguiente, día 20, el Sr. Alcalde les  intimó que abandonaran el colegio, pues lo necesitaban las milicias. «Después de un brevísimo capítulo local tenido en la biblioteca se concede a todos que cada cual busque el lugar que le pareciere más seguro, no excluida la propia casa. Ese mismo día dos fueron a Bilbao, el resto fuera de seis, se fueron a diversas casas»[5].

Los que fueron a Bilbao se refugiaron en modestas pensiones y los siete que se refugiaron en casas particulares de Castro Urdiales fueron descubiertos y detenidos y desde entonces desaparecidos creyendo que fueron asesinados. En la casa se quedaron seis para no perder el control del colegio y los demás, que no querían convivir con esa gente, se marcharon. Quedaron en casa los PP. Agustín Lazcano, superior y rector; Abundio de Juan, ministro; Romualdo Echezárraga; Fernando Rodríguez Permuy, de paso; los HH. Félix Barrio y Domingo Vidaurreta.  Estos tuvieron que sufrir las exigencias, las blasfemias y las brutalidades de esa gente.  Así en los primeros días, milicianos y mujeres, incendiaron en el patio de deportes los cuadros religiosos y crucifijos de los recibidores y las clases, y, simulando antes su fusilamiento, derribaron la estatua del Beato Antonio María Claret situada en el patio. Además las noticias adversas de los frentes les excitaban el odio antirreligioso. Esta situación se hacía insostenible y duró unos cuantos días. «Dentro del colegio se mascaba la persecución. Hasta que se nos dio la orden de desalojo»[6].

El 19 de agosto se presentó otra vez el Alcalde junto con el Secretario para intimarles que abandonaran el colegio. Los Padres advirtieron que se reservaban tres dependencias, excluidas a los milicianos, a saber: la capilla, el museo y la biblioteca. De ello levantaron acta. El día 22 de ese mes los Padres abandonaron el colegio y se  instaló allí el cuartel general del Frente Popular y policía Roja. El colegio fue saqueado totalmente, desapareciendo el museo, la biblioteca y otras cosas necesarias para su funcionamiento. Cuando volvieron los Padres un año después sólo encontraron las paredes y entonces estaba ocupado con 4000 prisioneros de guerra.

Los que se refugiaron en casas particulares fueron detenidos en fechas diferentes. El día 2 de octubre de 1936 y asesinados al día siguiente: P. Jerónimo Carazo Palazuelos[7]; P. José Martínez de la Calle[8]; Estudiante. Juan Manuel Arteaga[9].

Los PP. Joaquín Gelada, Isaac Carrascal y el H. Félix Barrio se refugiaron en el asilo del Sagrado Corazón de las Siervas de Jesús de Castro, en la casa del hortelano. Estos recibían algunas visitas de los primeros que se movían libremente por las calles sin percatarse del peligro, hasta que fueron detenidos. Sobre la detención escribió el mismo día 3 de octubre el P. Carrascal

«Hoy sábado, hacia media mañana nos visita Mar(iano) para comunicarnos esta gravísima noticia: Caraz(o), Mart(ínez), Arteag(a). A los tres atados unos  a otros se les mete en un coche para llevarlos a Santander. Apenas dejaron los car. vestir vestidos . Añade que los que están en Castro cambiarán el domicilio esta noche. Si vosotros podéis. No confiamos en nuestra seguridad pretendemos escondernos en el establo; pero el S. hizo se nos preparara un lugar decentísimo. Nos hallamos en la “Providencia”. Llorábamos por muertos a nuestros hermanos cuando por la tarde nos dicen que se los llevaron a Santander para declarar. Estos PP. circulaban libres por la ciudad ocultándose los demás».

Les aconsejaron que era conveniente cambiar de escondite. Según el testimonio de  una religiosa del asilo, ellos replicaron:

Sucederá lo que Dios quiera.

Entonces el P. Carrascal propuso rezar tres responsos por los Hermanos aprisionados, pensando que ya estarían asesinados, y además tres Avemarías al Corazón de María para que les iluminase. En esos momentos, todos arrodillados, el P. Carrascal sacó una oración manuscrita que recitó en voz alta, a la que todos asentían con gran fervor, y al llegar a las palabras Os ofrecemos nuestra vida, cerró el libro, y continuó de memoria

Por los infieles, por nuestra amada Congregación, por estas Religiosas, por nuestros enemigos y por España.

Como anota el P. Carrascal, ellos  no tuvieron noticia de su ejecución pues les informaron de que les llevaron atados a Santander y les encerraron en un barco prisión. Así lo vuelve a confirmar el mismo Padre  en apuntes del 6 y del 8 de octubre. En el último apunte del día 9 da noticia de una medida de seguridad, que al parecer no usaron por falta de tiempo: «Para camuflarnos mejor cuando sea inminente el peligro, nos han proporcionado tres prendas de vestir de esas que vulgarmente llaman buzos (“monos”). Al mismo tiempo que nos las  ofrecían, cierta mujer escribía en un papel: Vamos muy bien, valor y paciencia»[10].

El día 11 del mismo mes fue detenido y ejecutado el H. José Garriga Pujol[11].

Los PP. Gelada y Carrascal y el H. Barrio continuaron en el asilo y allí fueron detenidos el 13 de octubre de 1936 por la mañana por un tropel de milicianos, tal como se expondrá más adelante.

[1] Torres, I., Mártires Claretianos en Santander, Madrid 1954, pp. 56-57. De La Voz de Cstro fue eliminado cuidadosamente todo rastro.

[2] Gelada, J., Castro Urdiales,  carta del 2 de octubre de 1933 al P. Manuel de Arrandiaga, Secretario General.

[3] A título de inventario: 765 retablos destruidos; 3.217 imágenes destruidas; 1.057 campanas destruidas; cálices, 748; casullas,  2.855; etc.

[4] Crónica de la Provincia Religiosa de Castilla 1 (1936) p. 13.

[5] Así escribió el P. Carrascal, consultor IIº, en su diario.

[6] Lazcano, A., Declaración, Castro Urdiales, 16 de enero de 1945.

[7] Nacido en 1901 en  Quintanarraya (Burgos). Se refugió en la casa de D. Fidel Gutiérrez.

[8] Nacido en 1911 en Villadiego (Burgos), Se refugió en la casa de D. Ignacio Azcoitia.

[9] Nacido en Ledesma (Salamanca). Se había refugiado en el domicilio de D. Salvador Romaña.

[10] Torres, I., Necrología del R. P. Isaac Carrascal Mozo, en Crónica de la Provincia Claretiana de Castilla 10 (1945) p. 185.

[11] Nacido en 1882  en Perelada (Gerona. Refugiado en la fonda del Sr. Aja.