Anthony O. Igbokwe

El martirio como una forma de identificación radical con Cristo refleja la cruz de Cristo y por lo mismo evoca el triunfo de la vida sobre la muerte. Por su carácter de identificación con Cristo, la vida martirial de estos hermanos nuestros no me remite a sus verdugos, sino a Aquel en cuyo nombre dieron la vida. Para mí, por tanto, lo que define su martirio no es el odio a la fe por parte de sus verdugos, sino su amor por Cristo reflejado en su defensa firme del evangelio con la propia vida. En este sentido, yo no defino el valor del martirio de estos hermanos claretianos negativamente desde la persecución; es decir, desde la motivación de sus verdugos, sino positivamente, desde la motivación de nuestros hermanos.

De ahí que su martirio me interpele porque, visto desde la clave de su propia motivación, su martirio se convierte para la Congregación en todo el mundo en una invitación a vivir y encarnar aquí y ahora los valores del reino de Dios anunciado por Jesús y a denunciar con nuestro estilo de vida los antivalores presentes en las sociedades donde vivimos.

Desde esta clave de lectura, todo claretiano, esté donde esté, puede identificarse con la vida martirial de nuestros hermanos, y así, su martirio deja de verse, sin más, como una de las tragedias de un hecho coyuntural en la historia de un pueblo determinado, para convertirse para todos los claretianos en una invitación a ser fieles a nuestra vocación claretiana.

Asimismo, la beatificación de un grupo tan numeroso de misioneros claretianos es una ocasión singular para dar gracias a Dios por habernos rodeado de numerosos testigos heroicos del evangelio, y para renovar personal y congregacionalmente nuestro compromiso misionero.